COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Francisco “Pancho” Martínez, Eduardo Chandía Tapia y Daniel De Vigili -con un fuerte prontuario en la región- fueron los delincuentes que ingresaron a la distribuidora “La Salteña” ubicada en la calle Velez Sarfield, entre Alem y Viamonte, el 31 de diciembre de 2001 a las 18.  “Finalizando la jornada laboral un empleado de la distribuidora La Salteña que se estaba retirando del lugar observa que tres delincuentes encapuchados ingresaban a la distribuidora. Inmediatamente da aviso a la policía. Llegan hasta el lugar el Jefe de la Unidad Regional y el Juez de Instrucción Oscar Herrera. Se desplegó un amplio operativo policial en toda la cuadra”, relata Fernando Ileana, ex periodista de Canal 9 que en ese momento retornaba al canal –ubicado entonces frente al depósito de la distribuidora – luego de cubrir notas de color; típicas en los días previos a las fiestas de fin de año.  

Estilo “Robin Hood”

Escuchan disparos y corren para resguardarse detrás de los móviles de la policía. Mientras tanto, los delincuentes ya habían tomado como rehenes a dos de los dueños de la distribuidora y a uno de los empleados. Acorralados por más de 50 policías que habían llegado al lugar, los planes iniciales del atraco cambiaron rotundamente y lo que en principio lucía como sencillo se transformó en violento y de extrema tensión. Cuando los delincuentes se vieron rodeados por la policía decidieron repartir el botín entre la gente que se agrupaba  en el lugar para observar la escena.  “Se quiere entregar pero dice que quiere que haya alguien acá al lado y empieza a hablar de que quiere darle algo a la gente y efectivamente tira una bolsa con plata”. El juez Herrera le pide colaboración al periodista Fernando Iliana para repartir parte del dinero entre la gente. “Empiezo a caminar por la calle, tiré cuatro o cinco billetes  y después me lo sacaron de la mano. Cada vez había más gente y se venían encima, la policía no los pudo contener”, recuerda.

“Pero faltaba más distracción que le venía bien a la policía; ponemos la camioneta debajo de la ventana y empieza a tirar mercadería, cosas caras, cosas baratas, cosas que toda la gente que estaba ahí las iba a manotear. Me subo a la camioneta cargadísimo y me voy hasta donde está la gente, a medida que iba llegando los espejos me los rompieron por los empujones, se me subieron por adelante del parabrisas, todos querían llegar a la caja y empezar a agarrar. Vaciaron la caja en cuestión de cinco minutos”.

La Salteña, un robo de película: toma de rehenes, disparos y "reparto del botín" entre los comodorenses

Quienes conocían a Francisco “Pancho Martinez” aseguran que era un “ladrón con códigos” y muy apreciado en el ámbito barrial. Le robaba a los “ricos” para  repartirlo entre quienes más lo necesitaban. “Pancho Martinez no solo era apreciado por los vecinos, sino por una gran cantidad  de gente  de la militancia política, porque no fue toda la vida un delincuente, fue empleado de una obra social, fue una persona que se hacía querer porque era un tipo simpático. Yo lo conocí jugando al futbol en el barrio”, recuerda Miguel Bargas, camarógrafo de Canal 9.

Negociar con los delincuentes

Y ese conocimiento previo de Martínez le valió para ingresar al depósito de “La Salteña”, dialogar con los delincuentes, tratar de persuadirlos para que se entregaran y asegurarse de que los rehenes estuvieran en buen estado de salud. “Salgan conmigo que no les van a tirar si están con alguien de la prensa”, les dijo Miguel Bargas cuando lo autorizaron a ingresar con la cámara en mano; pero la respuesta fue negativa. “Fueron momentos complicados, Chandía Tapia se puso detrás de mí, me puso la pistola en la cabeza y me dijo: si vos haces algo que no sea lo que viniste a hacer  te vas con los pies para adelante”.

Sobre las 23.30 hs al no avanzar las negociaciones para que los delincuentes depongan su actitud, el GEOP (Grupo Especial de Operaciones de la Policía) planifica el ingreso al depósito por una puerta trasera y avanza con el operativo. En medio de una fuerte balacera, murieron dos de los delincuentes Pancho Martínez y Rubén Chandía Tapia. Daniel De Vigill fue capturado y los rehenes fueron liberados.

“Pancho era el defensor del barrio donde vivía, ayudaba mucho a la gente pero no ayudaba con cosas propias. Lo querían,  era bueno con la gente, de hecho cuando fue el sepelio estaba lleno. El asalto con la toma de rehenes fue todo un evento para Comodoro, especialmente para el periodismo”, opina Iliana.