En España se impulsa un experimento para reducir la jornada laboral, que hoy es de 40 horas semanales, a 32 horas, lo que implicaría incluso la posibilidad de trabajar 4 días a la semana y extender el fin de semana, manteniendo las 8 horas por día.

Si bien la discusión parece centrada en países europeos, porque también Francia ha avanzado años atrás en la jornada de 6 horas diarias y Suecia tuvo una iniciativa similar en 2015, en Argentina el punto de partida es diferente, porque al igual que en la mayor parte de los países latinoamericanos todavía se mantiene la jornada de 48 horas semanales, como marca el convenio 1 de la Organización Internacional del Trabajo.

Los diputados Hugo Yaski, proveniente del sindicalismo estatal y Claudia Ormaechea, del gremio bancario,  impulsan sendas iniciativas. En este último caso, la propuesta fija un tope en 6 horas diarias y 36 semanales, además de la opción de trabajar más horas, pero concentrado de lunes a jueves.

La pandemia también ha modificado fuertemente las modalidades de trabajo y hay reacomodos en todo el mundo, a partir del teletrabajo y la posibilidad de cumplir tareas desde la casa o desde cualquier otro ámbito, sin necesariamente asistir de en forma física al lugar de trabajo, al menos no todos los días.

Un caso emblemático, pero no exclusivo, se vio el año pasado cuando la principal empresa petrolera del país, YPF, puso en venta el edificio de su sede central en Puerto Madero, a partir de que la modalidad del trabajo a distancia hizo observar el menor requerimiento de espacio físico para la mayor parte de las tareas. Paralelamente, la búsqueda de financiamiento apuntalaba esa iniciativa.

¿Es posible trabajar menos horas en la Argentina?

Para el abogado laboralista Jorge Echelini, de amplia trayectoria en esta materia en Comodoro Rivadavia y zona de influencia, la discusión de reducir la jornada de trabajo en Argentina no es adecuada para este momento.

“Francia ha sido el país pionero en avanzar en la reducción de jornada, pero los resultados no muestran que esto haya servido para crear más empleo y hoy debaten volver a las 48 horas semanales”, explicó en principio Echelini, al focalizarse sobre uno de los objetivos con el que se impulsa la modificación.

“Hay otras cosas urgentes en materia laboral, como la generación de empleo y este tipo de proyectos no me parece el ideal para conseguirlo –planteó-. Es un debate fuera de momento, que quizás se pudo dar hace 6 años, cuando el mercado laboral estaba en crecimiento”.

El problema del empleo en negro, con índices del 40 por ciento, es un tema más acuciante a resolver, según refirió el especialista en derecho laboral, además de “un mercado laboral que se ha reducido por efecto de la pandemia, a tal punto que el Estado tuvo que acudir a la prohibición de despidos. Venir a discutir la jornada laboral hoy me parece peligroso, pero sería inteligente dejarlo a cargo de la negociación paritaria de cada actividad”.

Experiencias en el petróleo

Echelini refirió que hubo algunos acuerdos en la actividad petrolera regional, donde se establecieron jornadas de 40 horas semanales, “o incluso trabajando de lunes a jueves, o retirándose antes los viernes, sin sábados y se pudo mantener la productividad. Esto me parece más inteligente, resolverlo en cada sector, en lugar de imponerlo por ley para todas las actividades”.

El especialista insistió, sin embargo, en que estas medidas no generan empleo por sí solas:
“Los puestos de trabajo los genera el bienestar económico, todos estos inventos no han funcionado, como no funcionó la flexibilización laboral durante la época del 1 a 1 (ley de convertibilidad), que en teoría si asegurábamos al empleador el pago de menores cargas sociales iba a generar más empleo… pero los números fueron todo lo contrario”.

Para ser más enfático, añadió: “Usted genera empleo si vende más, si hay más mercado y crecimiento, pero las medidas aisladas, como la reducción de jornada, lo único que va a lograr es que usted no contrate a nadie”.

Banco de horas y prohibición de despidos

En contrapartida, Echelini propuso el llamado “banco de horas, en el que “se puede flexibilizar la jornada y cuando hay cúmulo de trabajo, la jornada se extiende a 9 ó 10 horas, por ejemplo durante 3 meses, pero luego, la jornada se reduce a 6 ó 4 horas diarias, cuando baja la actividad, pero se compensa para no excederse de un cupo de horas anuales. Esa me parece una medida más inteligente para este momento. No me opongo a la jornada de 40 horas, pero no es una discusión para este momento”.

Como contrapartida, hizo referencia que aun con la prohibición de despidos, el mercado laboral no pudo evitar la pérdida de puestos de trabajo. “Hubo muchas desvinculaciones acordadas, a partir del pago de doble indemnización, pero si no hubiera existido esa prohibición la pérdida de empleo hubiera sido aún mayor; creo que la medida ha sido buena desde el punto de vista del gobierno, pero habrá que ver las estadísticas dentro de un tiempo”.

“No es cierto que este tipo de medidas impida generar empleo, porque rige para quienes fueron contratados antes del inicio de la pandemia –aclaró-, por lo que si alguien tomó un empleado después de esa fecha, no está alcanzado por la prohibición de despidos ni la exigencia de la doble indemnización. No rige para contratos nuevos y es necesario dejarlo claro”.