RAWSON (ADNSUR) - Ya con el resultado puesto de las gestiones de la provincia ante la Nación por la necesidad de un auxilio financiero, hay dos análisis para hacer, que van por compartimentos separados: uno es económico, y está referido al dato duro ya confirmado de cuánta plata va a llegar a Chubut y para qué puede servir; el otro es el político, y tiene que ver con la lectura de lo que se vio y lo que no se vio de unas negociaciones que fueron muy difíciles, y que dejaron en evidencia que el clima que se vive hoy entre las gestiones de Alberto Fernández y Mariano Arcioni dista mucho de ser el mejor.

Primer tema: el económico. Por estas horas, en el gobierno hacen números para tomar una decisión fundamental, que consiste en definir qué se va a hacer con la plata que todavía no llegó, pero que ya se empieza a gastar a cuenta, con el objetivo de calmar el ánimo de los trabajadores estatales, a los que en algunos casos se les deben tres meses de sueldo. Con distintos escenarios en la cabeza que se evaluarán todo el fin de semana, la idea es llamar luego a los dirigentes sindicales que representan a los distintos gremios y comunicarles cómo sigue todo de aquí en adelante.

Una cosa es clara, la plata que está por ingresar no va a alcanzar para saldar la deuda salarial, que era una expectativa de máxima que no se va a cumplir. Los fondos que llegarán de manera escalonada producto de dos nuevos endeudamientos a 3 años, servirán para ordenar los desequilibrios de caja de los meses de octubre, noviembre y diciembre. Nada más que eso. Es probable que el argumento que vaya a dar el gobierno a los trabajadores sea que en lo inmediato el objetivo será balancear el flujo de caja en el cierre del año, con fechas más precisas de pago -en una especie de vuelta a la “normalidad”- y mientras tanto, seguir buscando un acuerdo a futuro para el pago de la deuda que quedará pendiente.

 

Como ya hemos informado en otra oportunidad, para saldar toda la deuda del atraso salarial con los empleados públicos provinciales, son necesarios al menos $ 17 mil millones en un solo tramo, cifra que equivale a dos masas salariales, el medio aguinaldo de julio y el retroactivo adeudado. En cambio, según lo firmado con la Nación, van a llegar $ 5 mil millones de manera escalonada a lo largo de tres meses, a los que se agregarán otros 4 o 5 mil millones (dependerá del valor del dólar) por una futura colocación de letras a “dólar linked” –ambas herramientas anticipadas hace tiempo en esta columna- lo que solamente servirá para achicar el déficit mensual de $ 2.600 millones.

El análisis que prima en el gabinete en estos momentos es que si el dinero se gasta en el pago de lo atrasado, será “pan para hoy y hambre para dentro de cinco minutos”, porque otra vez se va a generar deuda y atraso del mes en curso. Claro está que otro panorama muy distinto se lograría si se evitara el vencimiento de la deuda en dólares de octubre, que equivale a unos U$S 40 millones de disponibilidad inmediata y un alivio a futuro de mil millones mensuales. Pero esperar ese resultado es demasiado pedir, sería un exceso de optimismo, ante negociaciones con acreedores que tienen “la vaca atada” con un sistema automático de cobro a través de un fideicomiso.

UN GESTO HACIA LOS TRABAJADORES

El otro costado de la información, como ya se dijo, es el político. Y en esa materia, es mucha más jugosa por supuesto la información que circula en off que la que se dice a micrófono abierto, que por otra parte no es mucha, porque las principales figuras se han cuidado hasta aquí de hacer comentarios. De todos modos, actores claves de la negociación, de un lado y del otro de la mesa, hablaron con esta columna en estricta reserva, y dieron cuenta de por dónde pasó la discusión Nación-Chubut, que fue muy dura.

Estatales movilizados a Casa de Gobierno en reclamo de sueldos, aguinaldo y cláusula gatillo (Foto archivo)Estatales movilizados a Casa de Gobierno en reclamo de sueldos, aguinaldo y cláusula gatillo (Foto archivo)
Estatales movilizados a Casa de Gobierno en reclamo de sueldos, aguinaldo y cláusula gatillo (Foto archivo)

 

Más allá de que está clarísimo que los problemas de Chubut vienen de larga data, es atinado poner la lupa en los vaivenes de la relación política e institucional entre la gestión de Mariano Arcioni y la de Alberto Fernández. Esa relación que pareció comenzar en buenos términos en diciembre, con canales de diálogo aceitados, y un sentido de pertenencia a través de la cercanía con Sergio Massa, y que prometía vientos de cambio para la provincia. Pero 10 meses después, está claro que hay un “desencanto” de ambas partes. Unos y otros esperaban más del otro lado. Las quejas y los reproches van y vienen, como una pelota de tenis en una cancha de Roland Garrós.

Primera definición desde Casa Rosada: “el dinero que se bajó no fue un premio a la gestión provincial, sino un gesto hacia los trabajadores estatales que no cobran hace tres meses, a los que no se iba a dejar en banda”, confesó uno de los protagonistas de las negociaciones. Incluso este vocero reconoció que más allá del optimismo que había entre los representantes chubutenses que habían concurrido la semana pasada a Buenos Aires (sabían que ya contaban de palabra con autorización para los U$S 50 millones del dólar linked y creían que podían llegar hasta 10 mil millones de pesos del fondo fiduciario) en realidad el monto de ayuda previsto inicialmente desde Balcarce 50 eran $ 4 mil millones, y después de intensas negociaciones a último momento -con algunas planillas que se enviaron contra reloj desde la provincia-, se logró llegar a mil millones más.

“Les dejamos en claro que aprovechen bien este dinero, porque no va a haber más por un largo tiempo”, fue una de las frases que se escuchó desde Buenos Aires. El clima en las reuniones no fue nada fácil. Especialmente en lo que respecta al ministro de Economía, Martín Guzmán, quien no quiso salir en la foto con el gobernador Arcioni -con el que mantiene encuentros cortantes y fríos-, y que por otra parte, nunca recibió mano a mano en todo este tiempo, a su par chubutense, Oscar Antonena. Obviamente, Guzmán no es el más querido de los ministros en Fontana 50, donde lo definen como “un irrespetuoso e insensible que no conoce nada de la provincia, ni tampoco le interesa”.

Martín Guzmán, ministro de Economía de la NaciónMartín Guzmán, ministro de Economía de la Nación
Martín Guzmán, ministro de Economía de la Nación

 

Distinto fue el gesto del Ministro del Interior, Wado De Pedro, quien el día anterior sí se prestó a una foto de su encuentro con el gobernador Arcioni, y todo el tiempo jugó un rol clave en la definición final de la Nación, con el aporte indispensable de su Secretaria para la Provincias, Silvina Batakis. La funcionaria siempre fue la que mantuvo mayor línea de diálogo con Chubut -especialmente con Oscar Antonena- ya desde diciembre, cuando empezó a pedir los números de la provincia y a exigir medidas de fondo para achicar el déficit. Medidas que nunca se hicieron.

LOS REPROCHES

Dos son los reproches centrales que dejan traslucir los funcionarios de Alberto Fernández hacia la gestión del gobierno chubutense. Uno es la falta de construcción política, no sólo con su propia alianza interna y con la oposición, sino con sus mismos ministros del gabinete. El ejemplo más puntual de esto último ocurrió esta semana, y fue tan grave, que casi hace fracasar toda la negociación.

Se trata de las declaraciones periodísticas del ministro de Seguridad, Federico Massoni, sobre su mirada respecto a la necesidad de las pistolas taser para la policía provincial y sus críticas a la gestión nacional en ese sentido. Justo en la misma semana en que murió un miembro de la policía federal en CABA y el tema se convirtió en el centro de los cuestionamientos al gobierno nacional.

“No lo podíamos creer, venía todo más o menos encaminado, y aparecen estos dichos imprudentes. Casi va a parar todo al tacho. Muchos tuvimos que intervenir para calmar los ánimos”, admitió otro de los actores del lado federal a esta columna. La versión también fue confirmada por tres fuentes del gabinete chubutense a ADNSUR: Mariano Arcioni estaba que “volaba” cuando en medio de todo el esfuerzo político para conseguir plata, vio que uno de sus colaboradores de máxima confianza aparecía en un medio de gran difusión cuestionando a la ministra Frederic en el tema más delicado del momento.

 

Federico Massoni, ministro de Seguridad de Chubut.Federico Massoni, ministro de Seguridad de Chubut.
Federico Massoni, ministro de Seguridad de Chubut.

Otra de las frases duras que se oyeron desde capital, ante los reclamos de ayuda de Chubut, fue que “tienen minadas las relaciones con la Justicia, con la Legislatura, con los gremios, hay un lio enorme dentro de su gabinete, y nos quieren echar la culpa de sus problemas a nosotros”. Todo esto se resume en un pedido concreto a la gestión provincial, y es “hagan política, no rompan lazos, dialoguen, construyan”.

 

Y el segundo reproche, pasó por la cuestión de los números finitos, la ejecución presupuestaria, y la falta de sinceramiento por el motivo del déficit, que es el alto gasto. “Nos quisieron venir a mentir, a disfrazar las cosas”, se quejaron en los equipos técnicos de Interior y de Economía. La queja alude a que el pedido desde diciembre a la provincia es que hay que hacer un ajuste, achicar el gasto, pero sin embargo “no se hicieron los deberes”. El gran cuestionamiento es en torno al pago de la cláusula gatillo.

En Nación tienen claro que el presupuesto de Chubut no paró de crecer en todo 2020, donde ya subió más de 1000 millones, porque se sigue dando cumplimiento a compromisos salariales que son impagables. Las cuentas no cierran, hace falta ayuda económica, pero en vez de tomar el toro por las astas “vienen acá y nos dicen que no dieron cláusula gatillo, y nosotros vemos que la siguen pagando. Los números son claritos, no alcanza con decir que no hubo aumentos en 2020, en la práctica se siguen dando”.

Desde el gabinete chubutense, la respuesta no se hace esperar: “ellos tienen nuestros números desde siempre, que no se hagan los sorprendidos. Además, están igual o peor que nosotros, no les sobra un peso. Que digan cuál es el plan que tienen para Chubut, porque hasta donde sabemos, los chubutenses también son argentinos”. Así de fuertes fueron los cruces en estas dos semanas de silencio de radio.

LA DISCUSION ELECTORAL

Desde esta columna anticipamos tiempo atrás que uno de los planteos desde Chubut es que se trata de una provincia con recursos naturales, que es la cuarta en volumen exportador y que aporta mucho más al erario nacional que lo que recibe. Ocurre que esa injusticia es tan cierta como vieja, y el reclamo no lo han seguido los distintos gobiernos, que siempre fueron sumisos ante el poder central. A diferencia de provincias como San Luis o Córdoba, cuyos reclamos son de larga data y sostenidos en estrados judiciales, Chubut –y no es culpa exclusivamente de Arcioni- tiene un discurso poco coherente, que se retoma de a ratos, de manera “espasmódica”, como la definió el senador Alfredo Luenzo.

 

A ese planteo tibio, en realidad lo pasó por encima otro más fuerte de tono político-electoral, que hicieron los representantes del gabinete de Arcioni la semana pasada, a sus pares de Nación, en los momentos más calientes de las reuniones. “Si ustedes quieren nos vamos y les damos la llave, que explote todo. Ahora, olvídense de ganar los próximos turnos electorales, la gente nos va a pasar factura a todos, y van a sacar provecho los radicales”.

Así de crudo fue el diagnóstico de uno de los funcionarios de Chubut, en sintonía con la mayoría de su equipo. Están convencidos de que la gestión de Fernández apoya claramente a otros gobernadores, mientras que hay un pase de factura a Arcioni por su alineamiento con Sergio Massa, producto de una interna dentro del poder central.

Desde los despachos cercanos a Casa Rosada, responden que esas lecturas políticas son “fantasmas” que nada tienen que ver con la realidad, y que incluso Massa fue muy importante para destrabar algunas cuestiones en los últimos días. Por otra parte, en el riñón del poder nacional se explica (aunque nunca se repetiría al aire) que en nada mueve la aguja una elección de medio término en Chubut, donde un senador o un diputado más o menos no cambian la relación de fuerzas general que se da en el Congreso, donde hay otros distritos de mayor peso. Es decir, si hubo una nueva ayuda, no fue por el temor a lo electoral, sino para que no sean los empleados públicos los que terminen pagando el costo, más de lo que lo están sufriendo hoy.

LO QUE VIENE

Fueron dos semanas muy intensas, que comenzaron con las gestiones en solitario de Arcioni con Guzmán hace 13 días, siguieron con la presencia de medio gabinete en Buenos Aires, y terminaron con dos reuniones duras con De Pedro y el mismo Guzmán nuevamente. Después de mucha negociación, con actores que se vieron y otros muchos que estuvieron en las sombras, aparecieron fondos que no son para nada la solución, pero representan el mismo valor que un respirador mecánico que aporta oxígeno a un paciente en terapia intensiva.

De aquí en más faltan definir aún varias cosas: en lo político, destrabar las sesiones en la Legislatura para autorizar el convenio que permita el arribo de $ 5 mil millones, algo que no parece nada sencillo, tal como está el clima interno que se dejó ver este jueves, con otra sesión virtual fracasada por la presión del gremio Apel. Una vez aprobado este endeudamiento a tres años, llegaría en tres cuotas hasta diciembre, y hay que ver cuál será su destino, que de ninguna manera va a saldar lo que se debe hacia atrás a los estatales.

 

Si a esta plata se le suma el endeudamiento en letras por dólar linked, con las condiciones que fije un mercado que está muy difícil, habrá que esperar entonces qué herramienta se diseña desde Economía para que el dinero rinda lo máximo posible, mientras se termina de armar en estos días el paquete de medidas que se enviará a la Legislatura y que busca optimizar las erogaciones y aumentar los ingresos.

El equipo provincial parece estar quemando los últimos cartuchos, poniendo todas las fichas a que esta vez sí salga bien la movida de ajustar el gasto, esa misma intención que falló en enero pasado cuando también era una exigencia nacional, pero que entre Arcioni y sus aliados Sastre y Maderna terminaron “implosionando” su alianza de gobierno por falta de consenso, de voluntad, de acuerdo…de política. Aquel mensaje de austeridad nunca se entendió, y la mejor muestra fue la decisión –avalada por el gabinete- del entonces ministro de Educación, Andrés Meiszner, de pagar a toda la masa docente el retroactivo de una “cláusula gatillo” que terminó de descalibrar el resto de las cuentas, a lo que se sumó luego la fuerte baja de ingresos producto de la paralización de la economía que obligó el Coronavirus.

Ahora parece surgir una nueva oportunidad, quizás la última. Si este plan fracasa, no parece haber ya margen para que la gestión de Mariano Arcioni vuelva antes de fin de año a pedir una mano al gobierno nacional, que a su vez está jugando otras batallas durísimas, la más importante de las cuales es contra una pandemia que está fuera de control.