RAWSON (ADNSUR) - La pobreza de recursos nos obliga todos los meses a asistir en Chubut a una discusión que es muy triste, y que parece resumirse en la dicotomía Policía versus Salud. La cuestión de qué sector es considerado prioritario por el gobierno, y cuál debe cobrar su sueldo antes es producto de los magros ingresos y de la falta de previsión, pero también de la carencia de empatía y de solidaridad.

Se trata de un debate que no tiene cierre, porque no hay manera de responder a la pregunta sobre quién tiene más derecho a ser prioridad. ¿Es más importante un policía que está parado en un control con temperaturas bajo cero en medio de la ruta, que un médico y un enfermero que asisten a un paciente con coronavirus? ¿Y son menos importantes un trabajador vial que limpia los caminos para que una ambulancia pueda pasar o un obrero que repara un generador para que un pueblo tenga energía? La respuesta es obvia: todos son imprescindibles para que el Estado brinde sus servicios a la población.

Pero la provincia del Chubut tiene ingresos mensuales aproximados de $ 2500 millones y una masa salarial que ya supera los $ 5 mil millones. Es decir que recauda apenas la mitad de lo que gasta, sólo pensando en salarios, sin sumar el resto de sus obligaciones. Y con este panorama, si todos los sectores –que mirando desde su punto de vista individual es lógico que tengan sobradas razones para reclamar- tiran de la cuerda al mismo tiempo, va a ser muy difícil la convivencia en los próximos tiempos tan críticos que se avecinan.

Sería importante un nivel de sinceridad y que en algún momento el gobierno haga una autocrítica pública por las paritarias cerradas en 2019 con valores que eran justos desde el punto de vista de una recomposición salarial demorada por mucho tiempo, pero que surgen como totalmente irresponsables a la luz de los números con los que contaba la provincia. Y si bien las autoridades del Ejecutivo fueron las principales responsables –ya no están hace tiempo los artífices de esos acuerdos salariales, el ex Jefe de Gabinete, Marcial Paz, y los titulares de Economía, Alejandro Garzonio y Luis Tarrío-, también es cierto lo que expresaron esta semana en una entrevista televisiva dos diputados de la oposición, como son Manuel Pagliaroni de Juntos por el Cambio, y Belén Baskovc del PJ: le cabe una importante cuota de culpa a los dirigentes de los gremios estatales que terminaron avalando con sus firmas los acuerdos que ellos mismos sabían –lo reconocían a micrófono apagado- que iban a ser imposibles de cumplir.

 

 

Si esos aumentos fueron decisivos para el triunfo en las urnas de la actual gestión, entonces será una autocrítica que deberá hacerse la sociedad chubutense respecto al peso electoral que tienen los sueldos de los estatales, y si ésa debe ser la variable central a la hora de emitir un sufragio. Pero más allá de los errores y las culpas del pasado, está claro que la crisis del presente se hace sentir ante un Estado que no puede reunir los fondos que necesita para funcionar. Y esta semana caliente que pasó fue una muestra más de las consecuencias de la administración de la pobreza.

A falta de otra metáfora mejor y más clara, volvemos a caer en la famosa “manta corta”, donde pagar a unos es dejar de pagar a otros, solucionar un problema es destapar otro. Superada la piedra en el zapato que eran las dudas sobre la sesión en la Legislatura, y ya con el acuerdo necesario al convenio firmado con la Nación para que lleguen fondos frescos, nada indicaba que la semana iba a desencadenar en lo que terminó. Porque estaba claro que la plata que iba a llegar no iba a alcanzar para cubrir los baches financieros de las cuentas chubutenses, en las que se adeudaban parte de los sueldos pendientes de marzo, todos los de abril e incluso los de mayo. Pero igualmente, el anuncio del pago parcial por rangos, derivó en una explosión de bronca en el Hospital Zonal de Trelew el jueves al mediodía, un desenlace que tiene su explicación.

CRITERIOS DIFERENTES

Gobernar, está claro, es tomar decisiones. En las liquidaciones de los meses de febrero y marzo, el gobierno había resuelto pagar a trabajadores de salud antes que al resto de los estatales de los rangos 2 en adelante, es decir, los que perciben más de 40 mil pesos. Esto generó en ese momento reclamos de muchos sectores, especialmente jubilados, que incluso derivaron en un pedido de juicio político contra Arcioni en la Legislatura, presentado por la referente de los pasivos de la cordillera, Rosa Contreras. Porque pagar a todo el rango de salud en un solo tramo, como establece la Ley de Emergencia Sanitaria, obliga a destinar $ 538 millones a todos los empleados del área sanitaria. Y observando los números de las cuentas públicas, eso es imposible sin postergar el pago de salarios al resto de los sectores.

Es decir que, desde el punto de vista de los empleados de Salud, se entiende que tuvieran la expectativa de que iban a cobrar en la primera tanda con el dinero que se anunció que iba a llegar desde el gobierno nacional. Pero puertas adentro del gobierno, estaba tomada la decisión de que en esta oportunidad, había que saldar primero los rangos 1 y 2 de activos y pasivos (los sueldos hasta $ 65 mil) y enviar $ 200 millones a la obra social Seros. Además, la decisión política de compartir fondos con los municipios -varios de los intendentes que ahora se sacan fotos acompañando el reclamo de trabajadores de hospitales pedían más dinero aún- también atentó contra la posibilidad de pagar el viernes los salarios de enfermeros y médicos, que finalmente se pagarán el próximo jueves, 6 días más tarde.

Ahora bien, aquí es donde entra en juego, más allá de los números fríos, la crisis política hacia adentro del gabinete. Si la relación del Ministro de Salud con el equipo de gobierno fuera óptima y estuvieran en sintonía, se hubiera reunido días antes con los representantes de los trabajadores para preparar los ánimos, para explicarles que este mes habría que esperar un poco más, que se reconocía el esfuerzo ante la pandemia pero había que ser solidario también con el resto, etcétera. Pero el problema político se origina porque Fabián Puratich y todo el gabinete de Salud, están de acuerdo con el reclamo de los trabajadores y creen que es injusto que no cobren antes que el resto. El ministro no pudo defender la decisión del gobierno ante sus empleados, porque no está de acuerdo con la medida. Así de simple. Por eso el reproche expresado por Mariano Arcioni en la última reunión de gabinete, en la que pidió a todos sus funcionarios que se pongan la camiseta de la gestión o den un paso al costado, porque “el cementerio está lleno de imprescindibles”.

Puratich es un médico del sistema de salud provincial, y a diferencia de sus antecesores, como Osvaldo Luján en la gestión Buzzi, o Ignacio Hernández en la gestión Das Neves, cuando deje el cargo deberá volver a trabajar codo a codo con los mismos empleados de los que hoy es el jefe. Y esto lo dejó aclarado a todo su entorno: “yo no me voy a pelar con la gente, porque soy uno de ellos”. Ahí está una de las explicaciones de por qué varios de sus colegas del gabinete, quizás los de mayor peso e influencia en el entorno de Arcioni, le tienen desconfianza, y sostienen “si sos ministro tenés que defender al gobernador, no ser un vocero de los empleados”.

EL ORIGEN DEL CONFLICTO

Esta crisis no es nueva, y si bien volvió a explotar ahora, ya se observó en la fuerte discusión por el DNU de la emergencia sanitaria en marzo, que ADNSUR contó en aquel entonces con lujo de detalles. El planteo de Puratich de que se pague en un único rango y con prioridad a los agentes de salud cuando se veía venir la llegada de la pandemia, bajo la amenaza de renunciar a su cargo, logró el objetivo de que todos los ministros firmen el decreto por pedido del gobernador, pero también dejó heridas profundas que nunca se sanaron. Sus pares de peso en el gabinete sostienen que no fue una manera correcta de manejarse, porque las cosas se deben consensuar, y no salir bajo presión. Desde aquel entonces, lo acusan de “cortarse solo” y de tener “exceso de protagonismo”. En la práctica, Puratich se ganó la confianza de los empleados, que por ejemplo el otro día se lo ratificaron en plena calle: “lo bancamos, pero defiéndanos ahí adentro”, le dijeron señalando los despachos de Casa de Gobierno.

Dicen que el jueves a la tarde fue un día de furia en el despacho del gobernador. Los cuestionamientos cruzados entre miembros del gabinete parecía que se llevaban puesto más de un ministro. Luego de las aclaraciones, la sangre no llegó al río. Primero, las versiones de que Oscar Antonena había dicho que Salud cobraría después del 15 fueron desmentidas, y surgió una fecha de pago intermedia. Y segundo, la interna casi eterna con Seguridad por el pago de salarios, también fue desactivada. Se explicó que está vigente el decreto que ordena pagar a los policías junto con el primer rango y que el presupuesto total de la fuerza policial es de 290 millones, contra 538 millones (casi el doble) de Salud, donde la gran mayoría de agentes está en el tercer rango. Según se volvió a aclarar en esos encuentros, la provincia no incumple con el decreto de marzo, que habla de “único rango”, pero no fija un orden de pago.

Si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, no hace falta agregar demasiado a la foto de la conferencia de prensa del último viernes en el Salón de los Constituyentes, en la que se iba a anunciar el depósito de haberes para personal de Salud para el miércoles. Allí estaban el gobernador, los ministros de Gobierno, Economía, Seguridad y el Secretario General de la Gobernación. Pero no estuvo Puratich, que no quiso participar de un anuncio que no compartía, mientras al mismo tiempo estaba reunido con los funcionarios de su equipo, a los que tuvo que contener porque amagaron con renuncias masivas y le plantearon también a él que era el momento de dar un portazo. “No podemos dejar al gobierno ahora en medio de este brote en Trelew”, les dijo, y al parecer logró convencerlos.

SOSPECHAS CRUZADAS

La cuestión es cuánto tiempo puede durar esta relación de Puratich dentro del gobierno. El ministro cree que la decisión de no pagar el sueldo al personal fue una operación interna para voltearlo. En el gabinete creen que al contrario, la operación fue de él yendo al hospital de Trelew esa misma mañana para fogonear el conflicto y las renuncias “mediáticas” de directores, como las calificó el gobernador Arcioni. Dicho sea de paso, es probable que haya consecuencias en algunos casos, por el tono de algunas declaraciones que no cayeron nada bien en Fontana 50.

La pregunta es cómo se puede coexistir con este nivel de desconfianza entre un gabinete y un ministro que se acusan de operaciones cruzadas, para colmo en medio de una pandemia que exige que todos los esfuerzos estén puestos en combatir a un virus altamente contagioso y peligroso. Las miradas están demasiado puestas en las cuentas de Twitter, quién se atribuye los logros, quién le pone me gusta, quién sale a bancar ante una supuesta destitución. Sin ir más lejos, hizo enorme ruido en el microclima de Fontana 50 que Puratich haya subido una foto de Mario Das Neves al conmemorarse su nacimiento el 27 de abril, pero haya pasado desapercibido el cumpleaños de Arcioni 25 días antes.

Las sospechas están a la orden del día, y los mensajes desde la vereda de enfrente llegan de manera constante a los teléfonos celulares. A pesar de que Puratich no se cansa de repetir que se va a mantener leal a Arcioni, en el gobierno no le creen, y se apoyan en el armado de encuestas que circularon para medir su imagen, que lo ubican como un posible postulante a algún cargo electivo, lo que el ministro niega a gritos. “No me interesa ser candidato a nada, voy a volver a trabajar en el hospital”, asegura a todo el que le pregunta. Pero nadie saca de la cabeza de algunos miembros del “círculo rojo” del gobernador, que sectores residuales del dasnevismo encontraron en el ministro una figura de la que agarrarse para resurgir en el futuro inmediato, apoyados en un sector político siempre vinculado a la figura del ex gobernador Mario Das Neves, como es la Agrupación Ramón Carrillo.

Y dicho esto, un buen resumen de la situación indica que Puratich es un ministro con buena imagen en la gente, respetado como sanitarista, y respaldado por el personal de Salud; pero que no tiene amigos en el gabinete provincial, donde parece tener las horas contadas una vez que se supere la pandemia del coronavirus. Sólo resta desear que las internas palaciegas no saquen la atención de lo importante: los casos positivos de COVID19 no paran de reproducirse en Trelew y surgió un dato preocupante en la zona sur, con la aparición de un foco en Rada Tilly. Allí debe estar puesta 100 % la cabeza de nuestros gobernantes, que deberán dejar las diferencias políticas para otro momento.