La final de la Copa del Rey 2016 de rugby fue histórica en ese país. Dos equipos de la misma ciudad llegaron a la final (VRAC - El Salvador) y eso motivó una serie de sucesos que terminarían con el Rey Felipe VI  en el partido, ya que el clamor popular había motivado a que se junten firmas para que esta definición -de un deporte poco popular en aquellas tierras europeas- tuviese una definición para el recuerdo.

"Fue una locura. Ese día creo que no me lo voy a olvidar más en mi vida. Nos juntamos en nuestra sede en el centro de la ciudad, desayunamos y salimos en autobús hacia la cancha. Camino al estadio  la gente iba por las calles con banderas de los dos equipos. Una verdadera fiesta. Por la repercusión que tuvo por la presencia del Rey se jugó en el estadio de fútbol de Real Valladolid y fue mucha gente también que no era del palo del rugby. Fue récord en concurrencia para un match de rugby con 26.000 espectadores", le contó Vega a Pasta de Campeón.  

La presencia de Felipe VI fue todo un éxito y no pasó sobresaltos. Cabe destacar, que no suelen concurrir a fiestas masivas porque por las divisiones internas que mantienen los españoles a veces no todo es color de rosa. Pero los valores del deporte de la ovalada se impusieron y se coronó de la mejor forma con ovación para el Rey.

 

 

Como casi toda final. El duelo fue sumamente cerrado y para darle más emoción al juego, una lluvia persistente fue la compañera de lujo en los 80 minutos. 

"En el partido ninguno regaló nada. Fue a dientes apretados y palo a palo. Sobre el final del juego llegó un try nuestro que nos dio el triunfo. Ni bien finalizó el partido se fue la lluvia y apareció el sol. Parecía de película”, comentó.

La entrega de premios fue muy protocolar y el Rey terminó entregando las medallas: “imagináte venir de jugar en Comodoro a darle la mano al Rey de España. Después vinieron los tiempos de festejos con nuestra gente fuera de la cancha. Tuvo tanta repercusión en España que salimos en la revista "Hola" (risas)", agregó el forward nacido en Comodoro.

Maxi continúa su vida en el viejo continente junto a su mujer y su hija. Justamente su compañera de vida fue la que lo llevó a mudarse de Eibar a Valladolid. Actualmente, con 35 años, no está 100% con el rugby porque le está dando prioridad a su familia y al trabajo, pero indefectiblemente sigue ligado a su pasión.