RAWSON (ADNSUR) - Estamos tapados de análisis que diagnostican las razones por las que Chubut está viviendo uno de los peores momentos de su historia. Y la verdad es que sobran elementos del pasado reciente para poner de relieve los errores que no se deben volver a cometer: internas, egoísmo, mirada cortoplacista, endeudamiento, corrupción, son algunos de los motivos de este desastre. Pero además de esta función que hemos llevado adelante en más de una oportunidad, el analista debe hacer otra tarea igual de importante: buscar las huellas hacia la recuperación, husmear en los recovecos que no están tan visibles dentro de esta difícil realidad y que puedan permitir creer que es posible salir del pozo.

Los chubutenses veníamos acostumbrados desde hace años a una manera de hacer política basada en la idea del mesías. Un líder personalista, un iluminado, detrás del cual se encolumnaba todo el resto, de un lado y del otro. La hegemonía llevaba, en vez de a la negociación, a la imposición y al miedo. Nos creímos que hacer política de estado consistía en ganar una elección tras otra, y así nos fue. Dejamos pasar los mejores años de bonanza sin pensar en el largo plazo, obnubilados por el éxito de los votos. El porcentaje de respaldo en las urnas llevó a una impunidad que se creyó eterna, como reza aquel adagio popular: "el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente".

Lo llamativo es que aún después del fracaso al que llevó esa manera de conducir, aún está muy presente en lo cotidiano esa política patotera. Algunos hechos de las últimas horas lo confirman: por ejemplo de una manera más evidente -podría decirse a la “vieja usanza”- un grupo de dirigentes de un sindicato ingresó esta semana a un despacho municipal en Trelew y agredió a piñas a un funcionario. No es la primera vez que ocurren ese tipo de hechos en ese municipio. Pero no se conoce que se tomen medidas, porque parece que todo se vuelve "normal". Y porque en vez de marcar un camino, la fuerza se sigue imponiendo, además del temor a perder votos.

Otro ejemplo de los métodos del pasado, más sutil en lo físico, pero aún más artero en las formas, ocurrió esta semana en el nuevo escenario para hacer politiquería que son las redes sociales. Fue cuando un asesor de una diputada twiteó una barbaridad: etiquetó al ministro de Economía dándole el pésame a la familia de Oscar Antonena, con la sigla QEPD. Esto se propagó lógicamente de manera exponencial, e inmediatamente generó una ola de preocupación y de mensajes hacia el funcionario, que como ya se sabe, es positivo de Covid19. Hubo quienes pusieron "me gusta" porque les causó gracia y festejaron la humorada, como hizo la cuenta oficial de una radio madrynense. Si fue una broma, fue de pésimo gusto. Y una muestra más de la política "chicanera", de golpe bajo. Las palabras de disculpas de sus superiores no alcanzaron, y ahora hay quienes piden la cabeza del abogado, que cobra un sueldo de la Legislatura.

 

LA ROSCA

A propósito de la Cámara de Diputados, está claro que es el seno por excelencia de la "rosca". No debe alarmar la negociación política, al contrario, es el oxígeno que hace vivir a la democracia. Pero siempre y cuando la cabeza esté puesta en trabajar en proyectos para sacar a la provincia de la crisis, más allá de las culpas que se quieran echar a la conducción del gobierno, que por cierto las tiene en mayor medida que el resto. Pero sería bueno saber realmente cuántos de los actuales diputados están concentrados en su función de legislar en proyectos de interés general, y cuántos en hacer valer su peso solamente para poner trabas.

Días atrás, la presidenta del bloque de diputados del PJ Frente de Todos, Adriana Casanovas, dijo a ADNSUR que el peronismo asume haber perdido las elecciones y no vino a la Cámara a tratar de ganar una guerra que ya perdió en las urnas. El mensaje es correcto, lo que no está claro es si todos los diputados lo entienden así, incluídos los del bloque "oficialista".

Esta semana que se aproxima volverá a ser clave, porque debe tratarse un nuevo endeudamiento para poder cumplir con el pago salarial a los empleados públicos en noviembre, el único remedio ideado por el gobierno para salir del apuro, salvo que llegue otra ayuda del gobierno nacional, tal como piden los dirigentes de gremios estatales. 

¿Cuál será la postura de los legisladores ante un asunto que no admite en principio un plan B? Hay que recordar que al aprobar el fideicomiso por $ 5 mil millones hace dos semanas, diputados del PJ y el interbloque decidieron recortar un porcentaje para que sea destinado a los municipios y comunas. Pero hasta este momento, cuando ya arribaron $ 2 mil millones, ningún intendente pidió al gobierno su parte correspondiente. Es de esperar que lo hagan en breve, porque si no va a dar la impresión de que el planteo de los diputados no estuvo basado en un reclamo de las municipalidades para afrontar sus obligaciones, sino simplemente en poner otra traba más.

 

EL OTRO CAMINO

El descrédito en los tres poderes es unánime, y tiene que ver con un deterioro institucional que se fue generando de manera paulatina, pero con gran aumento en los últimos años. Ni el Ejecutivo, ni la Legislatura, ni la Justicia, como tampoco los gremios y la dirigencia política en general, gozan de buena imagen entre la gente. Y así ven a Chubut desde afuera, como por ejemplo desde el orden nacional, desde donde se oyen voces de lamento porque es una provincia que no se deja ayudar, agobiada por sus discusiones internas, por peleas miserables de poder que impiden la llegada de acuerdos a largo plazo.

A esta descripción de un presente negro, hay que incorporar en este punto un dato fundamental: desde hace un año, con el último resultado electoral, se sumaron a la función pública una serie de caras nuevas en la mayoría de los municipios, de figuras que observaron lo que pasó Chubut en los últimos 20 años, y que tienen claro que no quieren repetir experiencias negativas. Al menos entre 15 y 20 dirigentes, en los que se cuentan intendentes de municipios y jefes de comunas, comparten un modo de accionar diario, que consiste en un intercambio permanente de ayuda en sus gestiones, sin banderías políticas, y con un mensaje claro de “bancar” la institucionalidad y respaldar al gobierno provincial ante cualquier intento de golpe de mando.

Desde la cordillera hasta la costa, pasando por la meseta, y la zona sur, el estilo de trabajo que los define es el de la comunicación permanente, el de los grupos de consulta, y especialmente, el de las gestiones en equipo. Uno podría ejemplificar a esta nueva camada en dos caras visibles que representan de alguna manera a la mayoría de sus colegas: son el comodorense Juan Pablo Luque y el intendente de Rawson, Damián Biss. Ambos muy jóvenes, uno del justicialismo, otro del radicalismo, son señalados en el ambiente político como el nuevo tipo de dirigencia que llegó para cambiar las cosas, algo que tendrán que cumplir luego en sus gestiones, en las que aún falta mucho camino por delante.

Lo que es auspicioso hasta aquí en estos 10 meses desde que asumieron en las nuevas intendencias, es la manera de encarar el trabajo. Por ejemplo, por el peso de una ciudad como Comodoro Rivadavia, y por compartir el color político del gobierno nacional, que le permite contar con una línea directa con la mayoría de los ministros del gabinete de Alberto Fernández -y especialmente con uno de sus asesores como el chubutense Julián Leúnda-, Juan Pablo Luque asumió el rol de “gestor” de la obra pública nacional en territorio local.

El resto de sus colegas reconocen que es a través del joven intendente comodorense que se logran destrabar los fondos que se necesitan para tal o cual inversión, o que puede hacer de nexo con algún ministro en Buenos Aires. El dato positivo, es que a nadie se le cae un anillo por llamar a Luque y pedirle una ayuda, por más que sea de otro palo político. Y el mismo Luque –según reconocen sus pares- no hace diferencias, bajo el lema “Comodoro no se salva solo”.

 

ADIOS AL ODIO

En el mismo sentido, Damián Biss es un ejemplo de las antípodas de la política del odio, que dominó a Rawson durante muchos años, condenando a la capital a vivir una de las peores crisis de su historia. La ciudad estuvo por mucho tiempo estancada en internas egoístas de poder, peleas por intereses particulares que sólo generaron atraso a los vecinos. Biss lo entendió al armar su proyecto político el año pasado, y construyó una alianza con la gran mayoría de los espacios, sin confrontar con nadie. “Es imposible pelearse con Damián” es una frase que se escucha en el ambiente, en alusión al estilo componedor del radical, que mantiene una excelente relación con el gobernador Mariano Arcioni.

La gente, harta de la vieja y caduca manera de hacer política, lo votó por amplia mayoría. Su estilo se diferencia de los históricos dirigentes provinciales de los diferentes partidos que siguen dominando los titulares de los principales medios, denostando a sus rivales políticos. Pero al vecino de a pie -no a los militantes que están pendientes de las cuentas de Twitter-, le interesan las propuestas para salir adelante, no las culpas ajenas.

Tanto Luque como Biss, con mayor visibilidad que otros colegas municipales que tienen la misma mirada, están marcando en sus gestiones el camino hacia el que debe ir la provincia. No se ocupan de las peleas de otros dirigentes en el pasado y una vez en el sillón, se olvidan de los colores partidarios, hasta que llegue un nuevo turno electoral, donde estarán en veredas opuestas. Pero mientras tanto, se debe priorizar la gestión en conjunto, para cambiar la realidad de la gente que los votó, y la que nos los votó también. Hay una hoja de ruta, para ver si de una vez Chubut deja atrás la nefasta política del odio.