ESQUEL (ASDNSUR) - Un hombre deberá pagarle a su expareja una compensación económica de $ 1.333.000, según definió el Juzgado de Familia Nº 1 de Esquel, que hizo lugar a la demanda de la mujer. El fallo de Mariela González consideró que entre ambos habían reunido un patrimonio de $4 millones y  tras la separación, a ella le correspondía al menos un tercio porque su trabajo doméstico había sido clave para que ambos pudieran acumular bienes.

Tuvieron tres hijos y con trabajo en común adquirieron una vivienda en Trevelin. Ella era ama de casa, se ocupó de los hijos y administró la economía familiar. Él era chofer de empresas de transporte y todos los bienes adquiridos estuvieron a su nombre. La labor de ella permitió a su pareja trabajar e incrementar el patrimonio y cuando los hijos crecieron la mujer trabajó en una farmacia y como peluquera. 

Tras la separación, el hombre protagonizó situaciones de violencia y se tuvo que dictar una medida de protección. En el fallo menciona “el estrés del maltrato” y el “desequilibrio económico” que causó la separación. También se constató violencia económica, ya que todo quedó a nombre de su ex y él no le permitió acceder a bien alguno ni cobrar por el alquiler, informó Diario Jornada. 

El patrimonio incluye una casa, un camión Volkswagen 2007, una pick up Nissan Frontier 2008, un acoplado, el equipamiento del hogar común y un quincho aledaño a la vivienda. La figura legal de la compensación económica apunta a “restablecer el desequilibrio patrimonial que la ruptura del vínculo genera en las parejas cuando cesa el proyecto de vida en común”. Según el Código Civil y Comercial, quien sufra un desequilibrio que empeore su situación económica por causa de una ruptura, tiene derecho a una compensación.

 

Con una fuerte perspectiva de género, la jueza González cuestionó el modelo patriarcal de la pareja.Con una fuerte perspectiva de género, la jueza González cuestionó el modelo patriarcal de la pareja.
Con una fuerte perspectiva de género, la jueza González cuestionó el modelo patriarcal de la pareja.


SUPREMACÍA MASCULINA

“Hubo acumulación de frustraciones, tensión y malestar emocional propiciadas por una modalidad vincular signada por patrones estereotipados de supremacía masculina”, describió la jueza. Un informe del Servicio de Asistencia a la Víctima del Delito detectó indicadores de violencia crónica de larga data: “Conductas celotípicas, controladoras, que derivaban en maltrato verbal y descalificaciones privadas o públicas”.

El rasgo de la pareja -según la jueza González- fueron “los roles estereotipados y el despliegue cotidiano en el que la mujer desempeña tareas domésticas y de crianza, mientras que el varón es el proveedor económico, con la retención absoluta de todos los bienes”.

El hombre negó que ella hubiese aportado al progreso económico de la familia. Insistía en que todo era suyo. Y para defenderse argumentó el “dolor y enojo” que le generó el “abandono y la convivencia” de la madre de sus hijos con otro hombre. Y dijo que todos los bienes se compraron sólo con su esfuerzo. 

Nadie ayudaba a la mujer con las tareas domésticas. Por eso pudieron ahorrar. "La disparidad económica “evidentemente era desequilibrada, y traduce una preponderancia del varón en cuanto a la propiedad de los bienes, pues todos ingresaron al patrimonio del hombre invisibilizando toda colaboración al logro económico familiar de la labor que entendía como un ´deber´ de la mujer”, se señaló en el fallo.

El demandado “no reconoció nunca la actividad silenciada de la mujer ni por su trabajo doméstico”. “Desde los 18 años su vida estuvo dedicada a los hijos, a administrar el hogar y probablemente también las finanzas de él, puesto que la tarea de chofer de colectivos de larga distancia les permitió adquirir bienes de envergadura, y eso no es posible sin una economía doméstica ordenada y bien llevada”.  Con la ruptura, la mujer perdió una casa, el ingreso de un alquiler, un lugar donde trabajar de peluquera, y no contó con ningún bien a su nombre de todos los comprados durante más de 30 años de convivencia.