COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Para K, la protagonista de este delito cibernético, el viernes era un día normal como cualquier otro. En Comodoro Rivadavia hacía calor y luego de un largo día de trabajo, cuidados maternos y tareas diarias, solo quería descansar.

Era de noche cuando hubo un primer indicio del delito del que fue víctima. Sin embargo, al no estar familiarizada con este tipo de hechos, como nos sucede a todos, creyó que la falta de nombres en sus contactos de WhatsApp era más bien una falla del teléfono que un delito informático.  

Según contó a ADNSUR, reinició el aparato en dos oportunidades, pero los nombres de sus contactos no aparecieron en la aplicación de mensajería instantánea. Le pareció raro, y todo empeoró cuando quiso ingresar a Instagram y le pidió la contraseña. Era tarde, pensó “mañana lo soluciono”, pero ese era el inicio de todo.

UNA PESADILLA

Cuenta K, quien es profesional en Comodoro Rivadavia, que al otro día sus contactos recibieron un mensaje: “Hola, cómo andás? Por acá K. nuevo número”. 

Cuando recibió el mensaje a su secretario le pareció raro; decía el nombre completo y no le había avisado. Le preguntó y sin querer la advirtió sobre lo que sucedía: le habían hackeado su teléfono. 

Su principal preocupación era saber cuál era el objetivo de los delincuentes y que podían hacer con su agenda de contactos; Pacientes, familiares, amigos, conocidos y otros integraban su agenda. 

Rápidamente K. comenzó a advertirlos, aprovechando la agenda de su hermana. Ambas tienen un círculo cercano común. 

Entre la incertidumbre y la desesperación trató de avisarles a todos los que pudo. Fue un día difícil y aún quedaba lo peor: el intento de estafa de los delincuentes.

Es que al otro día, los ladrones, utilizando su foto, enviaron otro mensaje: “Buen día, en venta 4.000 dólares. Sí tenés algún interesado avisame”.

Alerta en Comodoro: el relato de una profesional a la que le hackearon la cuenta e intentaron estafar a sus contactos

UN INTENTO DE ESTAFA 

Según contó y se pudo verificar con la propia experiencia, los delincuentes intentaron atraer víctimas bajo una modalidad similar al cuento del tío, aprovechando la confianza que los contactos tienen en su primera víctima. 

Si respondían intentaban hacer la transacción. Por supuesto, pedían que le transfieran el dinero y luego ellos llevarían los dólares a la casa de la segunda víctima. Para hacer la operación facilitaban un CBU con número de cuenta, alias y nombre. 

Precisamente, muchos al advertir que la cuenta tenía otro nombre y no el de K. o que la operación se realizaba de una forma tan irregular, desconfiaron del ofrecimiento, tal como contó la profesional que le sucedió a algunos conocidos. 

Una amiga de la infancia, de la primaria y la secundaria no compró, pero le pasó el contacto por los dólares a dos amigos de ella, diciéndole ‘la conozco de toda la vida, es de re confianza’, pero no llegaron a comprar porque te piden que transfieras primero y después nos encontramos. Después otra amiga íntima iba a hacer la transacción y no compró porque no pudo hacerla, se trabó algo en el banco y safó. Pero esto se está ramificando. Por eso yo le digo a mis contactos que avisen a sus amigos, a sus familiares, porque incluso le enviaron mensajes a mis tíos y primos que viven en Chile”. 

K. realizó la denuncia en la comisaría donde tiene jurisdicción su domicilio, y consultó a diferentes organismos para tratar de evitar posibles estafas y que la justicia dé con los delincuentes. 

Entre ellos se comunicó con la Oficina Cibercrimen de la Policía Federal (011-43705800 Int. 2542), donde le dijeron cómo actuar en este tipo de casos. 

Según explicó, primero la víctima debe hacer la denuncia en la comisaría más cercana adjuntando las capturas de pantalla para facilitar el camino de los investigadores. En la dependencia, la denuncia debe ser aceptada si o si más allá del horario o el día, en virtud que es habitual que los delincuentes operen el fin de semana, cuando los organismos oficiales sólo tienen personal de guardia. 

De esta forma, se evita perder tiempo, algo fundamental para este tipo de delitos. Por supuesto, también es importante tratar de prevenirlos, y para hacerlo se recomienda reforzar la seguridad de las redes sociales, colocar contraseñas más complejas y no guardarlas en el celular, realizando estos cambios a través de la computadora y no del celular.

Así quizás se pueda evitar pasar un mal rato como le tocó a K. aunque en estos tiempos nadie está seguro. “Es horrible esto que pasó, es desesperante porque no sabés cómo avisarle a la gente. No quiero que estafen a nadie que conozco o me pueda llegar a conocer”, dijo a ADNSUR

Y consideró. “Esto no solo te perjudica como persona, sino también como profesional porque hablan con tu nombre y quedás como alguien poco confiable, cuando en la justicia dicen que es al revés, buscan a gente confiable para robarle su identidad y atraer a posibles víctimas”, lamentó, esperando que pronto termine este mal momento que le toca atravesar.