En relación al ritmo de trabajo de la campaña nacional de vacunación, la  proyección es parecida a la que maneja el gobierno de Alberto Fernández, no con un plazo tan cercano, tratándose de una población mucho mayor, también en el gobierno nacional hay optimismo respecto de los plazos para controlar los efectos más graves de la pandemia.

Incluso uno de los infectólogos que asesora a Alberto dijo en las últimas horas que espera que el próximo diciembre se parezca al diciembre 2019, previo a la pandemia.

En ambos casos hay una expectativa genuina, para atenuar una enfermedad que ha costado hasta aquí la vida de 95.000 personas. Pero también hay un cálculo electoral, sería ingenuo no apreciarlo

.El tema es que ese punto a favor, de las vacunas, va a competir fuertemente con el problema de la inflación. Y en ese plano, el panorama es hoy más complicado para el gobierno provincial que para el nacional.

Digo esto porque Alberto puede habilitar la re-apertura de paritarias, puede imprimir para atender emergencias sociales y hasta cuenta con recursos adicionales por los buenos precios de la soja y las retenciones a la exportación.

Arcioni, en cambio, escucha en forma lejana todavía, pero creciente como la tormenta que se anuncia a lo lejos, el reclamo de trabajadores del estado para adecuar salarios, frente a una inflación que entre este año y el anterior lleva un 60% de perdida de poder adquisitivo salarial.

Esos fuegos que se ven a lo lejos todavía, serán los incendios que darán marco a las próximas elecciones. Si al gobierno de Alberto le interesa retener las tres bancas de Chubut que hoy le responden en el senado (y que adquieren importancia vital en un escenario muy ajustado), debería tomar nota de esto para prever una asistencia extraordinaria, que dé respuesta a la gente de Chubut.

De lo contrario, nada será suficiente. Ni aún cuando las vacunas le ganen la carrera a la inflación.