"A fines de 2017 empecé a sentir los primeros síntomas. Esa vez me internaron una noche. Después caí internado otra vez, y justo estaba convocado para el seleccionado Austral para ir al Seven de la República y no pude viajar. Sí viajé luego a los Juegos Argentinos de Playa, pero me veía flaco, chupado. Cuando volví, pasó rápido fin de año, pero seguía sintiéndome raro: con fiebre por la noche y poco apetito. Igual me entrenaba normal. En el seven playero de Rada Tilly tuve un golpe en la cabeza que me desmayó y no entrené varios días por el protocolo de conmoción cerebral. Luego, a las semanas, reaparecieron los síntomas. Me hice estudios, fui a varios médicos y no sabían que tenía. Encima justo me quedé sin obra social. Ahí mi viejo me llevó al hospital de Rada Tilly y saltó que en el pulmón tenía una mancha blanca grande", confesó Urra a Pasta de Campeón.

El médico que lo atendió a "Chupete" -como lo llaman los "lusitanos"-  le dijo que todo parecía indicar que podría tratarse de tuberculosis, enfermedad que poco se conoce en profundidad y que es muy severa si no se detecta a tiempo o no se cumple a rajatabla con el tratamiento.

 "El mismo día que me confirman que tenía me internan. Estuve una semana aislado con suero. Solo en una habitación gigante. Era mi primera vez internado muchos días. Fui siempre positivo y mi único objetivo era salir de ahí. Con lo inquieto que soy no me imaginaba mucho más tiempo así. Creo que eso fue determinante para mejorar rápido. Eso sumado al apoyo que recibí del club. Fueron a verme amigos, entrenadores al hospital y hasta salieron a jugar un partido con una bandera dándome fuerzas. En una semana estuve afuera del hospital y comencé la cuarentena en mi casa. Usaba barbijo para no contagiar e iba todos los días a las 8 a.m. a tomar ocho pastillas al CAPS 30 de octubre. Sólo salía a eso y todo muy controlado. Después de un tiempo vino la segunda etapa donde ya buscaba las pastillas para tantos días y las tomaba solo", relató.

Esa fuerza de voluntad para estar bien y volver a la vida normal lo llevó a Ale a buscar ocupar su cabeza, aunque no tuviera la posibilidad de realizar actividad física. Y qué mejor lugar en el mundo que su segunda casa.

"Iba al club porque me sentía bien. Tenía la llave del gimnasio y abría para que vayan a entrenar los jugadores. A su vez, colaboraba con las juveniles con Paco (Víctor Mayorga), que me ayudó mucho en ese momento y del que aprendí un montón de preparación física. Con el tiempo empecé con el proceso de ponerme bien físicamente porque había perdido mucha masa muscular. Recuerdo que comencé con la barra sola (risas) y se me sumaron amigos a entrenar conmigo. Pasó todo tan rápido que de pronto tenía una rutina armada: de casa a entrenar a la mañana y a la noche parte física con mis compañeros. A los meses, ya metía triple turno y empecé a hacer rugby con mis compañeros. Con mucha ansiedad me hice los estudios para el apto médico y a fin de año volví a las canchas en un partido en intermedia contra Chenque", explicó Urra.

 

 

En ese instante, el jugador polifuncional se quiebra. Cierra los ojos, recuerda aquel momento y se emociona hasta las lágrimas esbozando una sonrisa de calma y felicidad. "A los 2` del segundo tiempo entré. Toqué dos pelotas, corrí 40 metros y metí un try. Ese partido lo ganamos y después fui regresando fin de semana tras fin de semana. Me tocó tener revancha con el seleccionado y pude ir a disputar el seven de la república también", agregó.

El memorable 2018 finalizó de la mejor manera para el jugador de "Portu", pero el destino todavía le tenía un as sin jugar. De esos que completan un póker perfecto. Luego de la fuerte pretemporada del 2019, algunos referentes del "Luso" por cuestiones personales darían un paso al costado en el liderazgo del grupo y era el tiempo de sangre nueva. Como es habitual en Portugués, se reunió el Plantel Superior junto al entrenador y cada miembro dio su voto. El más votado fue Urra secundado por Walter Carreño. Un premio al esmero, el esfuerzo, el dar sin esperar nada a cambio y no bajar los brazos.   

 

 

"Todo siempre lo hice por ayudar y porque me salía. Nunca busqué nada más. Me hacía bien y era lo importante. Creo que eso hizo que me gane el respeto de los referentes. Cuando salí capitán sentí un honor y un orgullo inexplicable. Me salieron dos o tres palabras y estallé en llanto. Solo les hice saber a mis compañeros que iba a dar todo. Que es lo que siempre hago y mi filosofía de vida. Todo o nada", finalizó el jugador.

Fotos:  Marilyn Bonavide