CAPITAL FEDERAL - Nada parece alterar la calma en el señorial edificio de la calle Bartolomé Mitre, a metros de la Casa Rosada. Por el movimiento que perciben los encargados de la seguridad, ni Mario Cimadevilla ni sus veinte empleados parecen haberse anoticiado de la decisión del ministro de Justicia, Germán Garavano, de diluir la Unidad UFI-AMIA, que tiene como misión encontrar a los responsables del atentado a la mutual judía de julio de 1994, y apartar de allí al ex senador radical, enemistado de manera definitiva con el ministro.

"Soy un orgánico, estoy acá por mi partido", les dijo el volcánico funcionario a varios de los principales referentes de la UCR. También lo escribió en las 32 carillas que le envió a los dirigentes radicales, algo azorados por el tono que está tomando la disputa.

Tampoco parece de acuerdo con que su unidad pase, como se anunció, a la órbita de la Secretaría de Derechos Humanos que encabeza Claudio Avruj, con menos atribuciones. "Nos dice que Avruj es cercano a (Rubén) Beraja, uno de los acusados por encubrimiento en el juicio. Y que la secretaría no tiene atribuciones para manejar esta unidad", contó, por lo bajo, un funcionario que leyó y escuchó los argumentos de Cimadevilla.

En los días previos a los alegatos del Estado en el juicio, el 1 de febrero pasado, Garavano se enteró de que Cimadevilla y el abogado de la Unidad AMIA Enrique Ventos pensaban acusar y pedir la condena de los fiscales Mullen y Barbaccia. El Ministerio de Justicia decidió apartar al abogado Ventos y designar en su lugar a José Console, actual secretario del Tribunal Disciplinario de Boca Juniors, llegado a la UFI-AMIA en junio de 2017 y al presidente de ese club, Daniel Angelici. Arrogándose la representación de los ocho abogados de la UFI-AMIA Console pidió la absolución de los ex fiscales Mullen y Barbaccia, lo que le valió el enojo no sólo del ex senador sino también de Carrió, que había recomendado la incorporación de Stilman, y que denunció que la maniobra buscaba proteger a los fiscales por cuestiones de "amistad personal" con Garavano y otros miembros del Gobierno.

Jaime Rosemberg/La Nación