RAWSON - En 2010 le habían otorgado la guarda de la menor. Convivió con la nena desde sus 5 años. Aprovechaba cuando la madre se iba a trabajar y ultrajaba a la niña.

Él trabajaba en la Escuela Politécnica 702. Faltaba un promedio 4 días por mes. La nena también faltó varios días, los mismos que su padrastro. La hacía simular descomposturas. Era la manera de quedarse solos.

La noche de un domingo de abril de 2012, la chica se escapó de su casa, ensangrentada, descalza y en pijama, golpeada por su madre. Se refugió desesperada con sus tíos, que la internaron en el Hospital Santa Teresita de Rawson. “Me va a matar”, lloraba y temblaba. No quería ver a su madre ni a su padrastro.

La fiscal Pereira llegó al nosocomio y la encontró muy golpeada.

Sus tíos relataron que en algunas visitas en la casa, habían visto cómo el hombre y la nena salían juntos de una pieza. O que él se quedaba en el baño cuando ella se duchaba. La madre decía que “no había problema”.

La vicedirectora de la escuela de la nena reveló que Echegaray hablaba de ella con comentarios agresivos y amenazantes. “Decía que la mandarían a un internado si seguía causando problemas o que la cambiaría a la escuela donde él trabaja para vigilar todo lo que ella hace y que no lo haga quedar mal”. No explicó las inasistencias de la nena.

Los tíos le contaron a la fiscal que era un hogar pobre con “maltratos y golpes”. El acusado ya había sido procesado por “abuso deshonesto” por Jorge Pfleger, ministro del STJ, cuando era juez en Trelew.

SOSPECHA

Con estos antecedentes y la nena internada, Pereira sospechó. Una pericia ginecológica confirmó la violación. La víctima también lo admitió. El juez de Familia de Rawson ordenó una prohibición de acercamiento de la pareja a la nena, para evitar más agresiones.

En su declaración en Cámara Gesell, relató abusos de Echegaray desde sus seis años. El portero amenazaba matar al resto de la familia si se negaba o contaba.

Los psicólogos constataron el “estado de violencia verbal y agresividad” que se vivía en esa casa. Se verificó que la madre ocultó el abuso. “Silenciaba a su hija respecto a las situaciones de maltrato y abuso sexual infantil, produciendo en la menor un castigo emocional”.

Los psicólogos hallaron en la niña “miedos nocturnos” que indicaban un trauma grave.

En una carta a una compañerita, hallada en un cuaderno, escribió: “Está mal, me violaron, voy a tener un hermanito, nace en agosto y es varón”. Se lo confesó a una tía. No quería volver a su casa.

Tenía terror de quedarse a solas con su padrastro. “Era reducida prácticamente a un objeto, la abusaban, la golpeaban, la castigaban y amenazaban constantemente”. 

Ante los especialistas lloraba todo el tiempo, bloqueada. No dormía. Pedía cerrar puertas y ventanas.

Hasta el Jardín de Infantes había sido una nena sin problemas, desenvuelta, alegre y locuaz. En la escuela primaria tuvo un cambio abrupto. Con 9 años estaba en 5° grado pero su rendimiento escolar era de una nena de 3°.

Con esa edad la obligaban a lavar platos, hacer las camas, limpiar la casa. No le permitían jugar, salir afuera, tener amigos y contacto familiar con tíos y primos. No tenía hábitos de higiene ni alimentación ni escolares. Por ignorancia y no por rebeldía, no aceptaba límites. Se quedaba muchas horas en su casa y pedía a sus hermanos que no la dejaran sola. No confiaba en nadie. Los fines de semana era común que esté en penitencia contra una esquina.

Costó que contara los abusos. Mucho tiempo evitó a los varones y el afecto físico como abrazos y caricias. Los interpreta mal. Estuvo devastada física y emocionalmente pero el rescate de sus tíos la mejoró.

Echegaray está preso en el Centro de Detención de Trelew. Según su examen psicológico, registra “conflictos a nivel sexual”. Neurótico, intentó seducir a la perito “con intención de manipular las entrevistas”.

La madre tiene prohibición de acercamiento y está imputada por lesiones leves. Desde abril cumple una suspensión de juicio a prueba. Todavía niega los hechos y se queja de su hija. Indiferente, privilegia su confort.

CASI QUEDA LIBRE

El caso casi queda impune. Es que tras la internación de la nena, el juez Sergio Piñeda ordenó la detención del padrastro. Pero los jueces Patricia Asaro y José García lo liberaron porque según los defensores públicos Sergio Rey y Marco Nápoli, la fiscal se había excedido en sus facultades al ordenar una pericia cuando ni siquiera había denuncia.

La fiscal apeló, ya que el abuso de una menor se puede investigar sin denuncia. Los jueces podían decidir la prisión preventiva pero no anular la pesquisa. Asaro y García rechazaron la queja y cerraron el expediente.

El caso llegó al Superior. Pereira argumentó que dejar libre a Echegaray equivalía a declararlo inocente. Y que se violaban los derechos de la niña al no dejar investigar a un fiscal, visto el nulo interés de la madre. El Superior le dio la razón y consideró “arbitraria” la decisión de Asaro y García. Así el caso empezó de cero.

“La palabra ´abuso´ no es lo suficientemente desagradable como para describir lo que algunos hacen a los niños”, diría el fallo final. Fuente: Jornada

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