El ganador sucederá al presidente conservador Sebastián Piñera al frente de un país en efervescencia política y en virtual refundación tras un estallido social en 2018 que reclamó mayor igualdad y que logró su cometido de empezar a elaborar una nueva Constitución.

Boric es un diputado de 35 años, la edad mínima para ser presidente de Chile, que nació en la sureña región de Magallanes y fue un reconocido líder estudiantil.

Entre sus propuestas figuran garantizar los derechos básicos universales y de las minorías, la libertad sexual e igualdad de género; además de enfrentar a un defensor de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) como es Kast, algo inédito en Chile desde el retorno de la democracia, en 1990.

Desde la otra vereda, Kast es un exdiputado y abogado de 55 años, que durante su campaña se negó a calificar el Gobierno de facto de Pinochet como una dictadura y se declara partidario de las políticas del mandatario brasileño Jair Bolsonaro.

Entre sus promesas de campaña, que ha moderado para este balotaje para captar el voto del centro, destacan el orden y la seguridad y mantener el modelo neoliberal pinochetista cuestionado en las calles por las protestas de 2018.

Ambos candidatos han moderado sus discursos luego de la primera vuelta del 21 de noviembre, donde Kast obtuvo la primera mayoría con el 27,9% de los votos (1.961.122 sufragios) y Boric fue segundo con 25,8% (1.814.809).

A pesar de representar extremos políticos, en el último mes ambos candidatos sumaron a sus planes de Gobierno propuestas de los candidatos de centro izquierda y centro derecha para alcanzar el necesario 50% más uno de los votos para convertirse en el sexto presidente desde el retorno a la democracia.

Los resultados de estas elecciones son una incertidumbre, ya que las últimas encuestas han dado triunfos tanto al candidato de izquierda como al de derecha, pero siempre en un estrecho margen, por lo que la mayoría de los expertos esperan un resultado muy ajustado.

Otra de las dudas es la cantidad de votantes que irá a las urnas, ya que el voto es voluntario en Chile, e históricamente asiste el 50% del padrón.

Están habilitadas para votar casi 15 millones de personas, que deberán respetar un estricto protocolo sanitario por el coronavirus, que contempla distanciamiento social, el uso de barbijo y alcohol gel dentro de los más de 2.800 centros de votación.

Las mesas, que abrieron a las 8 de la mañana, cerrarán a las 18 horas, en un ambiente polarizado que no se vivía en las calles de Chile desde hace tres décadas.

El ganador deberá asumir el 11 de marzo próximo con un Congreso equilibrado entre fuerzas políticas de derecha e izquierda, y entre sus desafíos deberá llamar a los cuatro meses de su mandato a un plebiscito de salida para que los chilenos aprueben o rechacen el nuevo texto constitucional que está escribiendo la Convención Constitucional.

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