Sergio “el zurdo” Robles es un hombre común, obstinado y paciente, un disciplinado atleta que pese a las adversidades se decidió a romper con lo establecido y hasta con sus propios límites, para ganarse un lauro personal ser “finisher” de la carrera más dura de todo el mundo: el Spartathlon, el afamado ultramaratón que se corre en Grecia, y que consiste en unir los 246.5 kilómetros que separan a Atenas con Sparta.

Sin embargo, éste no sería el único logro obtenido, ya que no solo se transformó en el primer santacruceño en completar esta exigente y extenuante carrera, que cumplió este año su cuadragésima edición, sino que también es el único de toda la Patagonia en haber completado hasta los pies de la estatua del Rey Leónidas.

Sergio Robles se enlistó hace dieciocho años en la Policía de Santa Cruz. Hoy tiene el grado de Suboficial escribiente, 40 años, y es papá de Samel (10) y Ludmila (7).

Siempre fue deportista. Le gusta gustaba entrenar, su deporte de práctica cotidiana era el fútbol, con amigos, en competencias locales, como muchos de los que habitan la ciudad de El Gorosito.

Pero todo cambió en 2015 cuando se decidió a correr su primera carrera, de diez kilómetros. Todo iba bien, pero Robles se guardaba lo mejor. Cuenta que una tarde de 2017 leyó una nota en la que se contaba de un argentino que había corrido 246 kilómetros, que había terminado y que “¡Estaba Vivo!”.

“Desde ahí me empezó a picar la curiosidad, y me dije: yo la voy a correr, yo voy a llegar. Aunque en ese momento no sabía nada sobre correr distancias largas, mucho menos una ultramaratón”, aseguró a ADNSUR.

Y así llegó la primera experiencia, con mucho entrenamiento y viajes a destinos cercanos, como un desafío en Uruguay, hasta que llegó la oportunidad de viajar a Grecia.

Es caletense, policía y el primer atleta patagónico en finalizar la carrera más dura del mundo

Todo iba bien. Los entrenamientos, la resistencia, la cabeza, pero no pudo. Y eso fue más que nudo en la garganta, fue la imposibilidad de cumplir con ese sueño que se prometió varios años atrás. Tras ese fracaso en 2021, comenzó a pensar en la revancha, quedarse a mitad de camino fue un duro trance, pero entre cejas renovó su compromiso, habló con sus hijos y les dijo: “Papá va a volver a buscar la medalla que se olvidó”, y trabajó duro para cumplir.

Este año se celebró la cita 40 de la carrera más difícil del mundo, no son muchos los atletas que pueden contar con éxito que la terminaron. Allí fue Sergio Robles, con miedo a que la historia se repita, pero con la tranquilidad y la confianza que esta vez sería la oportunidad de poder hacer carne ese compromiso consigo mismo, el de llegar y festejar completar el camino entre Atenas y Sparta.

El “zurdo” estaba en paz, había hecho todo lo posible para disfrutar la travesía. Y prueba de ello fue que al momento de correr, no tuvo contracturas, tampoco calambres. “Espiritualmente estaba muy bien, porque salí con la bendición de Dios. Sabía que lo iba a lograr y que era una revancha”, remarcó.

Una parte importante dentro de su entrenamiento fue el viaje previo a Reconquista, Santa Fe. Donde además de las extensas rutinas, tuvo que hacer un aclimatación. Y aquí un detalle importante: tuvo que comenzar a trabajar el hecho de hidratarse con agua caliente, dado que en pleno verano europeo, en cada uno de los 75 puestos de control hay agua y otras bebidas, pero a temperatura del ambiente, y además se debe ir reponiendo sales, repetitivamente, para no sufrir las consecuencias de un prolongado y por momentos agónico esfuerzo físico.

Robles cumplió con él mismo. Pudo completar el trayecto de los 246 km, en un tiempo de 34 horas.

Recuerda la larguísima subida del final, el acompañamiento de la gente y un momento único, el poder terminar la carrera con su entrenador Nicolás Kierdelewicz, a quien se encontró a diez kilómetros de la llegada. Además, pudo guarda gratamente los 80 kilómetros que pudo hacer junto a Patricia Scalise esposa de su coach.

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“Al momento de llegar se entrecruzan muchas emociones, uno se descarga, llora. Pero siente mucha paz. Faltando 200 metros nos abrazamos con Nicolás, y lloramos. En mi cabeza retumbaban las palabras que les dije a mis hijos: Papá volvió y se lleva la medalla. Es una gran emoción, un momento para un agradecimiento eterno a todos los que confiaron, porque fue dificil no bajar los brazos, y llegar es hermoso, todo valió la pena”, agregó Robles.

La travesía se quedó con casi 4 kilos de Robles, unas 20 mil calorías, y un recuerdo imborrable. Pies hinchados, varios momentos de recuperación con líquidos y frutas, con la tranquilidad de haber “cumplido el plan al pie de la letra”.

Robles es agradecido: lo hace con su mamá Patricia Lescano, su amigo Juan Pescara, la familia Ormeño, Claudio Quiroga que lo ayudó con musculación y masajes; con el kinesiólogo Diego Pintos, el nutricionista Charly García; Hernán González y Luis, quienes lo hospedaron en Buenos Aires, y su familia en Cristo, del Ministerio Evangelístico Dios es Amor (MEDEA), a familiares y amigos, y su entrenador y su esposa.

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“Durante la carrera pasaron muchas cosas. En el puesto 74 me puse la remera del Spartathlon 2022 con los colores de Argentina, que luego le regalé a Pablo Casal de Espíritu Libre, y a 500 metros me quebré porque a mi mente vino todo el sacrificio por el estilo de vida que llevo, porque no me vencí, y porque cumplí. Porque los sueños están para hacerse realidad. Para mí era una revancha, fue muy duro levantarse después del 2021, pero llegar es único, sentir la fiesta la gente que celebra tu arribo con bocinas, los niños gritan y saludan, te gritan por Messi y Maradona, es indescriptible”, relató.

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