COMODORO RIVADAVIA (Por Raúl Figueroa / Especial para ADNSUR) En algunos casos se busca contener la caída de puestos laborales a través del mecanismo de jubilación, en tanto los trabajadores cumplan con los requisitos para acceder a esa previsión especial, con 25 años de servicio –en tareas de campo- y 50 de edad, siempre y cuando puedan computar la totalidad de los aportes previsionales en ese período.

Distintos analistas sostienen que la duda ya no está planteada en torno a si hay o no un sobredimensionamiento del mercado laboral petrolero, en función del achicamiento que impone un período de 18 meses de baja sostenida del precio internacional del petróleo, que a su vez deja al desnudo una estructura de costos que se ha elevado fuertemente en los últimos 13 años. La pregunta que se escucha en esos mismos ámbitos, empresarios y gremiales, es hasta qué punto llegará la reducción.

Para el sector sindical, ese número está en el orden de los 400 puestos laborales, según el cálculo realizado por cómo se incrementará el padrón de jubilados. Según reconoció Jorge Ávila días atrás ante ADNSUR, ese crecimiento incluso provocará un déficit de 700.000 pesos mensuales a la caja sindical, que aporta un complemento jubilatorio a través del llamado “Fondo Solidario”. Pero no sólo se está cortando la relación laboral con trabajadores sindicalizados, sino también personal por fuera de convenio, por lo que esa cifra final se eleva fácilmente, pudiéndose duplicar la estimación inicial.

“No es igual que en la crisis del 98, cuando se pararon prácticamente todos los equipos, pero es obvio que si de 51 equipos vuelven a subir 41, la actividad se reduce por esos 10 equipos que quedan afuera. No es tan grave como en aquel momento, pero tampoco es posible pensar que la crisis nos va a pasar por arriba, sin tocarnos”, reflexionaba un referente del sector empresario.

El escenario amenaza con complicarse más. Algunas empresas regionales comienzan a sentir en sus estructuras el impacto de la baja de facturación durante la suspensión de equipos el último verano, por lo que crecen las dificultades financieras para asumir el pago de salarios. A la baja oferta de líneas crediticias competitivas, se suma la alternativa de vender cheques o facturas y afrontar el alto costo de esas operaciones, lo que erosiona la estabilidad de las empresas más chicas.

UN AÑO ELECTORAL

En el plano gremial, el año electoral sumará complicaciones adicionales. Si bien las elecciones deberían producirse a fin de año, ha comenzado a hablarse de un posible adelantamiento de ese proceso –lo que convendría más al actual oficialismo que a la oposición-, en tanto no hay garantías de que el “acuerdo” para sostener los precios internos del crudo, cumplido parcialmente hasta ahora, puede prorrogarse en la segunda mitad del año.

En ese marco, el dirigente opositor Mario Mansilla ha salido a cuestionar el mecanismo de precios sostén, al afirmar que “es un subsidio para las operadoras, cuando en realidad se debería subsidiar a los trabajadores, como se hizo en el 2009 con la resolución 312”.

En las últimas horas, la confirmación de la (anunciada) salida de Miguel Galuccio de la conducción de YPF parece sumar señales del rumbo que tomará el gobierno nacional en materia energética. Al cuestionarse principalmente el “endeudamiento” de la compañía y las altas tasas de financiación, según las advertencias que viene formulando el ministro Juan José Aranguren desde antes que Macri ganara las elecciones, es previsible que la próxima conducción buscará retraer más algunas inversiones (Galuccio había anunciado una reducción del 25%, la semana pasada, pero el recorte ahora podría ser mayor).

Lo anterior es una especulación basada en principios económicos defendidos por el gobierno macrista: el rechazo al financiamiento externo para buscar incrementar la producción de petróleo y gas (“no es imprescindible el auto abastecimiento”, supo definir Aranguren, defendiendo las importaciones de gas); y el alineamiento del mercado energético interno con lo que ocurre en el plano internacional, por lo que comprar hoy determinados insumos energéticos afuera resulta más barato que producirlos en el país.

De ese modo, los hechos en esta primera parte del año parecen precipitarse. Entre temores y gestiones, el mes de julio está más cerca de lo que indica el calendario.