CAPITAL FEDERAL - Cientos de agentes de distintas fuerzas de seguridad participan en un megaoperativo de allanamientos en las propiedades de Lázaro Báez en Santa Cruz, según ordenó la Justicia. El fiscal Marijuán pasó por Comodoro.

A instancias del juez federal Sebastián Casanello, quien firmó la orden ayer (lunes) el fiscal Guillermo Marijuan viajó especialmente anoche a Río Gallegos para coordinar los allanamientos.

Según pudo saber LA NACION, bajo sus directivas se preparaban esta mañana en tierra patagónica efectivos de Gendarmería Nacional, la Prefectura y la Policía de Seguridad Aeropuertaria (PSA). Junto a la fiscalía, participa personal de la AFIP y de la Unidad de Información Financiera.

Se estima que el megoperativo en una decena de propiedades que corresponden al empresario ligado al kirchnerismo -hoy detenido en Ezeiza por lavado de dinero- será maratónico. Casanello pidió que los allanamientos se hagan con habilitación de días y horas inhábiles; es decir, de corrido, sin límites horarios.

El objetivo de los operativos es tasar las propiedades, hacer un inventario y secuestrar el dinero en efectivo que se encuentre, como también todos los bienes registrables, suntuosos o de lujo y los demás valores que pudiera haber en los inmuebles.

LAS PROPIEDADES DE BÁEZ

De acuerdo con la identificación de propiedades de documentos catastrales, el empresario tiene sólo en Santa Cruz 76 propiedades registradas a su nombre, cifra que se eleva a 212 si se toman en cuenta las propiedades de sus hijos y siete de sus empresas, con las que adquirió gran cantidad de inmuebles.

Terrenos grandes y pequeños, canteras, chacras, estancias, casas y departamentos fueron comprados en su mayoría entre 2004 y 2012. Así surge de la sumatoria de bienes escriturados a su nombre; los de sus hijos Martín, Leandro y Luciana, y las empresas Austral Construcciones, Badial SA, Kank y Kostilla, Valle Hermoso, Epelco, Loscalzo y Del Curto.

Los inmuebles están distribuidos en las localidades santacruceñas como Río Gallegos, El Calafate y Río Turbio.

Fuente: La Nación