COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR/ Escuchà la entrevista) - Juliana Uribe tiene 21 años, es madre de una beba de 4 años y el lunes 10 de junio comenzará a afrontar un juicio en el que la fiscalía pide que la condenen a prisión perpetua: es por el homicidio de su ex pareja, Samuel Ovejero, en el marco de una situación de violencia de género, por lo que su abogada pide la absolución por la figura de legítima de defensa. Una historia que dividirá opiniones y que muestra hasta qué punto las situaciones de violencia están naturalizadas, hasta un desenlace fatal que, a diferencia de la mayoría de los casos, esta vez la víctima final no fue la mujer agredida.

Juliana Uribe y su abogada Rosa González dialogaron con Actualidad 2.0 para exponer un caso que seguramente motivará el apoyo de las organizaciones contra la violencia de género, pero que pone a prueba también todo el andamiaje de la estructura judicial.

“La de Juliana es la una de las tantas historias, porque era la crónica de una muerte anunciada –comenzó diciendo su abogada-. Era víctima de violencia de género y en reiteradas oportunidades intentó denunciar en la seccional 7ma., cerca de su domicilio, adonde llegaba golpeada a altas horas de la noche, con su bebé en brazos, pero ellos no le tomaban la denuncia y la derivaba a la comisaría de la Mujer, en el barrio Stella Maris. Imagínense lo dificultoso que era. Aun así hubo dos denuncias que llegaron a formalizarse, con prohibición de acercamiento para su ex pareja. Pero como en tantas ocasiones, dentro de lo que es el círculo de violencia, ella volvía a creer en él porque soñaba con tener una familia. Una noche él la agredió, como tantas otras veces, sólo que esta vez ella se defendió y todavía hoy puede contarlo”.

En la madrugada del 29 de julio de 2017, Juliana y su pareja discutieron a bordo de la camioneta Ford Eco Sport que la mujer había llegado conduciendo hasta el domicilio del hombre, de quien estaba separada, lo que derivó en una pelea en el interior del vehículo y la herida de arma blanca sobre la humanidad del hombre, que falleció luego en el hospital Regional.

“Lo peor fue la violencia institucional –siguió relatando González-. Juliana fue alojada a los 19 años en la Alcaidía Policial, pese a tener un bebé en lactancia. Después, en un incendio donde murió una de las chicas, ella no se quemó viva por casualidad y quedó internada en terapia intensiva en el hospital. La externaron antes de tiempo y sin un seguimiento. Tiempo después, en una audiencia judicial, Juliana se descompuso. La médica forense dijo que estaba nerviosa, pero no eran los nervios: se comprobó que tenía la tráquea derretida en 3 partes  (consecuencias del incendio) y no podía respirar. Hubo que derivarla de urgencia a Buenos Aires, donde le colocaron una tráquea de platino y luego de varias intervenciones más, hoy puede contarlo. Debe afrontar el juicio en el que le piden prisión perpetua, pero nosotros sostenemos que ella se defendió y pudo sobrevivir: no sólo es víctima, sino una sobreviviente”.

Perpetua versus absolución

Frente a la calificación del homicidio calificado, que deriva en un pedido de prisión perpetua por parte del fiscal de la causal, la defensa buscará probar que Juliana se defendió legítimamente, “porque era víctima de violencia de género”, por lo que pedirá que sea absuelta.
“La justicia debe impregnarse de la perspectiva de género para saber que la legítima defensa no puede analizarse a la luz de los argumentos clásicos, sino que deben considerarse todos los antecedentes, lo que ella venía sufriendo y que esa noche, con este lamentable hecho, ella pudo defenderse porque estaba en juego su vida”.

 Por su parte, Juliana contó que su beba hoy tiene 4 años y 8 meses, que la tuvo a los 17 años tras quedar embarazada, a los 16 años, que fue el momento en que se fue a vivir con su ex pareja. “Me dieron la prisión domiciliaria después de muchas audiencias, porque antes no me la dieron ni siquiera considerando que la beba estaba tomando la teta”.

Frente al juicio que se inicia el lunes, comentó: “hoy estoy muy mal, es muy triste y doloroso lo que me pasó. Tengo 21 años y nunca me imaginé llegar a esto, siempre había soñado con tener una familia y por eso muchas veces volvía con él. Mucha gente me pregunta por qué aguanté tanto, pero yo creía cuando él me prometía que iba a cambiar, me pedía perdón y yo me equivoqué al creerle”.

También revive el calvario de las veces que sufrió la agresión y violencia de su pareja y la policía no tomaba en cuenta su denuncia: “Una vez iba corriendo con mi beba en brazos y las manos ensangrentadas, porque él me había empujado contra una ventana de vidrios que él mismo había roto. Uno piensa que la policía está para ayudar y al ver un patrullero le hice seña para subirme, pero no me quisieron llevar porque estaba con sangre. Llegué a la seccional séptima corriendo… así fueron muchas oportunidades que pedí ayuda y me la negaron”.

“Hay mujeres que con 20 denuncias terminaron muertas”

Finalmente, tras pedir el acompañamiento de las organizaciones y colectivos de mujeres, con quienes ha tenido contacto en el último tiempo, reiteró su planteo: “yo no estoy mintiendo, sufrí violencia de género. Les pido a las mujeres que han sufrido lo mismo que yo que me acompañen en el juicio; quizás me equivoqué al aguantar tanto, no tendría que estar pasando por esto, pero quisiera que los jueces y el fiscal entiendan que y vean mis denuncias, que no hace falta llegar a 15 ó 20 denuncias, porque hay mujeres que llegaron a esa cantidad y lo mismo terminaron asesinadas. Yo pude denunciar dos veces porque no tuve el apoyo para hacerlo. A mí me quieren condenar a perpetua, pero si es al revés, al hombre no le dan tanta condena. Me parece injusto porque yo siento, y sé, que me defendí”.