GRAN BRETAÑA- Más de 1,2 millones de dólares recibió en ayudas sociales del Estado la británica Christina Pomfrey durante las últimas dos décadas.

Ahora, la mujer de 65 años fue condenada a tres años y ocho meses de cárcel por fraude, contabilidad falsa y fabricación o suministro de artículos para su uso en estafas, informó Daily Mail.

De acuerdo con la causa, Pomfrey se hizo pasar por ciega con esclerosis múltiple y, a partir de ello, embolsaba 16.420 dólares al mes.

Primero pidió un subsidio en la localidad inglesa de Runcorn utilizando el apellido de su segundo esposo: Brown.

Luego, con el apellido Pomfrey solicitó más ayudas para ella y para adaptar a su "discapacidad" el bungalow de su tercer marido, en Oldham.

La ahora condenada aseguraba necesitar ayuda para "levantarse de la cama, ir al baño, lavarse, vestirse, (realizar) todas las tareas de casa, comprar y hacer operaciones bancarias".

También inventó que familiares y amigos la cuidaban, y falsificó cartas que, supuestamente, ellos enviaban a las autoridades locales.

"Ella ha destruido mi vida y no puedo perdonarla. Es la mujer más astuta que he conocido", comentó el hombre en una entrevista", declaró su último esposo, John Pomfrey, quien afirmó desconocer por completo las maniobras fraudulentas de Christina. 

De acuerdo con el hombre, al conocerse ella le dijo que poseía siete quioscos en Liverpool y era millonaria.

"Creo que empezó conmigo porque yo era otro nombre, en otro condado, que podía usar para sus estafas. Me siento estúpido", admitió John.

Además, reveló que en ocasiones su mujer recibía la visita de los servicios sociales, por lo que le llamaba para decirle que no fuera a casa o se iba sola a Runcorn inventando distintas excusas. "Ella tenía que estar allí para seguir fingiendo", explicó el hombre.

Según John, ella pidió créditos en su nombre, razón por la que podrían embargarle la casa al tener una deuda de más de 225.000 dólares.

A partir de 2017 el Departamento de Trabajo y Pensiones británico se puso a investigar a Christina.

La mujer fue grabada en actividades cotidianas, como leer el diario, conducir o recoger a sus nietos de la escuela.

Arrinconada por los investigadores, la acusada declaró: "Tuve suficiente". Y afirmó que ninguna de las personas de su entorno conocían sus irregularidades.

Por esa razón, la Justicia no presentó cargos contra Pomfrey, pero condenaron a 18 meses de prisión en suspenso a su hija, acusada de lavado de dinero después de descubrir que durante seis años guardó en su cuenta bancaria más de 113.000 dólares que Christina había cobrado de las arcas públicas.