Muchos podrán decir que vieron pelear a Daniel "Maldito" Alvar en algún combate de MMA (Artes Marciales Mixtas) pero solo su padre vio como le tiraba piñas a Umberto, un vecino que le había sacado la bicicleta en Patagonia y Misiones, con tan solo diez años. 

Se crío en el barrio Pietrobelli, a metros de la vieja cancha de Huracán cuando para tener agua en casa para bañarse había que ir con baldes hasta una canilla comunitaria, y se ganó el respeto en la cuadra a las piñas. 

Daniel "Maldito" Alvar tiene 46 años, jugó al fútbol en Huracán, Jorge Newbery, Laprida y Deportivo Roca pero luego su vida de adolescente se "descarriló". Vivía prácticamente de noche poniendo en vilo a Fanny, su mamá que era la que más se preocupaba por él, hasta que comenzó a entrenar Kung Fu con Omar Torres y boxeo con Robinson Zamora. 

Daniel asegura que nació en Coyhaique mientras sus padres andaban de vacaciones y a los pocos días regresó a Esquel, luego vivió en Sarmiento y desde los 8 años en lo alto del Pietrobelli. "De chico siempre tuve mala conducta, en la escuela no me iba mal pero era de irme a las manos. El barrio tenía el viejo tiro federal, no había buen ambiente en el barrio, no teníamos agua, la buscábamos en balde en una canilla comunitaria, colgados de la luz. Mi vieja era enfermera en La Española con turnos rotativos, y mi viejo era camionero y se iba dos o tres días para llegar hasta Río Gallegos. Y eso implicaba que este mucho tiempo en la calle, y ahí te curtís. O formabas carácter como yo, o eras como mi hermano que estaba todo el día mirando dibujitos encerrado en la casa. A mí me gustaba la pelota, me gustaba andar de un lado al otro, irme al centro", comenta en la cocina de su casa mientras prepara cafe.

Daniel "Maldito" Alvar, el guerrero comodorense que se reinventó a sí mismo con el MMA le dijo adiós a las jaulas

En el fondo hay una soga que va de pared a pared y tiene colgados tibiales, vendas y guantes. Es una muestra de lo que acaba de ocurrir en su vida. "Colgo los guantes", pero en realidad él decidió alejarse del profesionalismo porque para él las artes marciales mixtas son un estilo de vida. 

Daniel continúa charlando de su niñez, y comenta recuerdos de chico. "Mi viejo al verme como era me prometió que si me portaba bien me iba  a llevar para que me enseñen boxeo, pero él sabía, él me enseñaba. Había un pibe en el barrio, se llamaba Umberto, creo que fue el único que me pegó dos o tres veces. Un día salí con mi bici y él me la sacó, mi viejo me había visto y me dijo que la vaya a buscar. 'Si no vas y traes la bici, te pego yo'...eso me hizo fuerte", asegura y larga una carcajada que retumba en la casa.

Los inicios en el deporte de contacto fue en el Kung Fu pero su espíritu inquieto hizo que se aleje y se amigue con la pelota. "Comencé con el maestro Torres a practicar kung fu, pero deje. Ahí comencé a jugar al futbol, estaba en Roca me acuerdo cuando me lastimé la rodilla y subí un poco de peso.  Me dijeron que haga boxeo, que esa gimnasia me iba a ayudar. Empecé con Robinson (Zamora) y ya tenía ganas de boxear, pero cometí el error de empezar a andar en moto. Ahí comenzó una etapa nueva en mi vida, me separé, andaba mucho de noche, me gustaba salir, ya no volví ni a entrenar ni a boxear, nada", admite y hace una pausa mirando un punto fijo como recordando momentos de esa época. 

Daniel Alvar jugaba de enganche y comenzó con 12 años en la séptima de Huracán, y asegura que alcanzó a entrenar en la vieja cancha del "globo" en el Pietrobelli. "Ahí era donde nos agarrábamos a piñas, ya no se jugaba en esa cancha después. De ahí me llevaron a Newbery, yo no quería ir, pero vino uno de Boca a probar jugadores y me acuerdo que fui a probarme con la de Huracán. Jugué en Primera dos años, luego pasé por Laprida porque estaban el 'Loro' Cano y el 'Toti' Zappia, de ahí a Huracán y luego Roca donde ya haría la última etapa antes de alejarme por la lesión", subraya.

LOS INICIOS EN EL "VALE TODO" 

Fueron 15 años en el profesionalismo y en los inicios era Vale Todo, luego pasó a llamarse MMA. "En el 2007 arrancó todo. Había hecho dos combates en Parque Sarmiento, pero era muy diferente. Nos bajamos del colectivo, y en una llave que hacíamos había 35 personas, sumábamos 5 ó 6 peleas por fin de semana. Era otra cosa, muy amateur y con menos técnica que ahora, era volverse en colectivo un día entero con la trompa hinchada con un sanguchito. Eso fueron los inicios", asegura con una sonrisa.

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Al año siguiente, su amigo Gustavo Canero lo fue a ver a una pelea y le regaló tres meses gratis en un gimnasio, y eso le cambió la manera de pensar los entrenamientos y lo que estaba haciendo. "En el 2008 pelee con un policía que se llamaba Martin Peña, y un amigo mío me fue a ver. Le conté que tenía que tener un preparador físico, y un día me llaman del gimnasio MegaSport, tenía tres meses gratis de preparación y había sido él. Ahí conocí a Mario Rodríguez que me acompañó en casi toda mi carrera hasta el 2015. Un tipaso, y aprendimos juntos en esto. Me sacó lo mejor de mí", afirma.

Es tiempo de balance, de mirar para atrás y poner en limpio lo que se hizo bien y lo otro también. "En estos 15 años de profesionalismo lo que más valoro es lo que crecí como persona y abarca varias cosas. Para mí significó primero que yo aprendí de un código de honor, me manejo por el camino correcto, de ayudar, de ser una persona de bien ahora delante de mis hijas. Me permitió viajar por todo el mundo, y eso te hace crecer. Hoy habló Portugués, viví en Brasil, aprendí italiano y también inglés", destaca. 

OMAR TORRES Y ROBINZON ZAMORA, DOS FAROS EN SU VIDA DEPORTIVA

La charla va y viene sobre diferentes temas y por ahí retoma algun concepto que charló al comienzo. Su carrera en los deportes de contacto, y su vida, tuvo dos personas que llegaron a ser especiales. "Omar (Torres) me cuidó mucho el primer tiempo, me enfocó y me corrió a gente que no me hacía bien. Pude viajar a Buenos Aires y cuando comencé a meter peleas amateurs ya me metí de lleno, me empezó a gustar. Me anotaba en todo lo que había, competía muy seguido. Se hizo una pasión, no podía parar de entrenar, solo quería mejorar", asegura Alvar.

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De su época en la que vivía de noche y el descontrol era algo cotidiano asegura que su madre fue siempre la que más se preocupaba pero subraya algo que le dijo Robinsón Zamora sobre su cuerpo y comenzó a cambiar. "Salíamos con los muchachos de las motos, con Diego Barría, con Lalo (Derpich) y eran caravanas fuertes, por ahí mi vieja no sabía donde andaba. Mi viejo siempre fue muy derecho, paisano de campo. Mi vieja la sufría mucho. Tampoco es que fui el peor de todos, ni es que era alcohólico pero eso ahora lo veo mal. Para mí el cambio fue de la noche a la mañana. También fumaba tres o cuatro puchos al día y me cree la película. No lo hice más. Otra de las personas que me ayudó mucho fue Robinson Zamora, y le agradezco siempre lo que hizo por mí. No me olvido más algo que me dijo: 'tu cuerpo es un templo', y me quedó grabado eso para siempre", destacó. 

LA PELEA QUE MAS RECUERDA CON UN MOTIVO ESPECIAL

Son 72 combates en el profesionalismo y varios títulos colgados en el hombro. Sin embargo, hace una pausa y piensa antes de responder cuál fue su mejor combate o el que más recuerda.  "Son varias y por varios motivos. Hay muchas que disfrute o dije 'gane de forma espectacular'. La que más cariño le tengo es una pelea del 2010 donde fui campeón argentino en Caleta Olivia con el 'chino' Sand, nos dimos muy parejo, me rompió el codo y seguí peleando. Si la miras en youtube tiene una cantidad tremenda de reproducciones y fue la primera vez que gané algo, no solo traerme el cinturón. Hasta ese momento no había ganado plata, sino peleas afuera no sacas dinero. Fue la primera vez que me traje unos billetes y sentí que me lo había ganado, y había sido a las piñas. Estuvo Acero Cali, y pudimos hablar con él. Eso fue lo que me posibilitó viajar a pelear a Buenos Aires y afuera", confiesa Alvar.

EL CAMBIO NECESARIO, LOS ROSARIOS PARA SU MADRE Y EL ARREPENTIMIENTO

Fanny, la mamá de Daniel, siempre fue su consejera y como toda madre siempre se desvivió por sus hijos. A ella se le podría preguntar cuántos viajes hizo el "Maldito" para pelear lejos de casa. Al pasar asegura que de cada ciudad donde fue le trajo un rosario de recuerdo. 
"Mi vieja me decía de chico portate bien, yo cambié por ella. Hay muchas formas de portarse mal, y ella me inculcaba buenos modales. Yo no tuve justificaciones para ir por el mal camino, no pasé hambre, mis viejos siempre fueron un ejemplo. Siempre tuve comida, y ademas la opción era trabajar. Nunca tuve malos ejemplos de ellos. Salí rebelde, y después como papá me di cuenta de un montón de veces. Nunca estás preparado para ser papá, pero creo que a tiempo me di cuenta de que estaba haciendo las cosas mal y pude cambiar, verla feliz y que ella en su grupito de amigas pueda contar que yo fui a pelear a tal lado y le de orgullo", reconoce Alvar.

Daniel "Maldito" Alvar, el guerrero comodorense que se reinventó a sí mismo con el MMA le dijo adiós a las jaulas

El "Maldito" se ganó el respeto en el ambiente de las Artes Marciales Mixtas. En Comodoro y la región fue pionero, y tiene su lugar ganado pero él asegura que no necesita el reconocimiento de nadie. "El mejor acierto de mi vida fue haber cambiado a tiempo. No soy ejemplo de nada ni nadie, pero le puedo decir a cualquiera que si yo pude, vos también. Yo hice durante 15 años algo que amo, porque me hacía bien. No espero el reconocimiento de nada ni nadie", afirma convencido.

Todo ser humano debe analizar en algun momento su vida, y ver por el espejo retrovisor lo que hizo. Daniel piensa y asegura que "de varias cosas me arrepiento en mi vida...(silencio). Si es verdadero el arrepentimiento lo llevas con vos adentro. Cuando haces deporte o artes marciales te ayudan a pensar diferente. Algo que aprendi es el que te pega por pegar tiene miedo, es algo que me enseñó el maestro Omar Torres porque me ayudó mucho. Cuando aprendí esos conceptos empecé a ver que estaba equivocado y empecé a arrepentirme de muchas cosas que había hecho en mi vida".

EL RETIRO PENSADO PERO A LA VEZ INESPERADO

Hace un mes y medio, Daniel Alvar viajó en silencio a Misiones, y luego de perder decidió dejar el profesionalismo. Cuando escribió en redes sociales su postura recibió cientos de mensajesde cariño y apoyo que le trabaron el celular. "Cuando viaje a Misiones no tenía pensado retirarme, pero si tenía en claro que este año era previsible. Yo hace dos meses me fisuré una costilla y seguí como si nada. En Misiones, en el segundo round él me hace un lance, lo doy vuelta y caigo arriba. Caí pesado y me di cuenta ahí. No tenía esquina, solo mis hijas y Facu Puertas. Mili se dio cuenta que me dolió, sentí el pinchazo. Pude recuperarme, llamaron al médico y esperaron que me recupere. Fue un segundo que dije: 'no, si me lastimo ahora no puedo acompañar a mis hijas a Puerto Madryn' (a un evento que era a la semana siguiente), y ahí me di cuenta que se había ido el competidor, se había apagado el espíritu guerrero. Ahí dije que no iba  seguir y ahí tome la decisión. No porque perdí, de hecho siento que no perdí, pero no seguí y ahí fue el final. Me largue a llorar, me costó mucho y con los mensajes que me llegan me pongo sensible", admite Alvar.

Para Daniel, las Artes Marciales Mixtas es un estilo de vida y hasta lo habló en terapia con el licenciado Juan Cruz Yapura. "No lo pude trabajar como debía, y es algo que habrá que encarar. Hoy voy a disfrutar de otras cosas de la vida, pero considero que fue el momento justo. A fin de año voy a recibir una plaqueta porque me convocaron para el salón de la fama y eso me llena de orgullo", asegura al pasar. 

No cualquiera accede al Salón de la Fama, y tal vez ahí cuando reciba ese reconocimiento y viaje hasta Comodoro Rivadavia de vuelta con la plaqueta le caiga la ficha que comenzó una nueva etapa en su vida.

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