Cuando los días de vientos intensos comienzan a acumularse, y la baja presión atmosférica se suma a la tierra que se filtra por cada rincón de la casa, no son pocos los comodorenses que -vencidos por el mal humor- protestan contra el característico clima de la ciudad y fantasean con una vida donde poder planificar alguna actividad al aire libre sin tener que estar pendiente del Servicio Meteorológico Nacional.

Imaginar la vida en otro lugar puede parecer idílico al principio, pero el transcurrir de los días saca a la luz todas aquellas cosas que nos hacen sentir añoranza de nuestro lugar. 

En "Comodorenses por el Mundo", el podcast de ADNSUR, les preguntamos a aquellos que se fueron qué es lo que más extrañan de la ciudad. Algunas respuestas se repiten, y otras son únicas, pero todas nos hacen repensar esas cosas que "damos por hechas" -por comunes y cotidianas- que se transforman en un tesoro cuando estamos lejos. Y si, el viento también es una de ellas. 

"Allá cuando vas a almorzar un domingo con tu familia vas con tiempo, es la previa, tomas algo, charlás, después comés, te quedás. Acá el domingo pasado fui a comer a la casa de mi tía, llegué y ya estaba la comida lista, termine de comer y fue 'vamos, te llevamos a tu casa'... como que 'ya está, ya comimos, ¿qué más tenemos que hacer?'. La sobremesa me encanta, eso se exrraña", cuenta Santiago Nieto desde Split, Croacia, que aunque reconoce que no le costó adaptarse, que maneja bien el idioma y que tiene familia cerca, no deja de extrañar esas las costumbres bien argentinas de -por ejemplo- generar casi un ritual alrededor de una simple comida... Escuchá su historia

"Nosotros en Argentina estamos muy acostumbrados a abrir nuestras puertas, a mostrar nuestra intimidad, enseguida te invitamos a nuestra casa. Acá es más de juntarse en el bar, el desorden queda allí, y que te abran la puerta de tu casa lleva un poco más de tiempo. A nosotros nos gusta hacer amistades, somos solidarios", apunta Rocío Behr desde Madrid, España... Escuchá su historia

Aunque agradece que en cada uno de sus destinos fue muy bien recibido, Carlos asegura que “lo que más cuesta es el desarraigo, no importa donde estés, siempre te sentís extranjero”. Los amigos, la familia, los paisajes de la Patagonia, y el corderito asado en octubre son las cosas que siempre se extrañan. “No fue fácil, no es fácil, porque finalmente uno va a siguiendo oportunidades, pero no hay como la tierra de uno, siempre te tira, y está siempre en tu corazón”, sintentiza Carlos de Souza, desde Miami, Estados Unidos... Escuchá su historia.

Además de la familia y los amigos, la lista de ‘cosas que se extrañan’ la encabezan la morcilla y el helado de dulce de leche, al que no lo puede suplantar ningún 'gelato' italiano, asegura Javier Torrecillas, quien vivió en Roma pero ahora está instalado en Ilha de Boipeba, Brasil. Pero la lista sigue, y en ella ocupan un lugar principal los paisajes únicos de la Patagonia, donde la inmensidad es protagonista. "Cuando vine con mi hijo, cuando veía el horizonte decía 'tutti per noi', 'todo para nosotros'... cuando uno esta en el medio de la Patagonia, libre para adelante, libre para atrás... el no ver a nadie cerca, es la parte que uno extraña de la Patagonia"... Escuchá su historia

Los afectos siempre se extrañan, y también las playas, tanto las de Comodoro como Rada Tilly, "el aire fresco -acá no lo tenemos nunca- y el color azul del cielo", dice, y agrega que "por supuesto, los asados de los domingos, juntarse"... También cuenta que extraña un poco el viento, y asegura que los comodorenses siempre nos llevamos con nosotros, a cualquier lugar donde vayamos, esos “gestos” -como sostener las puertas de los autos cuando las abrimos- que evidencian que las ráfagas siempre serán parte de nuestra vida, dice Natalia Andrea Lozano Espenet, desde México... Escuchá su historia

"Rada Tilly es mi lugar y siempre va a estar esperándome, pero uno tiene que volar. Cierro los ojos y me acuerdo de cositas de mi lugar, para no olvidarme porque me da terror olvidar... Por eso saco fotos, quiero tener mis recuerdos bien claros, los detalles bien claros... El mar, la luz del sur, mi familia, los mates con mi mamá, las cenas y charlas eternas con mi papá, reírme con mis amigas, cantar con mi hermana", enumera Katja Stückrath desde París, Francia... Escuchá su historia

"Ese cielo naranja mirando el mar de Comodoro, que no lo ves en ningún otro lado", asegura Pablo Baez desde Génissac, Francia, y remarca que esos cielos, limpios y amplios, son un atractivo para cualquier turista... Escuchá su historia

En lugares donde la niebla y los cielos grises son comunes, como en Lima, los días de sol, "y también algo de viento, un poquito" se extrañan bastante y ayudarían a sobrellevar mejor las jornadas de verano donde la temperatura llega a los 35ºC y la humedad al 98%. Algo que uno da por sentado, como la falta de humedad y ese "frescor" que regala el vientito se suma a cosas de todos los días, como "salir con mis hijos a comer, tomar unos mates con mi mamá, andar en moto con mis amigos, comer un asado con mi viejo... esas cosas se extrañan... pero también está bueno extrañarlas, porque hace que uno las valore más", sostiene Alejandro desde la capital de Perú... Escuchá su historia

"Lo que mas extraño es el viento, aunque te parezca mentira. Pienso que Comodoro tendría que explotar como turismo la temporada de viento. Los comodorenses odian el viento, pero es una fuente de divisas, no hay viento así en ningun otro lugar del país", asegura Daniel Allende, desde Aruba, en las Antillas Holandesas... Escuchá su historia

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