El rival de Boca fue un equipo plagado de argentinos, empezando por su
entrenador, Fabián Bustos, y siguiendo por el arquero Javier Burrai (ex
Guillermo Brown, de Puerto Madryn), Michael Hoyos (ex Estudiantes de La
Plata), Damián Díaz (ex Rosario Central y justamente Boca), Leandro
Martínez (ex Chacarita Juniors), Matías Oyola (ex River Plate e
Independiente) y Sergio López (ex-Temperley).


Esto quizá haya contribuido para conocerle los puntos flacos al equipo
conducido por Miguel, Ángel Russo, que vivió unas convulsionadas horas
previas por el PCR positivo con el que llegó a Guayaquil el arquero Esteban
Andrada y que lo obligó a permanecer confinado al margen de la delegación y
sin conocer a ciencia cierta cuando retornará a la Argentina.


Boca, que había empezado a encontrar una línea de juego con la
incorporación a la mitad de la cancha de los jóvenes volantes Alan Varela,
Cristian Medina y Agustín Almendra, perdió esa incipiente identidad ante la
ausencia de estos dos últimos.


Y aunque Varela sacó la cara en ese sector de la cancha durante el primer
tiempo, cuando se cansó promediando la segunda etapa y con una tarjeta
amarilla en su haber decidió a Russo a reemplazarlo, Boca definitivamente
se desarticuló.