Fue una semana intensa en materia económica. En el país y en el mundo. Dos situaciones que encienden luces rojas en el sistema financiero internacional. El primero: la debacle de Silicon Valley Bank (SVB) en California donde se escaparon US$ 42.000 millones en pocas horas. Los especialistas analizan que estos fuertes (e inesperados) golpes son producto de la tecnología. Un “click”, y a otro banco. 

La nueva era. A prepararse. La respuesta al caos tuvo que ser rápida y efectiva. El gobierno de Estados Unidos y la Reserva Federal salió a dar garantías de inmediato y lograron una especie de calma. El intento no impide un efecto dominó a futuro. 

El segundo tembleque fue el derrumbe de las acciones de Credit Suisse, uno de los bancos que se creía (hasta hace un tiempo) entre los mas seguros del mundo. No bastó el multimillonario rescate del Banco Central Suizo. Fue un viernes negro para las acciones del banco y la incertidumbre es total. 

El panorama, bastante simplificado, por cierto, lleva a una inevitable pregunta local. La dirigencia política de la Argentina, enmarañada en un año electoral, ¿toma real dimensión de la crisis económica que podría avecinarse en el mundo? ¿Hay consciencia real de la posibilidad inesperada en la era digital? Pareciera que no.

Hasta el momento, el contexto internacional, siempre sirvió de excusa para justificar cuestiones de la economía particular. El artilugio lo usan todos: este gobierno, el anterior y el anterior del anterior. Si no es el mundo, es la herencia. Si no es la herencia, son los imponderables y los cambios de la nueva era.

Justificaciones. Relatos de lo que todos vemos. ¿Soluciones? Todavía ninguna concreta. ¿Planificación de cómo se soluciona? “Estamos trabajando en eso”.

Que la Argentina tiene problemas estructurales en cuanto a la inflación, no es novedad. Esta semana salió el índice de febrero (6,6%) con un dígito de tres cifras para el alza del índice anual: 102,5%. ¿Es esto un problema del actual gobierno? No. Es la acumulación de malas gestiones económicas que llevaron al descalabro y, de ahí, a sus consecuencias en el tejido social. ¿Cómo se soluciona? Y ahí arranca el relato: “Estamos trabajando en eso con los equipos técnicos”. Todos, en gestión o en aspiración a ser una gestión, responden lo mismo. 

Que la sequía provocará miles de millones de pérdidas económicas tampoco es novedad. Datos, no relato. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la Argentina tendrá pérdidas de US$ 19.000 millones. Equivale al 3 puntos del PBI. Las provincias agrícola ganaderas de nuestro país como Santa Fe y Entre Ríos tienen 0% de su suelo “no seco”, según el Sistema de Información de Sequías para el Sur de Sudamérica (Sissa). ¿Y que hacemos? Yo sólo escucho el relato de lo terrible que son las consecuencias del calor. Otro dato: se viene hablando de los efectos del cambio climático desde la década de 1970. ¡Todo llega señoras y señores!

Un punto mas. El típico caso de “pan para hoy, hambre para mañana”. Sin inversión en las centrales eléctricas, con años de retraso tarifario en los servicios, el aumento de la población (y por ende, de la demanda) y, nuevamente, el intenso calor, ¿cómo no se iba a cortar la luz? Ante los cortes de luz, el fastidio social y los reclamos, la frase que se escucha es “que terrible”. ¿Qué terrible? Lo terrible es que no aparecen soluciones. El problema ya lo tenemos. ¿Qué hacemos? ¿Cómo resarcimos a los damnificados? ¿Dónde están los grupos electrógenos? ¿Cómo hacemos para que tengan agua? Culpar a las empresas no es suficiente. Desde mi mirada, descontar los días sin servicio en la factura de electricidad, tampoco.

El calendario electoral acelera. Falta mucho pero no falta nada, como me gusta decir. Sin embargo, aquellos aspirantes a acumular votos (los declarados y los que coquetean), no cuentan cuales son las medidas integrales para solucionar problemas de base a nivel económico y afrontar los desafíos internacionales, que pueden aparecer de un momento a otro. Todos son relatores de la realidad. Si ya la vivimos, ¿para que escuchar que nos la relaten? Un mínimo ejemplo de porque la sociedad se distancia de la política y descree de ella.

¿Se animará algún candidato a contar de qué manera va a afrontar los problemas económicos del país y los desafíos que impone la inestabilidad mundial? ¿O seguiremos escuchando “lo terrible” que resulta el descalabro económico? Elijo creer. ¿Elijo creer?

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