MISIONES - Rogelio Antonio Ríos fue a visitar la tumba de su hijo, en el cementerio La Piedad de Posadas, y todo lo que encontró fue un pozo y la desesperante realidad de que alguien había robado el cuerpo de su pequeño, que llevaba 17 años enterrado en ese lugar.

La sorpresa e indignación dejó lugar a la investigación de un delito que pone la mira en la administración del Cementerio. Aunque este tipo de casos dista mucho -lamentablemente- de ser un caso aislado. El robo de cadáveres de bebés sucede en distintos puntos del país, como en Miramar, donde luego de que se conociera se robaron el cuerpito de un niño de 4 meses a menos de una semana de fallecer, se abrió una investigación tras descubrir que faltaban más cadáveres, sospechando de que una secta podría estar detrás de las profanaciones.

Rogelio Antonio Ríos, es carpintero, tiene 54 años, y este 2 de noviembre, Día de los Muertos, fue al cementario a dejarle flores a Sergio, su bebé fallecido en 2003.

Pero con estupor descubrió que la tumba había sido profanada, y que el ataud de su hijo ya no estaba allí. solo quedaba un montículo de tierra roja removida, que daba la impresión de que había sido excavado recientemente.

Ante ese panorama, Ríos recurrió en primera instancia a las autoridades del cementerio en busca de una explicación.  Sorprendentemente, según fuentes del caso, desde la administración le indicaron que la excavación que tenían registrada no correspondía a la parcela de su hijo (la número 140) sino a la inmediatamente contigua, la 142. Ante el reclamo de Ríos, personal de supervisión del cementerio fue hasta el lugar y realizó otra excavación en la parcela 142. Tampoco había ningún cajón ahí, apunta Clarín.

Entonces, Ríos denunció el hecho en la Comisaría 2ª de Posadas y este martes, Bomberos y efectivos de la Unidad Regional I comenzaron con la recolección de pruebas y evidencias para realizar los peritajes correspondientes, bajo la supervisión del juez de Instrucción 2, Juan Manuel Monte.

Si bien el caso aún está siendo investigado por las autoridades, el foco de las sospechas por la profanación de la tumba y la desaparición de los restos del difunto está centrado en el sector administrativo

Esta indignate profanación impactó en la comunidad, que rápidamente comenzó a difundir por redes sociales experiencias similares.

"Mis hermanos mellizos estaban enterrados ahi. Un día fuimos y nos encontramos con nada", cuenta Lisi López. Y Elizabeth concuerda: "Con mi abuela hicieron lo mismo y jamás nos notificaron nada. Simplemente la sacaron".

"Es una pena pero, si no pagas durante en un período de cinco años, te sacan para colocar a otro fallecido. Hay que ver si estaban al día", relata Mercedes Salinas. Finalmente, Mabel Cristaldo concluye: "Venden los cuerpos para que estudien o hagan brujerías".

Fuente: Clarín