CAPITAL FEDERAL - Un informe publicado por diario El Cronista cuestiona la política de subsidio a las petroleras a través del precio de los combustibles, que resulta hoy uno de los más altos del mundo. La información apunta contra “el poder de lobby de las operadoras y provincias petroleras”, de las que asegura que “ganaron la pulseada al gobierno nacional”. Y cita estudios que dan cuenta de cómo el costo de combustibles afecta la competitividad de distintos sectores de la economía.

“El Gobierno de Cambiemos inició su gestión decidido a recortar el nivel de subsidios que asfixia el presupuesto y distorsionan precios de la economía real. (…) Sin embargo, poco y nada hizo hasta ahora para eliminar el subsidio a las petroleras que supone aplicar en el mercado interno un precio sostén del barril de crudo por encima del valor de mercado, que obliga a los argentinos a pagar uno de los precios de los combustibles más altos del mundo. Es que ese subsidio no afecta de manera directa a las cuentas del Estado, porque es en realidad una transferencia de recursos de los consumidores a los productores, porque el ‘subsidio’ no lo paga el Estado, si no cada ciudadano que realiza una carga de nafta”.

“Según el cálculo del economista Fernando Navajas, de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericana (FIEL), en la Argentina el barril de crudo cuesta alrededor de u$s 65, mientras que el precio promedio del mercado para el año está calculado en u$s 47. Esto significó una transferencia de u$s 5.000 millones de los consumidores al sector en el 2015, y podría representar unos u$s 3.500 millones este año.

DONDE TERMINA EL SUBSIDIO

Navajas estima que un 12% va a parar al bolsillo de las provincias petroleras en concepto de regalías, un 40% queda en el bolsillo de las empresas productoras de crudo y el resto va a la cadena de valor, en concepto de mayores precios a los proveedores, mejores salarios, etc”.

La decisión de mantener el precio sostén del barril en el mercado interno, luego de que bajó en el mundo de los u$s 100 a niveles de entre u$s 40 y 50, fue tomada durante la gestión del ministro de Planificación, Julio De Vido, el año pasado, y fue una de las pocas cosas que avaló de esa gestión el actual titular del ministerio de Energía, Juan José Aranguren. El argumento es que de otra manera caerían las inversiones en el sector y se vería afectado el empleo en la industria.

Los gobernadores de las provincias productoras hicieron fuerza ante el gobierno de Macri para mantener la política, ya que las arcas de los estados provinciales se ven engrosadas con las regalías que aportan las petroleras en cuestión.

Sin embargo, el impacto de pagar el combustible más alto de toda la región, podría significar una amenaza para la competitividad de todas las demás industrias, especialmente para las economías regionales, y le hace un flaco favor al intento de controlar la inflación.

"Mirado desde el punto de vista de las economías regionales no hidrocarburíferas, alinear el precio interno de los combustibles a la referencia de países vecinos implicaría ciertamente una baja en los costos de la logística", explica el economista de Fundación Mediterránea, Jorge Vasconcellos.

Un estudio reciente de IERAL, que cita Vasconcellos, muestra una significativa incidencia de los costos logísticos y de exportación medidos como porcentaje del valor de salida de planta de productos seleccionados. La incidencia es de 25% para los garbanzos cultivados en Córdoba, de 20% para limones de Tucumán, de 18% para manzanas del Alto Valle del Río Negro, el 10% para el maní de Córdoba y el 7% para el vino fino de Río Negro y Neuquén.

"Bajar los costos logísticos puede llegar a ser equivalente a una mejora de hasta el 10% en el tipo de cambio efectivo para los productos más afectados, pero esa es una tarea que debe abordarse de un modo multidisciplinario", dice Vasconcellos. Aunque el costo logístico no es sólo combustible, es incalculable el impacto sobre el empleo de economías regionales y la competitividad en las pymes que inyectaría un valor más bajo de los combustibles.

Fuente: El Cronista/Cecilia Boufflet