RAWSON (ADNSUR) - Desde 2011 el peronismo chubutense viene sufriendo una profunda crisis producto de la falta de liderazgo y la atomización de los dirigentes, que lo llevó a perder en las urnas cuatro veces seguidas. En estos días, en los que parece tener por una vez el escenario a favor con una boleta nacional que en los papeles sería favorita en Chubut, los acuerdos previos de la mesa chica y la falta de comunicación con la conducción nacional crearon un desenlace espantoso, con incidentes lamentables que -para colmo de males- nunca la dirigencia partidaria salió a condenar públicamente.

Es cierto que el escenario en Chubut muestra que los enfrentamientos puertas adentro no son exclusivos del PJ. Ya se habló días atrás en esta columna de la falta de liderazgos en todos los partidos y de hecho, el arcionismo se apronta para una interna muy fuerte entre Máximo Pérez Catán y Alfredo Béliz –lo que en las sombras es un desafío de Sastre y Maderna al mismo Arcioni- y la alianza entre el PRO y la UCR cruje también en la áspera interna que enfrenta a Ignacio Torres y Eduardo Conde.

Pero lo del PJ provincial ya viene desde hace 8 años, y la dirigencia del partido parece no aprender de los errores. La última alegría en las urnas fue aquella boleta que arrasó en todo el país en octubre de 2011, con Cristina Kirchner reelecta para un segundo mandato, lo que fue un triunfo local que llegó de la mano de una ola nacional. Pero luego sobrevino la primera de las derrotas, que fue muy dura: en las legislativas de 2013, el entonces ministro del gabinete nacional, Norberto Yauhar, perdió por amplio margen contra Mario Das Neves y Nelly Lagoria, que se presentaron nada menos que con el sello del Pach y le arrebataron al PJ dos bancas en el Congreso.

A esta primera derrota a manos de un partido provincial, siguió inmediatamente una segunda en 2015, pero con un agregado: el candidato a gobernador, Martín Buzzi, iba en la boleta que llevaba para presidente a Daniel Scioli –triunfadora en Chubut por amplio margen- y perdió contra una boleta corta encabezada por Mario Das Neves por un partido que hacía su debut en elecciones, como el Chusoto, que no tenía candidato presidencial. Y los fracasos continuaron.

SIGUEN LOS ERRORES

Se sabe que el peronismo es un partido verticalista, que funciona mejor cuando hay un líder que ordena. En Chubut, luego del portazo que dio Mario Das Neves en 2011 (quien jamás había perdido una elección), la proliferación de caciques sin un Gran Jefe derivó en una serie de errores estratégicos sin fin. Por ejemplo, se desaprovechó la oportunidad de hacer valer esa mayoría de 16 diputados en la Legislatura obtenida en 2015. Los legisladores peronistas comenzaron a emigrar a otros interbloques porque seguían más a sus referentes particulares que a una conducción partidaria que no aglutinaba a nadie.

En los últimos meses de 2016 se dio un punto de inflexión que generó un quiebre que dura hasta la actualidad: el PJ debía convocar a elecciones internas para renovar sus autoridades, ya que luego de un período de transición en el que Rafael Williams quiso ordenar las cuentas, había llegado la oportunidad de una contienda para que los afiliados definieran en las urnas quién mandaba. Por un lado, los dirigentes que ya venían trabajando, como Linares (el de mayor capital político por conducir Comodoro Rivadavia), Yauhar, Eliceche y Meza Evans, entre otros. En la vereda de enfrente, la nueva línea que buscaba la renovación: Héctor González, Jorge Aidar Bestene, Adrián Maderna y “Cone” Díaz.

Pero la interna nunca se dio, primero porque la junta electoral hizo lo imposible por evitar la presentación de la lista opositora, la Celeste y Blanca; y luego porque todo terminó en una batalla legal, en la que el oficialismo logró el aval de la justicia federal. Error gravísimo, casi fatal, porque la conducción no fue elegida por los peronistas, sino por los tribunales. Esto generó un éxodo de dirigentes a otros partidos, y los que se quedaron, pretendieron digitar a dedo lo que hacía la Mesa Ejecutiva.

En vez de asumir las riendas del PJ quien tenía el consenso de su lado, que era entonces el intendente comodorense Carlos Linares, terminó poniendo a dedo al nuevo presidente, que fue Ricardo Muttio. Falto de legitmidad, sin apoyo de las bases, desconocido para la mayoría del pueblo peronista. En vez de conducir, el nuevo presidente terminó peleando con buena parte de la dirigencia que lo cuestionaba. Y sobrevino un resultado que era a todas luces lógico.

NUEVAS DERROTAS

El pase de facturas por la interna suspendida en 2016, fue el papelón electoral del PJ en las elecciones legislativas de 2017, tercera derrota al hilo del peronismo en las urnas. Con una atomización evidente y una total falta de liderazgo, el peronismo afrontó unas primarias sangrientas con 6 listas, en las que obtuvo un triunfo pírrico el oficialista Ricardo Fueyo, que luego no tuvo apoyo en las generales y logró un cómodo tercer puesto, muy lejos del Chusoto y de Cambiemos, y permitiendo entonces al radicalismo  chubutense recuperar una banca nacional después de una década, de la mano de Gustavo Menna.

Claro, fue la última elección con vida de Mario Das Neves, podrían argumentar algunos. Luego sobrevinieron las causas de corrupción, en las que los diputados peronistas eran querellantes. Con buena parte de los ex funcionarios del Chusoto presos, parecía la oportunidad ideal para barajar y dar de nuevo. Pero la dirigencia del PJ se volvió a equivocar.

Desde la Legislatura, y con el apoyo en las sombras de sus referentes, decidió declarar la guerra al nuevo gobernador, Mariano Arcioni. El escribano tenía todo en contra, con una provincia fundida y los empleados públicos en la calle. Pero logró enderezar el barco y se animó a una jugada que descolocó a los dirigentes del PJ que siempre habían “ninguneado” su habilidad política: decidió adelantar elecciones, para separar a Chubut de la campaña nacional.

Lentos de respuesta, la primera opción fue una guerra de leyes contra decretos en la Legislatura, y un veto tras otro que fue un desgaste de esfuerzo y de tiempo. Para cuando debieron asumir que se votaba de manera anticipada, arrancaron una campaña tardía, en la que no hicieron caso al mensaje de la líder a nivel nacional, Cristina Kirchner, de hacer el esfuerzo de ir todos juntos con Arcioni.

Y así se llegó a una cuarta derrota consecutiva, quizás la más decorosa de todas. Unos 100 mil chubutenses eligieron a Linares, y casi no hubo fuga de votos luego de la interna, por lo que se recuperó el segundo lugar que se había perdido a manos de Cambiemos. Pero nuevamente una alianza de partidos provinciales obtuvo el triunfo por amplio margen, superior a 21 mil votos, bajando esta vez a la mitad el número de peronistas en la Legislatura. El bloque del PJ ahora tendrá desde el 10 de diciembre 8 diputados en vez de 16. A todas luces un retroceso que también se observa cuando se hace el repaso del color de los municipios y las comunas rurales. Más si se observa que fueron muchas las provincias donde el PJ fue unido y ganó por amplio margen en el resto del país.

LA FRUTILLA DEL POSTRE

Si había una oportunidad para que el PJ chubutense pueda redimirse rápidamente, era la elección nacional, que lleva una fórmula presidencial con Cristina Fernández, ya que el kirchnerismo siempre fue respaldado en las urnas desde 2007 en nuestra provincia. Pero el error estratégico, una vez más, fue tratar de cerrar acuerdos locales sin el aval desde arriba, y contra la opinión de la líder del proyecto. Y así el peronismo local volvió a equivocarse y protagonizó un cierre escandaloso.

Alberto Fernández y su compañera de fórmula, Cristina Kirchner, sumaron a Sergio Massa a su espacio, y tienen una mirada muy favorable a la figura de Mariano Arcioni. Por más que esto caiga como una patada al hígado a los dirigentes chubutenses del PJ, es así y no hay vuelta que darle. Sobran los ejemplos y las fotos, y quizás el más claro sea el guiño del apoderado del Frente de Todos, Jorge Landau, que autorizó que la boleta de Chubut al Frente pueda ir adherida, a pesar de que esto después no sea autorizado por la justicia electoral.

El primer llamado de Oscar Parrilli a Linares cuatro días antes del cierre, había sido una lista con el camporista Santiago Igón, una mujer del sector de Arcioni, y tercero un candidato del PJ. A pesar de los compromisos asumidos por Linares y Mac Karthy con Camioneros, y la devolución de gentilezas por el trabajo en la campaña provincial, debieron haber previsto quienes tienen la cabeza metida en política todo el día, que el nombre de Jorge Taboada no iba a pasar el filtro del Instituto Patria. Pero las cosas se forzaron hasta último momento, llegando a un final traumático, con destrozos en la misma sede del partido para evitar que un apoderado lleve los avales aportados por el partido Cultura, Educación y Trabajo.

Sucesivos llamados de Alberto Fernández y hasta un llamado de la misma Cristina a Nancy González sobre las 22,30, mostraron quiénes mandaban, incluso amenazando con obligar a una lista encabezada por Taboada a ir con boleta corta. Los dirigentes del PJ local quedaron “pintados”, sin saber qué decir, y con la sede del partido destruida. Y en vez de salir a cuestionar públicamente los desmanes que la sociedad veía espantada, con afiliados hospitalizados y uno de ellos con convulsiones y traumatismo de cráneo, el presidente del partido salió a culpar a otros dirigentes que no son de su sector, y el intendente de Comodoro salió a pedir disculpas al líder de los Camioneros. El mundo del revés.

Así las cosas, previo al inicio de la campaña, vuelven a oírse las voces que cuestionan a una conducción sin legitimidad. Ya circulan versiones de posibles complots `para desbancar a Muttio de la presidencia del partido con un golpe de estado dentro de la Mesa de conducción. Y como era lógico, en un ambiente de tiburones donde el más grande se come al más débil, ya suenan voces como las del vicegobernador electo, Ricardo Sastre, de quienes tienen hambre de liderazgo y quieren pelear la presidencia. A juzgar por los resultados obtenidos hasta aquí, la renovación en el PJ es tan necesaria como inevitable.