CAPITAL FEDERAL (ADNSUR) - A fines del año pasado, Verónica Chávez se animó finalmente a denunciar a su padre. Le llevó 23 años, problemas alimentarios y dos intentos de suicidio.

Hace unos meses pudo contar que su papá había abusado de ella desde los 12, dio detalles de su calvario ante la policía y también escrachó a su abusador unos meses después a través de las redes sociales. El hombre sigue libre, y ahora es líder de una Iglesia Evangélica.

Los abusos empezaron en 1992 en la casa que la familia tenía en la localidad bonaerense de González Catán. El abusador buscaba quedarse a solas con ella y la amenazaba con lastimar a su mamá o a su hermana si ella se negaba o se lo contaba a alguien. La sometía todos los días.

A los pocos meses Verónica dio las primeras señales de su calvario. Tuvo problemas con la alimentación que la llevaron a iniciar un tratamiento en el instituto ALUBA (Asociación de Lucha Contra la Bulimia y Anorexia) y unos años después, en 1996, tuvo su primer intento de suicidio. Buscó entonces contención con un psicólogo, pero la respuesta que obtuvo fue otro golpe: "Me dijeron que la culpa la tenía yo", dijo en diálogo con Crónica. 

Cuando la joven empezó a estudiar Trabajo Social a los 26 años, el contacto con sus compañeras la animó a compartir con ellas lo que le ocurría y ése fue el primer paso para salir del círculo en el vivía. 

En 2010 se mudó a vivir sola, pero tampoco de esa forma pudo escapar por completo de su infierno. Su papá aparecía sin aviso en el departamento y volvía a atacarla. "Me pagaba el alquiler o entraba a la fuerza y buscaba la forma de que yo no pudiera negarme y me sometía sexualmente", relató. 

La internaron en el Hospital Santojanni cuando quiso quitarse la vida por segunda vez, pero los médicos le pusieron la condición de que fuese a vivir con sus padres para darle el alta. Así volvió a estar cerca de su abusador nuevamente.

En 2015 se mudó de nuevo, pero no le contó a dónde a su familia. "Se puede decir que me escondí", detalló. Empezó también a frecuentar grupos feministas y de sobrevivientes de abusos, que la ayudaron a sobrellevar la situación hasta que tres años después presentó la denuncia formal en la UFI especializada en Violencia de Género de La Matanza y a mediados de este año, expuso a su padre en las redes sociales. "A raíz de eso, una antigua vecina de González Catán se contactó conmigo y me contó que mi abusador se hizo evangélico y en su casa hace reuniones con otros creyentes", señaló.

Verónica contó además que su padre todavía no declaró en la Justicia. "Si bien lo llaman para notifcarlo, él no aparece y tengo miedo de que se escape", aseguró. 

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