COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR / Informe Especial) - Tras el violento cierre de presentación de listas que terminó en una salvaje golpiza a integrantes del sector encabezado por Guillermo Almirón, que pretende competir por la intendencia en uno de los lineamientos justicialistas del denominado Frente de Todos, resulta llamativo que nadie parece preocupado por las víctimas de la agresión. Ni el Partido Justicialista en forma institucional, ni los protagonistas en forma individual, han expresado una condena clara a la manifestación violenta, que tuvo graves consecuencias al menos para una de las personas involucradas.

Salvo expresiones genéricas, en las que el intendente Carlos Linares puso más énfasis en pedir disculpas públicas al diputado Jorge Taboada (por no poder cumplir la promesa de que él sería el nuevo candidato a diputado nacional), antes que cuestionar la violencia, la intolerancia y la agresión, los protagonistas parecen tomar en forma liviana un hecho grave. Ni siquiera se conoce una actuación policial para determinar a los responsables del salvaje ataque sufrido por los dirigentes afectados.

Sin la actitud clara para condenar la violencia, ¿Cuál es el compromiso para que este tipo de hechos no se repita? ¿Cuál es la garantía de que ante el próximo desacuerdo político-electoral, no terminaremos nuevamente con golpes, patadas y vidrios reventados? Hasta aquí, todo apunta a decir “esto no es el justicialismo, no se puede involucrar a todo el partido como pretenden hacer creer algunos” y otras expresiones similares.

Si hasta uno de los actores principales, el actual diputado y futuro candidato a retener su banca, Santiago Igón, se permitió salir a ejercer ese rol de dirección editorial que tanto seduce a algunos políticos: “No estamos de acuerdo con ningún hecho de violencia. Las cosas se dieron así, más allá que esa noticia no es la agenda”, dijo el legislador nacional, según reprodujo diario Jornada. Está claro que la agresión está en la agenda de pocos, para tranquilidad de los cultores del “siga siga”.

Obviamente, este tipo de hechos no representa a todo un sector político, tan amplio y respetable como el justicialismo; tampoco puede extenderse a todos los integrantes de un sindicato que representa a los trabajadores camioneros. Sin embargo, el silencio y la indiferencia, la apuesta al “todo pasa”, termina provocando el efecto contrario. No determinar responsabilidades claras y condenar con énfasis estos hechos implica, por omisión de acciones necesarias, convalidar esta práctica.

Algunos silencios resultan, paradójicamente, mucho más ruidosos que cualquier tipo de discursos tardíos.

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