“Salió a correr y simplemente desapareció”, rezan los afiches que empapelaron gran parte de la ciudad en el 2016 y que pedían ayuda para encontrar a Nicolás Capovilla, desaparecido el 26 de enero de ese año -como tantas otras personas en Comodoro Rivadavia- sin rastros ni pistas que puedan indicar qué fue lo que pasó. Su hermana Cecilia, con quien compartía el patio de su vivienda, fue la última persona con la que tuvo contacto. Esa noche de verano, a la 1 de la mañana, se puso la mochila de hidratación que había pedido de regalo para Navidad y salió a correr como lo hacía habitualmente por la zona de la costanera y ruta 3 hacia zona norte. Pero no regresó. La familia pide solidaridad a quienes hayan visto algo o tengan algún dato que ayude a encauzar la investigación.

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El caso tuvo repercusión en los medios nacionales por un familiar directo de Nicolás que vive en Buenos Aires y  se puso al frente de la búsqueda. Incluso, en 2018 el Ministerio de Seguridad Nacional ofreció 250 mil pesos a quien aportara datos para dar con su paradero, pero nadie se presentó.

“Para Nicolás salir a correr era una herramienta que usaba para descargar energías, para estar más tranquilo, para poder dormir porque tenía el sueño cambiado, no tenía un horario fijo. Él no se fijaba en la hora sino en la impronta de salir a trotar, de hacerle bien al cuerpo. A mí no me hubiese llamado la atención de que hubiese salido a esa hora”, explica Cecilia Capovilla, hermana en relación a la salida a la 1 am.

Desde hacía un año estaba sin trabajo formal, era Reikista y atendía en su casa donde había montado un consultorio. Con Cecilia vivían en casas separadas pero compartían el patio y mantenían un contacto permanente. “Cuando me fui a trabajar veía que estaba todo cerrado y di por sentado que estaba durmiendo. Vuelvo de trabajar y la misma escena: pensé que había salido. Ya al otro día que me levanté y vi que seguía todo igual me empecé a preocupar y ahí abrí la puerta que estaba sin llave, me encontré con la cama hecha, los documentos y todas las cosas de él. El celular, la billetera, el carnet de conducir. Prendí el teléfono y empecé a llamar a todas las personas que veía habitualmente a todos mis familiares y nadie lo había visto y de ahí no lo vimos más”, relata Cecilia.

Nicolás Capovilla lleva cinco años desaparecido: “salió a correr en Comodoro y nunca regresó”

Su mamá, Cristina Villata, estaba fuera de la ciudad cuando desapareció Nicolás y volvió de inmediato para ponerse al frente de la búsqueda. “Yo nunca voy a olvidar la primera vez que tuve la entrevista con la fiscal –en ese momento Mónica García-. Fue muy dura; me dijo las hipótesis sobre las que estaban trabajando. Le pregunto por los canes, me dijo que había que tener un dato más preciso  porque a los canes no los podes mandar a que busquen en un ámbito como Comodoro Rivadavia. Tenés que tener un espacio mucho más restringido. Si esto es así podemos mandar a buscar al can a Rawson. La miro y le digo ¿Cómo el can? Para buscar personas había uno solo en Rawson. Se vio la pobreza de los recursos materiales. Este equipo de gente que se manejó de manera muy comprometida y muy en sintonía con el dolor de todos nosotros trabajo primero una serie de hipótesis donde todos éramos sospechosos”, lamenta Cristina.

La falta de cámaras, una constante

Pasaron siete meses hasta que se accedió a las cámaras de seguridad y se obtuvo  la única imagen que lo muestra corriendo por calle Sarmiento en la zona del Colegio María Auxiliadora. Su familia logró reconocerlo con ropa deportiva y la mochila de hidratación que había recibido de regalo de Navidad.

“Nos pusimos muy contentas, pero cuando se intentó seguir esa línea ya era tarde; no había cámaras que funcionen correctamente en la ciudad. Había que ir buscando posibilidades de cámaras privadas y ahí uno se topó con la realidad de que las cámaras privadas al mes borran, era tarde”, señala la familia. En forma inmediata, la Policía trató de identificar las patentes de los autos que circulaban en ese momento por calle Sarmiento, pero nadie aportó datos.

A los tres meses de desaparecido Nicolás, su hermana Cecilia fue diagnosticada de cáncer y desde ese momento todo fue más duro para la familia. “Cuando desaparece una persona mi ideal es que se trabaje en conjunto, tanto del lado de las instituciones como parte de la ciudadanía. En un momento, al no tener nada de qué agarraron lo que necesitaban era saber si alguien sabía algo, si alguien lo había visto, pero nadie dice nada. Me encontré con una calidad humana bastante baja y la verdad es que estuve un tiempo muy enojada”.

La esperanza intacta

Para las familias de desaparecidos las hipótesis suelen confundirse y solaparse con los deseos de encontrar vivo a ese ser querido. “He pensado muchísimas cosas en la soledad, ayudada por otros a pensar y hoy en día no te podría decir porque no sé si es lo que realmente pienso –dice Cristina-. Me agarro de estos relatos de personas que desaparecieron y volvieron a los años; hay una multitud de posibles hipótesis. Yo las feas las he tenidos, cada tanto me asaltan y trato de desecharlas. Tengo el deseo de que Nico alguna vez vuelva, nosotros estamos apostando a que alguna persona diga algo que se transforme en una especie de pista para lograr alguna información porque esto de no saber nada es desesperante, re doloroso”.

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En casi todos los casos de familiares que buscan y esperan a un ser querido que está desaparecido apelan a la empatía, la solidaridad de aquel que vio algo, sabe algo y por alguna razón guarda silencio. En Comodoro Rivadavia en los últimos 30 años desaparecieron más de 25 personas.

 “Nosotros hablamos de Nico, nos acordamos de Nico, hablamos de él como si estuviera, los 21 de julio que es su cumpleaños lo festejamos, hay como un sustrato de esperanza”, señala su mamá.

En el caso de Cecilia, “yo oro todos los días y trato de llegar a su corazón esté donde esté y me aferro a eso, con la fe de que aparezca en algún momento”, confiesa.