RÍO GALLEGOS - El hombre, reconocido con las iniciales AR, se encuentra sin trabajo y tiene una orden de restricción de acercamiento a su expareja, la joven de 23 años que reside en el barrio Belgrano de la capital de Santa Cruz. “Te voy a matar, hija de p... te voy a matar”, expresó la última vez que fue demorado por la Policía de dicha localidad.

En 2018 se separaron luego de que le pegara en el interior de la casa en la que convivían. Allí, la víctima decidió volver a la casa de su madre junto a su hija, fruto de la relación entre ambos. “Yo me fui para que no me siga pegando, yo estaba empezando a estudiar”, indicó a La Opinión Austral.

Desde su ida, el hombre no paró de hostigarla y hasta incendió de manera intencional el auto de la madre. Las denuncias también fueron constantes hasta que la Justicia otorgó una medida cautelar de restricción de acercamiento.

Sin embargo, al menos cinco veces fue demorado por el personal de la Comisaría Cuarta por romper con la medida. “Una vez, mis hermanos le tuvieron que pegar porque andaba por acá, ellos en realidad se defendieron porque él los empezó a insultar, por la esquina, caminando o pasa en un Ford Escort gritándome cosas”, aseguró.

Con la pandemia, los plazos de las restricciones de acercamiento se extendieron. Pero en septiembre del año pasado se registró uno de los hechos más violentos, donde ingresó a su hogar y la golpeó nuevamente.

A pesar de esto, sólo estuvo seis horas en la Comisaría Cuarta. Por decisión del Juzgado de Instrucción Nº 2, a cargo de Valeria López Lestón, recuperó su libertad y, lejos de calmarse, volvió a la casa de la joven y destrozó los vidrios de la morada para luego darse a la fuga.

A fines de marzo finalizó el plazo de la restricción de acercamiento y AR volvió a contactarse con ella para pedirle ver a su hija. “Vos la ves siempre cuando tu mamá se la lleva dos veces por mes”, le contestó. Y a su vez indicó que  “tengo mucho miedo porque sé que también le llenó la cabeza a ella”.

“Yo no puedo dormir tranquila, me dejó traumada, no quiero seguir sufriendo. Él siempre pasa por acá afuera diciendo cosas, no quiero que me mate, no quiero terminar en un ataúd”, detalló en su crudo relato.

"Yo pedí el botón antipánico, pero en la Oficina de Violencia Doméstica me dijeron que recién los están implementando, no sé qué esperan”, sentenció en tono desesperado por su miedo a un nuevo ataque del agresor.

Con información de La Opinión Austral