COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Mientras se espera a que Nación resuelva si enviará la asistencia financiera que contribuya a pagar salarios en los próximos meses, bien vale repasar algunos fundamentos que le permitirían a los chubutenses aspirar a que el gobierno nacional dé una mano para evitar que el fuego siga creciendo.

“Les dijimos que estamos nadando en nafta”, contó uno de los partícipes del encuentro, aunque no evitó reconocer que las recriminaciones de parte de los funcionarios nacionales ocuparon la primera parte del encuentro. El crecimiento del gasto público y la masa salarial formó parte de ese menú.

El ‘contra ataque’ del cuadro chubutense, si se permite la metáfora futbolera, llegó de la mano de un letargo que lleva décadas, pero que se ha revitalizado por la dispuesta entre la provincia de Buenos Aires y la Ciudad Autónoma por la coparticipación. Ya se ha dicho desde esta columna, pero vale reiterar el dato: Chubut contribuye en alrededor de un 2,7% en la generación del Producto Bruto Interno del país, pero su participación en el reparto de coparticipación le significa sólo 1,6 por ciento del total. Esa diferencia, de más de un punto porcentual, significa que recibe 73% menos de lo que produce.

A ello se suma el reclamo por el casi mítico “punto perdido en los años 80”. Un trabajo elaborado por uno de los economistas contratados por el gobierno aportó cifras a lo que ha significado la pérdida del (en realidad) medio punto de coparticipación cedido por Chubut, en el año 1988: actualizado a valores de hoy, con aplicación del IPC, la provincia ha dejado de recibir un total de 74.000 millones de pesos. Es imposible soñar con un atisbo de reparación en ese sentido, pero la cifra al menos sirvió para fundamentar mejor el pedido de auxilio. Un tiro libre cerca del área, pero que se fue por arriba del travesaño.

Un despilfarro injustificable

Sin embargo, esos datos no deberían justificar el desmanejo de los últimos 10 años, en los que pese a haber recibido ingresos por alrededor de 4.000 millones de dólares en regalías petroleras, Chubut terminó endeudándose por otros 1.000 millones de dólares.

La mayor parte de esa deuda se tomó en el año 2016, ya que se contrajeron 700 millones de dólares con el objetivo de pagar deudas consolidadas hasta el 2015, además de obras de infraestructura. Sin embargo, no se canceló la totalidad de aquellas deudas, ni tampoco hay obras de infraestructura visibles por aquel endeudamiento.

 

Es muy difícil imaginar cómo habrán podido justificar los funcionarios provinciales tamaño despropósito. Una cosa es la ‘muñeca política’. Otra muy diferente es el arte de magia.

En términos de deuda externa, este año se terminaron de pagar los 150 millones de dólares del fideicomiso tomado en 2010, mientras que en octubre del año pasado se terminó el BODIC 1, por 220 millones de dólares, colocado en el año 2013. Resultado inacabado de esa deuda es uno de los ‘centros de encuentro’, que esta semana se convino entre provincia y municipio terminar con una inversión que todavía demandará –además- otros 180 millones de pesos para su culminación. Un edificio, de diez que iban a hacerse en toda la provincia.

Y todavía quedarán por cancelar otros 89 millones de dólares, a través del Bodic 2, con los cuales se iban a construir “2 hospitales nuevos, uno de ellos en Comodoro Rivadavia”. Da vergüenza ajena hablar de castillos en el aire, en medio de la pandemia mundial y en la semana en que más muertes se produjeron en esta ciudad por Covid 19.
 
Plegarias por un impasse de la deuda

Mientras tanto, la negociación con los acreedores externos sigue contra reloj. Uno de los hombres que sigue de cerca el tema contó a esta columna que se aspira a una posibilidad de mínima, pero que implicaría un gran oxígeno: la meta cercana es conseguir que los acreedores externos acepten suspender cobros, a cambio de un interés adicional, mientras se lleva adelante el reperfilamiento.

“Si al menos podemos conseguir que suspendan los cobros por 3 ó 6 meses, sería un gran alivio para llegar hasta el final de este año”, se indicó. No le falta razón: en octubre se debe afrontar un vencimiento de casi 40 millones de dólares. Si se pudiera evitar ese pago, serían unos 4.000 millones de pesos automáticamente liberados (y que están disponibles, pero reservados a partir del descuento automático sobre las regalías), lo que está muy cerca de completar una de las masas salariales adeudadas a los agentes públicos. En enero de 2021, vale recordar, espera otro vencimiento similar.

También en este tema, el gobernador Arcioni perdió la oportunidad de generar un necesario gesto hacia la sociedad que hoy sufre las decisiones de un gobierno que si bien él no encabezó, sí integró: la posibilidad de auditar la deuda y de informar en qué se gastó cada dólar que hoy desangra a la provincia no fue ni siquiera parte de la agenda de su gestión.

 

Los cálculos que hacen en el seno gubernamental son para llegar a diciembre: con la asistencia requerida, se cree que a partir de enero y con una recaudación tendiendo a equilibrarse, los números al menos se podrían equilibrar para volver a funcionar.

“Perdimos 5.000 millones por regalías, 5.000 de coparticipación y 4.600 por recaudación propia –enumeró otro colaborador-. Si a partir de enero se recupera un poco la actividad, podríamos terminar de sanear la deuda salarial”.

Por eso ahora la meta inmediata, en cuestión de días, es la espera de que Nación autorice una asistencia que será, básicamente, más endeudamiento para la provincia. Algo así como un equipo diezmado, al que sólo le queda patear la pelota para adelante implorando a que pase el tiempo.