COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Tal como anticipó ADNSUR, en el proyecto de renegociación de deuda externa prevé añadir entre las garantías para el cumplimiento de pagos a futuro, los recursos a percibir por coparticipación federal de impuestos u otros que reemplacen tales ingresos en el futuro. Aunque la necesidad de reprogramar vencimientos es grande, ya que hasta el año 2023 se deben afrontar pagos por 392,8 millones de dólares, los riesgos de las nuevas condiciones podrían proyectar un escenario más incierto aun para dentro de tres años.

Si bien urge reprogramar los vencimientos de la deuda externa provincial, algunas de las condiciones de ese pacto podrían implicar consecuencias no deseables para dentro de un período relativamente corto. Y aunque para ello debería cumplirse la hipótesis más negativa, no está de más recordar que cuando se colocaron los bonos actuales nadie se preocupó tampoco en proyectar el escenario más pesimista.

Alguien podría pensar que hubo un exceso de optimismo; pero en gestión pública el término más adecuado es “imprevisión”, sobre todo porque la experiencia petrolera muestra que crisis como las actuales (más allá del coronavirus) han resultado frecuentes.

El costo de “patear” vencimientos por casi 393 millones de dólares

Si se logra el objetivo de prorrogar los vencimientos hasta 2023, la provincia se liberaría temporalmente de un pago de 170,3 millones de dólares en 2021 y otros 155,5 millones de dólares en 2022. Suponiendo que el acuerdo llegue antes de julio, se evitarían además otros 67 millones de dólares en vencimientos que esperan hasta fin de año. Un total de 392,8 millones de dólares, es decir unos 26.500 millones de pesos al cambio actual. No es una solución total (equivale a casi 6 masas salariales de la provincia, aunque esparcidas en tres años), pero resulta indispensable.

El problema, sin embargo, puede estar en las condiciones que se pacten para obtener este indiscutible oxígeno para las cuentas públicas. Colocar a la coparticipación federal de impuestos, además de las regalías petroleras que seguirán comprometidas para el momento en que se retome el pago, podría significar una provincia totalmente desfinanciada (sí: más que hoy, aun) si se volvieran a combinar variables que, está claro, pueden ocurrir en un mundo cada día menos previsible.

Para ello basta observar la caída de recursos de los últimos meses: con regalías en baja y la coparticipación también en retroceso, si hubiera que recuperar el pago en un escenario como el actual (para lo cual no es necesario una pandemia, sino una crisis habitual del mercado petrolera y una paralización económica, no menos frecuente, en nuestro país) podrían no alcanzar tampoco esos recursos, ni siquiera después de dejar a la provincia en cero.

Cabe preguntar entonces cuál sería entonces el siguiente paso. Conviene seguir de cerca este proceso para evitar sorpresas en el futuro cercano.  Aun en presentes tan crudos, conviene no perder de vista que mañana podría ser peor.