RAWSON (ADNSUR) -  “Menos mal que ustedes en Chubut son nada más que 500 mil habitantes, porque si llegaran a ser un millón, es para ponerles una bomba”. La frase, claro está, es un chiste. Fue dicha en privado por un vocero del gobierno nacional a un protagonista de la política local, y como toda humorada, tiene mucho de exageración, pero tiene algo de verdad en la crítica escondida.

Así nos ven desde afuera, y no es para menos: quienes tejen acuerdos y bajan directivas desde el gobierno central en todo el territorio nacional, no pueden entender cómo funciona la lógica de los dirigentes de nuestra provincia.

Territorio grande con baja densidad poblacional y muchos recursos naturales, tapado de problemas gravísimos, y una Cámara de Diputados con apenas 27 miembros donde parece casi imposible arribar a una mayoría de sólo 14 votos.

 

 

No es fácil explicar a un político de la provincia de Buenos Aires, donde hay una Cámara de Diputados con 92 bancas y otra de Senadores con 46; o a uno de Santa Fe, que cuenta con 50 diputados y 19 senadores, que aquí en Chubut parece una quimera para el gobierno conseguir que 14 personas se pongan de acuerdo para autorizar la renegociación de una deuda pública que está asfixiando mes a mes a las cuentas estatales.

Las razones de este fracaso de la política local son tantas, que cuesta resumirlas en una sola columna de análisis, e incluso es difícil ordenarlas en un relato que pueda tener una lógica de desarrollo. Pero no queda otro camino que un breve repaso de los hechos, para tratar de explicar los motivos por los que se vive este escenario de falta de liderazgo, donde la atomización del poder -repartido entre varios caciques con múltiples intereses contrapuestos-, provoca que no se puedan lograr los acuerdos políticos que la actualidad social y económica reclama a gritos.

 

EL MANDATO DEL PASADO

Una mirada rápida de los últimos 20 años muestra que después de dos mandatos fuertes de Mario Das Neves entre 2003 y 2011, con una provincia con ingresos extraordinarios, una economía nacional pujante y un liderazgo ejercido con mano de hierro, llegaron dos períodos de mucho reparto de poder, que fueron la previa al panorama que hoy sufren los chubutenses.

Sin describir la calidad de las decisiones que se tomaron, especialmente en política de estado, sino puestos a explicar la manera en que funcionaba el entramado político, está claro que en aquellas dos primeras gestiones, el justicialismo en Chubut era un único partido que ganaba caminando las elecciones ante un radicalismo apagado. El peronismo contaba con las mayorías y las aplicaba en el ejercicio del poder, e incluso se daba el lujo de inventar partidos aliados como el Provech. Pero en 2009, con el surgimiento del Nuevo Espacio, el PJ se partió en dos, y hoy todavía se sufre esa división.

Primero a la provincia le tocó vivir un traumático proceso electoral en marzo de 2011, donde triunfó Martín Buzzi por 380 votos, pero tuvo que gobernar con una Legislatura opositora, a la que nunca logró seducir a pesar del giro que dio hacia el kirchnerismo, en detrimento del dasnevismo que le dio origen.

El manejo hegemónico del PJ chubutense por parte del universo K, generó el nacimiento de Chubut Somos Todos, creado por Mario Das Neves con un 95 % de ex peronistas. Esta estructura le permitió un ajustado triunfo electoral en 2015 ante el FPV, pero con una Legislatura opositora integrada por enemigos históricos como Gabriela Dufour y Blas Meza Evans, que nunca se la hicieron fácil.

Y en ese contexto ya delicado, llegó Mariano Arcioni a la gobernación a fines de 2017: a raíz de un hecho traumático como fue la muerte de su líder, sin una estructura política propia, con el sector más cercano al dasnevismo sin ganas de dejar el poder, y con un gobierno que venía de tomar una fuerte deuda externa y que ya estaba pagando sueldos con endeudamiento en letras a corto plazo desde hacía meses.

Los dos años que siguieron estuvieron marcados por dos ejes: uno fue el atraso salarial con paros y movilizaciones permanentes de trabajadores estatales; y el otro, una serie de causas judiciales que desnudaron un turbio manejo de la corrupción en el seno mismo del poder.

En ese contexto, con la estrategia de adelantamiento de elecciones para el mes de abril, surgió en el verano de 2019 una coalición para triunfar en las urnas, que dio el resultado esperado, pero que es el germen del problema que hoy vive la provincia.

 

UNA ALIANZA MENTIROSA

Más allá de todo lo narrado anteriormente, la explicación más cercana del actual problema que tiene Chubut, fue el armado de la alianza que se llamó Chubut al Frente. Ya desde el vamos, no surgió como una alianza natural de dirigentes que tienen una misma mirada política de lo que quieren para la provincia, con un plan de gobierno para ejecutar en materia económica y social.

Las palabras “ideología”, “plataforma”, “bases políticas”, parecieron tener menos peso que otros términos como “intereses”, “conveniencia”, “poder”. Con la idea rectora de ganar las elecciones, se conformó una coalición para el triunfo, con cuatro apellidos: Arcioni, Sastre, Maderna y Ávila. Y el experimento salió bien, pero duró apenas un mes después de aquel 9 de junio de 2019.

 

 

Ya en aquel invierno hace un año atrás, cuando volvía el pago escalonado producto de la falta de fondos por los incrementos firmados en paritarias, la alianza triunfalista mostró su fragilidad: en la previa al cierre de listas de las PASO para diputados nacionales, Mariano Arcioni quiso designar a dedo a su candidato, Máximo Pérez Catán, pero Ricardo Sastre y Adrián Maderna se plantaron, y respaldaron a un contrincante que terminó ganando la interna, el dirigente mercantil Alfredo Béliz.

La falta de diálogo interno ya se observaba desde temprano, así como la dificultad de consensuar a través de la discusión interna. Y los caciques de Puerto Madryn y Trelew le marcaban al gobernador electo que ellos tenían peso electoral y que si continuaba en el cargo era porque les debía mucho, y los debía respetar.

Y llegó otra etapa clave en la continuidad de un resquebrajamiento que era anunciado: el armado del actual gabinete y la definición de autoridades en la Legislatura.

La postura de Arcioni fue “esta fue mi elección, la primera que gano sin la presencia de Das Neves, ahora sí voy a armar mi equipo propio”.

Esto defraudó expectativas, que nunca se habían aclarado previamente: Sastre y Maderna querían tener voz y voto, poner nombres fuertes, mostrar una coalición gobernante. Pero el gobernador sólo les ofreció cargos menores: “este es mi territorio, yo no me meto en el gabinete de Maderna, y Ricardo que maneje la Cámara y designe allí a su gente”, fue la respuesta del mandatario.

Toda esta discusión se vivió 10 días antes de la asunción, en una cena en la Residencia Oficial, donde los cuatro referentes (Arcioni, Sastre, Maderna y Ávila) se dijeron de todo, pero el gobernador se mantuvo firme en defender a Juan Pais como el presidente de la bancada mayoritaria.

En el medio, peleas por grupos de whatsapp, portazos virtuales, calificativos de “traidores”, como expresó una enojadísima Leila Lloyd Jones, a quien Sastre y Maderna le habían prometido que tenía posibilidades de ocupar la presidencia del bloque.

Previamente, Sastre había rechazado un ofrecimiento de Arcioni para asumir como ministro Coordinador por un mes, luego del alejamiento de Federico Massoni.

Era una muestra que se le pidió de que estaba jugado a pleno por el proyecto. Para Sastre, fue un operativo para dejarlo expuesto. A esa altura, “desconfianza” ya era la palabra que definía una relación que venía a los tumbos, y que cada vez se hacía más fría, como el día que Arcioni confirmó que uno de los hombres fuertes de su equipo iba a ser el ministro de Gobierno, José María Grazzini. Sastre salió por una radio y dijo con tono de pesadumbre “designan a un funcionario de mi ciudad y ni me consultan, encima alguien que fue siempre uno de mis opositores”.

 

UN BLOQUE IMPOSIBLE

Así las cosas, asumió la nueva Legislatura en diciembre con un bloque oficialista que venía con una previa muy caliente, y que presagiaba lo que iba a seguir, que es lo que hoy estamos viendo.

El problema, como ya se dijo, fue el armado previo de la lista de 16 candidatos sin ideas rectoras, donde sólo se acordó entre los referentes cuántos lugares para cada uno, y en qué orden, pero nunca se acordó quién y para qué. Arcioni definió siete nombres (Pais, Artero, Cigudosa, Andén, Nouveau, Ingram y Cativa); tres puso Sastre (Antin, Williams y Gabella), tres designó Maderna (Lloyd Jones, Giménez y Chiquichano), y dos “Loma” Ávila (Gómez y Mongilardi).

La falta de acuerdo entre Arcioni, Sastre y Maderna, se refleja en el funcionamiento de esta bancada, que claramente no funciona como un bloque, sino como la síntesis donde confluyen las pujas de poder dentro del oficialismo, que son el germen de la falta de gobernabilidad que sufre hoy la provincia del Chubut.

 

 

Si este bloque y sus referentes funcionaran en conjunto, otra sería la cuestión en el andar diario del Estado. Pero ya desde el verano, cuando Arcioni habló de “miserables”, término que ofendió a sastristas y madernistas que recogieron el guante, hasta llegar hace dos meses al nacimiento de un “interbloque” (nombre absurdo si los hay), está claro que la situación es irreconciliable y bien le haría al contexto provincial que se aclaren las cosas y se pongan las cartas sobre la mesa.

La verdad es que es imposible determinar y a nadie le importa quién empezó primero y cuál es el culpable de esta falta de acuerdo en la coalición gobernante. Lo que importan son las consecuencias.

Y a juzgar por los cruces en las últimas sesiones y las votaciones opuestas en diferentes temas, el interbloque juega hoy el rol más opositor en la Cámara, superando incluso a Juntos por el Cambio y al Frente de Todos.

Por qué razón ninguno de los dos sectores -tanto el arcionismo como el sastrismo-madernismo, se anima a dar el primer paso y blanquear la ruptura del bloque oficialista, es una incógnita que tiene muchas explicaciones posibles. En el gobierno se escucha “que rompan ellos, a ver si se animan, tienen mucho para perder”.

Esto casi sucede cuando semana hubo un amago de una legisladora del interbloque de pedir la ruptura, pero uno de sus referentes la frenó. Dicen que la explicación sería que se podría cometer un “error estratégico”, ya que en el reparto de asesores, el interbloque saldría perdiendo gente, tal como están hoy las cosas. 

La otra movida que se vio en las últimas horas, y que dejó traslucir la diputada Gabriela De Lucía en declaraciones a un portal de noticias, es que este sector de diputados evalúa impulsar la discusión por la presidencia de bloque, para remover al comodorense Juan Pais.

Lo cierto es que después de la sesión del jueves por la mañana, en el pequeño despacho de una legisladora, se aglomeraron los 9 diputados junto al vicegobernador Sastre, para hablar de la calentura que les había dejado la sesión, que los hizo olvidar incluso de las medidas preventivas de “distanciamiento social”.

Allí, en ese espacio de menos de 9 metros cuadrados, surgió la idea de hacer un golpe de mando, y empezar a dirigir el bloque de la mayoría. Y hay motivos concretos del cambio de estrategia, que vale la pena analizar en detalle.

 

EL NINGUNEO

Desde que se anunció el 21 de mayo la creación de un sub bloque de 9 diputados dentro del oficialismo con una postura crítica al gobierno, la estrategia de Fontana 50 y del resto de los bloques en la Legislatura fue la del “ninguneo”.

Como no se trata de un bloque oficial, nadie habla con este grupo de manera formal, a pesar de los intentos por fijar un interlocutor y de innumerables mensajes enviados por distintos canales. En los debates previos a las sesiones virtuales, Ricardo Sastre convocó a Xenia Gabella a reuniones de presidentes de bloque, lo que fue objetado por Pais, Manuel Pagliaroni y Adriana Casanovas, quienes sostienen que la Cámara debe ser informada de manera oficial que existe un nuevo bloque y debe designar a un presidente. Mientras tanto, se las considera cuestiones mediáticas, pero no legales.

Varios hechos muestran esta lucha de poder interna y la manera de reaccionar del resto de los actores hasta el momento, en algo que es muy cambiante. Por ejemplo, cuentan que el marido de una legisladora hizo sonar durante días enteros el teléfono del gobernador Arcioni, y lo llenó de mensajes.

Según este relato de pasillo, finalmente el mandatario lo terminó atendiendo para ver qué necesitaba, a lo que recibió una propuesta, que habría sido “te votamos el pliego de Alvaredo si nos dejás proponer a nosotros el Contador General”, a lo que la respuesta que obtuvo el esposo de la diputada habría sido un rotundo “no”, y fin del diálogo.

Otro ejemplo es tan concreto como el anterior, y tiene que ver con la postura inflexible que muestra dentro de la Cámara la presidenta del bloque del PJ Frente de Todos, la comodorense Adriana Casanovas.

A pesar de los intentos por contactarla, la respuesta sigue siendo la misma: “para consensuar un tema importante, con el único que hablo es con el presidente de bloque; mientras sea Pais, hablaré con Pais; si es otro, hablaré con otro”. Es decir, una postura absolutamente orgánica, que se manifestó esta semana en un tema muy sensible que no se conoció públicamente: las negociaciones por las autoridades de la Sala de Acusar, ante la amenaza de los pedidos de juicio político al gobernador y al ministro Massoni.

Los pasillos legislativos, que nunca saben guardar un secreto, cuentan que un legislador del bloque peronista habría querido “operar” a pedido del interbloque ante Casanovas, para definir una conformación de la Comisión Investigadora muy distinta a la que finalmente se votó.

Como la sala debe votar a su presidente y los futuros investigadores de entre sus 14 integrantes, una sumatoria entre interbloque y PJ hubiera dado como resultado 8 a 6, dejando al gobierno muy mal parado con una integración opositora. Pero Casanovas habló solamente con Pais, y respetó un acuerdo en el que finalmente de los cinco miembros de la comisión, tres pertenecen al arcionismo, lo que llevó alivio a Fontana 50.

Este nuevo “ninguneo” dolió mucho en el interbloque, que al parecer ahora evalúa seriamente dar el golpe y destituir a Pais de su lugar, aunque diputados que hablaron en off con esta columna le bajaron el tono a la movida. Habrá que ver cómo se define el tema cuando vuelvan las sesiones en los primeros días de agosto.

 

COMO JUEGA EL PJ

Mientras Juntos por el Cambio es el sector que se muestra más cohesionado, al menos en los institucional, donde los tres diputados de la Cámara, sumados a los intendentes en ejercicio y los diputados nacionales Menna y Torres, y la presidenta de la UCR, Jaqueline Caminoa, no muestran fisuras –más allá de la previa de la campaña 2021 que ya calienta Mario Cimadevilla- es interesante observar lo que ocurre también dentro del peronismo de Chubut, que también sufre una falta de liderazgo y una crisis de legitimidad, que quizás pasa más desapercibida por no estar en ejercicio del poder.

Pero ocurre que el bloque del PJ podría convertirse en el árbitro de la discusión de la gobernabilidad, y torcer la balanza para un lado u otro en el delicado equilibrio que muestra hoy la provincia. En este trance, tiene un enorme dilema: cómo no ser destituyente, sin a la vez ser un aliado del gobierno.

Lo primero que hay que marcar es que es un bloque de 8 diputados, de una conformación muy heterogénea. Hay marcadas divergencias dentro de ese espacio, pero la gran diferencia con el oficialismo es que las discusiones se dan puertas adentro, y todos son orgánicos, es decir que acatan lo que decide la mayoría.

 

 

La presidenta de la bancada, Adriana Casanovas, mantiene un bajo perfil público, pero muy activo puertas adentro. Tiene dos referentes que son Juan Pablo Luque y Carlos Linares. Trata de mantener buena relación con los dos a la vez, aunque cuentan que algunas posturas políticas de Linares en los últimos meses la llevaron a tomar un poco de distancia, como por ejemplo el lanzamiento apresurado de su candidatura a senador.

A propósito de Linares, el ex intendente comodorense hizo su reaparición por el valle esta semana, donde estuvo muy activo con dos dirigentes con los que tiene una excelente relación: Carlos Eliceche y Ricardo Sastre.

Además de ir a visitarlos a la Legislatura, compartió con ambos un asado en Puerto Madryn el martes por la noche, en el que hubo otros actores, todos unidos por la movida de la reapertura del PJ a los “repatriados”.

Por eso se invitó también a Adrián Maderna y a Rafael Williams. Ya oficializada su intención de ser candidato en 2021, Linares estuvo en el bloque del PJ en la Legislatura por la mañana. Allí se lo escuchó hablar de su relación con Juan Pablo Luque, de quien dijo “nunca nos van a ver peleados con Juan Pablo, somos amigos, y siempre lo vamos a ser”. Aunque tengan diferentes miradas políticas, claro está, como por ejemplo, el posicionamiento ante la gestión de Arcioni, donde Linares está en un extremo opositor.

Más allá de la discusión sobre permitir el regreso de los dirigentes que habían emigrado, el Justicialismo de Chubut debe resolver primero una cuestión clave, que todos hacia adentro admiten que es algo impostergable y necesario: la renovación de autoridades del partido.

El mandato de Ricardo Muttio y el resto de los consejeros vence en diciembre, por lo que antes se debe llamar a elecciones, a pesar de que hay quienes quieren seguir prorrogando mandatos con la excusa de la pandemia.

El PJ se debe esa discusión hace años, porque también padece una alarmante falta de liderazgo por la no realización de elecciones que le quitaron legitimidad a sus autoridades. El partido no funciona como tal, no se fijan posturas con discusiones previas y mucho menos existe una bajada de línea al bloque de legisladores.

Y precisamente esta indefinición tampoco ayuda a la gobernabilidad, ya que si bien a nivel nacional son fluidos los contactos del gobernador Arcioni con la mesa chica que comandan Sergio Massa y Máximo Kirchner, y que es muy buena la relación con el ministro Wado

De Pedro, desde el kirchnerismo admiten que los actores de Chubut son “inmanejables” y nadie acata los mandatos de apoyo al gobierno que se envían. Si uno quiere enviar un mensaje al peronismo de Chubut, ¿con quién debe hablar?

Nadie conduce, y sobran caciques, al tiempo que no se reconoce a los interlocutores como válidos y todos quieren “hablar con Alberto o Cristina”. Sin ir más lejos, en el bloque legislativo, hay diputados que responden a Luque, otros a Linares, otros a Gustavo Mac Karthy, otros a Nancy González, otros a Jorge Taboada, y otros a nadie. En ese contexto, es imposible poder coordinar cualquier tipo de acuerdo, más allá de las enormes falencias que viene mostrando en ese sentido la gestión de Arcioni desde hace dos años y medio.

 

 

Este es el panorama que tiene por delante el futuro Secretario General de la Gobernación, Javier Touriñán, quien afrontará enormes desafíos: primero hacia adentro, tratando de coordinar las acciones dentro de un gabinete que viene de vivir hechos traumáticos con las salidas de Andrés Meiszner y Cecilia Torres Otarola, que calaron hondo en el ánimo de varios y que generaron un fuerte sentimiento de desconfianza por parte del gobernador Arcioni. Sanar esas heridas y cambiar la imagen de la gestión hacia un mayor “volumen político” es lo que intentará en primer lugar el experimentado dirigente.

Y luego, tratar de lograr los consensos que el gobierno necesita con propios (tiene una muy buena relación con Sastre) y con ajenos, ya que es excelente la relación de Touriñán con la mayoría de las figuras del PJ, partido del que fue presidente y del cual presidió tres veces el bloque de diputados.

Para ello, deberá tener “manos libres” para cerrar acuerdos que luego deberán ser “respetados” por el gobierno al que representa. El desafío es enorme y el riesgo es alto: la mala experiencia de Meiszner está muy fresca, y no hay más tiempo para seguir haciendo pruebas de laboratorio.

El mismo Touriñán dijo que no se cree un “iluminado”, pero va a tratar de aportar sus mejores armas. No será sólo un trabajo individual, sino que toda la clase política tiene la oportunidad de demostrar a la sociedad chubutense que está a la altura para salir de una crisis que golpea a todos por igual, y de la que nadie va a salvarse solo.