COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) -  “Con una buena cosecha nos salvamos”, solía decirse en ámbitos nacionales en torno a la expectativa económica generada por los productos del campo, algo que en la práctica sigue ocurriendo. 

En las pampas patagónicas, la frase podría adaptarse: “el barril de petróleo, ¿subirá para salvarnos?”, podría ser la pregunta adaptada a los rojos números de la economía chubutense. 

La respuesta no es sencilla, aunque posiblemente admita más de un resultado, según las decisiones que se tomen, a la manera de aquellos viejos libros juveniles, del tipo “elige tu propia aventura”.

Por el lado de los precios del barril, mirando al mercado internacional, las señales recibidas sobre el final de la semana permitieron alentar una esperanza para el próximo lunes. Las tensiones geopolíticas por el conflicto entre Estados Unidos e Irán hicieron elevar los precios de los crudos de referencia, aunque la alegría del funcionario que sigue esos datos no es duradera.

Tanto como esas tensiones pesa el enfriamiento general de la economía mundial, sumado al conflicto comercial Estados Unidos-China, por lo que el resultado esperable en base a esas tensiones de los últimos meses mostraría la siguiente proyección: puede que el barril tipo Brent siga subiendo hasta acercarse a los 68 dólares –no se pretende en este espacio esbozar un pronóstico, algo imposible para los analistas internacionales y locales, sino simplemente observar lo que pasó en este último tiempo-, para inmediatamente volver a bajar hasta los 63, como viene ocurriendo en las últimas semanas, manteniéndose la cotización en esa misma banda de fluctuación.

Se produce más petróleo, pero no alcanza para tapar todos los agujeros

Lejos de las tensiones en el Estrecho de Ormuz, por donde circulan buques con un quinto de la producción mundial petrolera, en la provincia de Chubut la única variable que depende de decisiones locales o regionales se vincula con los volúmenes de producción.

En ese aspecto, si bien la tendencia se mantiene en alza, el margen para el optimismo es más bien moderado: en junio la producción de crudo subió 2% en relación a igual mes del año pasado, mientras que en el primer semestre se acumula un 2,6% de alza en relación al mismo período de un año atrás. 

Así, entre un período y otro se produjeron casi 687.000 barriles más de crudo en la provincia, pero esa mejora queda limitada por algunos factores que inciden negativamente.

Para los meses por venir, dos elementos pueden incidir positivamente en las cuentas provinciales: que terminen imponiéndose las tensiones geopolíticas y que el precio internacional dé un salto hasta superar los 70 dólares (es necesario recordar que las retenciones a la exportación recortan los precios internos, en casi 7 dólares menos).

 Y, al mismo tiempo, que la producción petrolera volviera a confirmar una suba en algunos puntos más que los reflejados en la primera parte del año, lo que parece difícil pero no imposible, si es que se cumplen anuncios formulados recientemente en torno a la actividad de determinadas operadoras.

También habría una forma de lograr una suba indirecta de precios para provocar un incremento de las regalías, pero esa puerta parece ya cerrada: el gobierno nacional no se muestra dispuesto, pese a los reiterados reclamos, a modificar el esquema actual de retenciones que pesan sobre la exportación de petróleo.

¿Podría el gobierno nacional atemperar el gravamen, como lo hizo para producciones agropecuarias recientemente?

 La esperanza que puede plantear esta columna es que el presidente Macri no escuche al golfo San Jorge, sino al menos que responda ante su desmedido encantamiento por Vaca Muerta: en breve habrá excedentes de petróleo para exportar desde las áreas no convencionales neuquinas, por lo que en ese punto las retenciones empezarían a ser un problema que seguro será abordado con la permura del caso (la conocida necesidad de “dar señales claras a los inversores”). Tal vez por ese lado pueda colarse algún beneficio para esta región, que sigue aportando –paradójicamente- la mayor producción de petróleo del país.

Los 105 palos verdes para seguir rascando la olla

Mientras las cuentas públicas navegan aguas turbulentas, hay quienes prestan atención a algunos números finos de la economía provincial. 

Un primer dato: todavía existiría un remanente, de alrededor de 105 millones de dólares, de los 650 millones que colocó Mario Das Neves al inicio de su tercer gobierno y que hoy forman parte del endeudamiento de 1.006 millones de dólares que afronta la provincia.

Según contó una calificada fuente a esta columna, ese monto remanente está depositado en el Banco Chubut y forma parte del FUCO (Fondo Unico de Cuentas Oficiales) que permite al Ejecutivo girar en descubierto hasta un 95% del total de ese monto guardado.

 Como se trata de deuda tomada en su momento con fines específicos (una parte, para hacer obras) la provincia no podría disponer de los 105 millones de dólares (más de 4.000 millones de pesos) para gastos corrientes, pero sí puede usarlos financieramente para “pedalear” en el complicado panorama que seguirá afrontando.

El riesgo en ese marco es que si usa más del límite permitido, el Estado se estaría endeudando con el Banco Chubut, en montos que le será luego imposible restituir. Más grave aún: en el momento en que se cruce ese límite, dejarían de estar disponibles los fondos para seguir garantizando el giro que ha permitido hasta aquí, aun con pinchazos y parches, que la bicicleta siga andando.

Lo interesante de este hilo es que ayuda a repasar qué pasó con el resto de los 650 millones de verdes: algo más de 100 fueron a los municipios, que los usaron en su mayoría para gastos corrientes, mientras que del resto, una mitad debía destinarse al pago de deuda consolidada hasta 2016 (lo que se concreta a través de los llamados TICADEP, con lo cual se canceló, recientemente, la deuda existente con YPF).

 Del resto, una mitad fue a obra pública y los otros 105, a sostener el FUCO.

Un tema financiero, técnico y aburrido, pero que los ciudadanos de a pie podremos entender mejor así: el último tarro del que por ahora (“solamente por ahora”, decía aquel insoportable relator de fútbol), se puede seguir rascando.