Vivimos en una sociedad líquida, solía describir Sigmund Bauman, a propósito de estos tiempos digitales y donde todo circula por vía internet. Así fue, por ejemplo, una notificación judicial de comienzos de este año, a partir de un fallo de la cámara de Comodoro Rivadavia, que ordenaba al estado provincial lo siguiente: proveer en lo sucesivo todos los recursos y herramientas que habilite la legislación vigente, necesarias para asegurar el inicio y desarrollo del ciclo lectivo 2021. 

Y este fallo de la cámara de la ciudad, a instancias de una presentación que había formulado la oficina de Derechos y Garantías, nunca mejor aplicado el término que escrito el líquido, escrito sobre el agua, ya no es letra muerta sobre un papel sino letra ídem sobre una pantalla.

Es lo que podríamos decir de este tipo de pronunciamientos judiciales, como también lamentablemente quedan inscriptos en forma líquida los derechos de la niñez y adolescencia, que a diario continuamos vulnerando como partes de una sociedad cuya dirigencia, cuya conducción política, cuya conducción institucional, lamentablemente no ha terminado de priorizar precisamente lo que dice priorizar, qué es la educación.

Decía algo más este fallo: en el término de 30 días de quedar firme la presente, el Estado tendrá que presentar un plan de gobierno que especifique las medidas para asegurar dicho ciclo lectivo.

Un detalle de obras en ejecución, re acondicionamiento de edificios y toda otra serie de medidas que en teoría debieran evitar situaciones como las que acaba de escribir una mama de la escuela del barrio Divina Providencia, cuya comunidad educativa se va a movilizar este viernes para reclamar que después de 3 años sin clases los chicos sean reubicados en otro edificio escolar, que vaya uno a saber dónde, porque no es que este sea la excepción a la regla, sino que es parte de la regla, lamentablemente, en la cual se vulneran, insisto, día a día los derechos de la niñez, adolescencia  y familia de esta ciudad.

Tiempos líquidos, sociedades modernas, escuelas lamentablemente de barro.