Las apariciones de Cambiemos y del Chusoto en el escenario de partidos a partir de 2015 fue modificando el mapa político de la provincia del Chubut de manera paulatina, generando un nuevo tablero de fuerzas. Si se mira a las 8 bancas que hay en el Congreso por nuestra provincia, el análisis muestra dos variables que se fueron modificando con el tiempo, como son la pertenencia partidaria y la ciudad de origen.

Por un lado, se confirma la pérdida de peso del justicialismo en la representación: hace una década, tenía la máxima representatividad posible para un partido, que era 7 de los 8 legisladores. Primero fue perdiendo terreno ante una fuerza provincial como el dasnevismo, pero ahora Juntos por el Cambio podría equipararlo en cantidad de legisladores.

Por el otro lado, la variable de la representación regional marca la pérdida de peso de Comodoro Rivadavia, la ciudad con mayor padrón de la provincia, que hace 6 años atrás tenía a 4 de los 8 legisladores, y en noviembre corre el riesgo de quedarse con apenas 2. Sería superada por Trelew, que mantiene su número de 3, y alcanzada por Esquel, ciudad que no tenía representantes en el Congreso a mediados de 2015.

El voto de Chubut se mantuvo muy estable desde 2003 en adelante, cuando el tándem entre Mario Das Neves en provincia y Néstor Kirchner en Nación, otorgó 4 triunfos al justicialismo hasta 2009. Luego esta división política interna del PJ engendró el nacimiento de una fuerza provincial, dos versiones del justicialismo que siguieron eclipsando al resto de las fuerzas. En 2015, el dasnevismo llegó a colocar cuatro legisladores (Bermejo, Lagoria, Luenzo y Taboada), pero al no tener bloque propio, varios de ellos terminaron jugando en otros bloques.

El quiebre fue en 2017, cuando un radical como Gustavo Menna logró ingresar al Congreso: desde 2017 con la salida de Rafael Cambareri, que la UCR no tenía un representante en la Cámara Baja. En 2019, se le sumó desde Juntos por el Cambio, Ignacio Torres, llegando a la actual representación de dos legisladores dentro de la alianza con el PRO.

La foto actual muestra que, además de Menna y Torres, Chubut tiene a 4 legisladores justicialistas (Mario Pais, Nancy González, Santiago Igón y Estela Hernández), y a dos que llegaron por el Chusoto y están en el Frente de Todos (Alfredo Luenzo y Rosa Muñoz). Es decir que hasta aquí, el reparto es 4 del PJ, 2 del Chusoto, y 2 de Juntos por el Cambio.

Si el resultado de las PASO se mantiene sin cambios, de los 8 legisladores nacionales por Chubut quedaría a partir del 10 de diciembre el siguiente mapa: 4 legisladores de Juntos por el Cambio, que serían Nacho Torres, Ana Romero y Matías Taccetta (los 3 del PRO) junto a Edith Terenzi (de la UCR); y 4 del PJ (Carlos Linares, Eugenia Alianello, Santiago Igón y Estela Hernández).

OTRAS EPOCAS

La comparación se vuelve significativa si se ve el retroceso del peronismo comparado con una década atrás: en diciembre de 2011, había 7 legisladores que llegaron al Congreso por la boleta del PJ (Marcelo Guinle, Graciela Di Perna, Oscar Currilén, Nancy González, Mario Pais, Carlos Eliceche, Cristina Ziebart), y apenas un radical, Mario Cimadevilla.

El quiebre respecto a la anterior hegemonía del radicalismo se había dado en 2003, año en el que la representación de Chubut en el Congreso quedó con cinco legisladores justicialistas (Víctor Cisterna, Rafael De Bernardi, Roddy Ingram, Marcelo Guinle y Silvia Giusti), y tres radicales (Gustavo Di Bendetto, Norberto Massoni y Rafael Cambareri en su segundo mandato).

Es interesante destacar además ciertas coincidencias de apellidos. De aquel escenario de hace 18 años, se repite el mismo nombre de Rafael De Bernardi (su hijo es ahora candidato del PJ) y de Massoni (Federico, actual candidato del Chusoto, es hijo del ex senador y ministro de Educación del radicalismo).

Aquel 2003 marcó el inicio del predominio absoluto del justicialismo en las urnas. A través del sistema D´Hondt, fue ganando todo el espacio, ubicando los dos diputados en juego en 2005 (Aldo Marconetto y Eva García de Moreno), los tres diputados en juego en 2007 (Mario Pais, Rosa Chiquichano y Manuel Morejón), y los dos diputados en juego en 2009 (Mario Vargas y Nancy González).

En 2011, fue el kirchnerismo el que obtuvo las tres bancas en juego en aquella histórica reelección presidencial de Cristina Kirchner. Allí ingresaron Carlos Eliceche, Cristina Ziebart y Mario Pais. Recién en 2013, esa hegemonía cambió con la incursión de Mario Das Neves en la boleta del Pach.

Hasta aquí, fue la época de oro del justicialismo, inexpugnable en las urnas. El peronismo ganó las tres últimas elecciones a senadores consecutivas, en 2003, 2009 y 2015. ¿Se romperá esa racha en 2021?

POR LOCALIDAD

A lo largo de los años, la distribución de los legisladores por localidad muestra que la inmensa mayoría surgieron de Comodoro Rivadavia y Trelew, en menor medida de Esquel y Puerto Madryn, con algunas excepciones de Rawson, o El Maitén.

Las cuatro ciudades con el padrón más importante siempre han tratado de mantener un equilibrio en las listas, que va variando con el tiempo. Si nos vamos 6 años atrás, a mediados de 2015, había 4 legisladores de Comodoro Rivadavia (Marcelo Guinle, Mario Pais, Nelly Lagoria, y Cristina Ziebart); 3 de Trelew (Graciela Di Perna, Mario Das Neves y Mario Cimadevilla); y la capitalina Mónica Contrera que reemplazó al madrynense Carlos Eliceche.

Desde 2017, quedaron en el Congreso 3 legisladores de Comodoro (Gustavo Menna, Mario Pais y Alfredo Luenzo), 3 de Trelew (Nacho Torres, Rosa Muñoz y Estela Hernández), 1 de Esquel (Santiago Igón) y 1 de Puerto Madryn (Nancy González).

Si se mantiene el resultado de las PASO, a partir del 10 de diciembre Chubut podría quedar representada por 3 legisladores de Trelew (Nacho Torres, Edith Terenzi y Estela Hernández); 2 de Comodoro Rivadavia (Carlos Linares y Ana Romero), 2 de Esquel (Santiago Igón y Matías Taccetta, que asumiría la suplencia de Torres) y una de Puerto Madryn (Eugenia Alianello).

La ciudad petrolera llegó a tener a lo largo de la historia a tres representantes legislativos, pero nunca a dos, que sería la cifra más baja que se recuerde. Quizás sea una casualidad, o quizás la explicación esté vinculada a los nombres que se han puesto en juego en los últimos años.