COMODORO RIVADAVIA (Por Mirta Cámara / Especial para ADNSUR) - Todos conocen la parábola de la rana hervida: si se la introduce en una olla de agua hirviendo, salta fuera inmediatamente, pero si la olla tiene agua fría que se va calentando de a poco, la rana permanece en el agua hasta que hierve y para el momento en que comienza a morir ya está tan débil que es incapaz de saltar. Esta historia ilustra el peligro de acostumbrarse a una situación que se deteriora lentamente, hasta el punto de perder la capacidad de reacción. No será esto lo que nos ha estado ocurriendo a los comodorenses en los últimos años?

Nuestra aparente incapacidad para advertir el deterioro progresivo de la ciudad y hacer algo más que protestar con algún comentario en las redes sociales: ¿qué nos dice de nosotros mismos? ¿Será verdad, entonces, que somos apáticos?

Nuestra indiferencia, ¿se debe al mal clima, al desarraigo? ¿Es un paralelo a la actividad petrolera, extractiva y contaminante? Acaso todos los que han venido hasta aquí lo hicieron con la intención de hacerse ricos y luego volver a su tierra? ¿Y ese desapego lo heredamos los que nacimos acá? Es probable, pero además no escapamos de la idiosincracia nacional: nuestra tolerancia a la corrupción es altísima. Y esta combinación desafortunada es la que nos deja donde estamos ahora: con el agua al cuello, y burbujeando..

La típica frase ‘roban, pero al menos hacen algo’ muestra nuestro grado de naturalización de la corrupción. Desnuda un sentimiento de impotencia, una posterior resignación y una esperanza ingenua.

Pero el paso del tiempo nos ha demostrado que no sirvió de nada mirar para otro lado: se han llevado todo.

Y lo que pareciera que no acertamos a ver es que la corrupción no es un fenómeno ajeno, que ocurre en las altas esferas y que poco tiene que ver con nuestra vida cotidiana. Es dinero que no fue invertido en educación, ni salud, ni obras, ni en los servicios más básicos. En el mejor de los casos obtenemos alguna obra de prioridad discutible: no tenemos agua, gas, las cloacas rebalsan, las playas están contaminadas, el basural sigue allí, pero el aterrazamiento del Chenque sigue viento en popa..

Repasemos sólo algunos temas:

Pero el nuevo síntoma que demuestra hasta dónde llegó la gravedad de la situación es el círculo vicioso de las pérdidas: durante el verano las redes obsoletas se rompen a causa de los cortes, comienza a perderse una cantidad de agua cada vez mayor, que obliga a más cortes, lo que lleva a más roturas y así seguimos durante el invierno.. Y además del derroche ridículo de agua potable, los cráteres por la acción continua del agua en el asfalto empeoran el estado ya deplorable de las calles, que no cuentan con un mínimo mantenimiento.

El año pasado vimos el circo derivado de esta situación de locos: como la SCPL no tenía recursos para las reparaciones, en febrero viajaron a Bs.As. junto a autoridades municipales a pedir dinero. Entonces comenzaron los tironeos con el sindicato: finalmente luego de varios meses (y las renuncias del gerente y el presidente), anunciaron que en junio comenzaban a trabajar las cuadrillas. Los trabajos concluyeron para octubre, menos mal.. hubo un mes para que se sequen las calles antes de que empiecen los cortes de diciembre..

Cloacas: el desborde creciente de los sistemas cloacales nos inunda de porquería hasta en pleno centro de la ciudad. Y las playas? Habilitan un par cada verano: quizás no les da la cara para reconocer que están todas contaminadas: hace rato que se vierten los desechos sin el tratamiento adecuado y a poca distancia de la costa.

Pluviales: el clima cambia, las lluvias son más violentas y muchos barrios se inundan: no hay pluviales, o los que hay no alcanzan, o lo que es peor: se usan como cloacas a cielo abierto y ni siquiera los mantienen: en el canal de avda. Roca crecen árboles entre la basura..

El camino de circunvalación: luego de varios accidentes fatales, continuos atascos del tránsito, un proyecto que estaba listo en 2009 y 6 años desperdiciados, estamos peor que nunca: en la nada. Eso sí: en las próximas semanas volverán las promesas, teniendo en cuenta que el corte de la ruta por tres meses en Km 3 por la obra del pluvial de avda Quintana va a dejar a media ciudad con los nervios crispados.

CORRUPCIÓN Y CONSECUENCIAS

Las consecuencias de la corrupción, de décadas de desidia y abandono, están a la vista cada vez que salimos a la calle. Todos esos años de vacas gordas y precios internacionales altos fueron oportunidades perdidas para esta ciudad. Nos hemos acostumbrado a la decadencia, a vivir en un lugar que cada vez se parece más a una villa (miseria), a pesar de que genera gran parte de la riqueza de la que vive toda la provincia.

Hay que dejar de mirarse el ombligo y empezar a vernos como integrantes de una comunidad, tomar conciencia de que todo lo que pasa nos afecta de alguna manera. Sacudirnos la modorra, abrir los ojos, estar atentos, informarnos, recordar, desconfiar, asumir compromisos. Busquemos herramientas y espacios adecuados para participar, preguntar, denunciar y reclamar, y no quedarnos en la catarsis ocasional.

Recuperemos la capacidad de reacción y también la objetividad: no perdonemos todo por fanatismo partidario, lo que está mal está mal sin importar quién lo haga. Y en realidad debería ser al revés: deberíamos ser más vigilantes del accionar de aquellos a quienes votamos, ya que somos responsables de que ocupen ese lugar.