La triste historia tiene como protagonista a Gabriel Dorrego, quien estaba a cargo de una pyme en Burzaco, Buenos Aires y ostentaba un récord negativo: le robaron ocho veces en tres meses. El último registro delictivo ocurrió el pasado viernes, donde delincuentes le desvalijaron las oficinas de su fábrica en ocho horas.

Cansado de la inseguridad, él se rindió: pegó el portazo y decidió irse de Argentina. "Prefiero poner un kiosco en otro país y no seguir trabajando acá", comentó.

El pequeño empresario se dedica a la venta de baldosas y mobiliario urbano de hormigón en el Parque Industrial de Burzaco, en el partido de Almirante Brown. Después de las primeras intrusiones a su empresa, probó de todo: alambres de púa, cadenas, cámaras de vigilancia y hasta hizo barricadas y bloqueó ventanas con el mismo cemento que vende. Incluso hay un domo de seguridad de la municipalidad.

"Vendo la pyme. Ya la vendí, directamente. Pagámela en cuotas, como quieras, no me importa, pero me voy. Prefiero ponerme un kiosco en cualquier otra parte del mundo y no seguir trabajando acá", se lamentó en dialogo con Canal 13.

Ya tiene los pasajes y sus hijos se anotaron en la facultad en España, donde a fin de año se instalará con su familia. Y sabe a qué se dedicará: venderá carteras producidas en la Argentina.

El hombre declaró que se irá del país porque se cansó de la inseguridad
El hombre declaró que se irá del país porque se cansó de la inseguridad

"La fábrica ya la vendo, ya me fui. No tengo más nada para hacer acá", agregó. Sobre las ventanas tapiadas y las barricadas. Ahora quedó un bunker, nadie quiere trabajar acá, obviamente", agregó.

"Estoy cansado, me cansaron. Escuchás a los políticos y no podés creer las barrabasadas que dicen, porque vos vivís en la jungla total acá y te hablan de cosas que son banales para nosotros. La realidad es otra. Los invitaría a que se acerquen al conurbano para que vean lo que es esto", declaró en TN.

"El problema no es que te roben los DVR (videos de vigilancia). Si fuera ese el problema, uno va subsanándolo con el trabajo. El problema es que vos venís todo el día de un problema tras el otro, con el gasoil, con los impuestos, con que la AFIP te hace un embargo. Siempre estamos atrasados con los impuestos... Terminamos siendo delincuentes", añadió.

"En la pandemia, saltaban el paredón y se robaban las chapas, de a cinco o diez por vez", relató. Eran los vecinos quienes lo alertaban sobre los robos de bolsas de cemento: "Me llamaban para avisarme que las estaban vendiendo en el barrio".

"Tenés a un montón de gente que tiene planes, todo el tiempo con planes, entonces no conseguís gente para trabajar", expresó Dorrego. "No quieren trabajar, no hay mano de obra. Dicen que falta empleo, es mentira: acá el que quiere trabajar tiene empleo", culminó.

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