(Pasta de Campeón - ADNSUR) - “Mi historia con el rugby tiene sus idas y vueltas. Mi primer club fue a los 5 años Deportivo Portugués y ahí  tuve a mi primer maestro, que fue el “flaco” Fueyo. Mi viejo, Oscar, participaba activamente como colaborador. De él, fue que heredé un poco la locura por este deporte”, comenzó relatando “Nacho” a PDC.

En las canchas de tierra de barrio Industrial vivió parte de su niñez con algunos viajes y personas que quedaron en su memoria.  Luego de algunos años, cuando tenía 11, en su categoría había pocos chicos entrenando y sus amigos de colegio lo invitaron a un viaje que cambiaría su destino.  Allí nacería su gran amor por el club, que pese a la distancia, lo hace parte hasta el día de hoy.

Sobre aquel momento, recordó: “fui con Chenque a una gira que se hacía a Los Matreros, en el año 1999. Los pibes  estaban en el mismo colegio que yo y a la vuelta decidí jugar con la “Celeste” para siempre. Mi primer entrenador  fue Coco Risso.  Nos tuvo que bancar a los que ya nos conocíamos del colegio y con una enorme paciencia se aguantaba todas las cagadas que hacíamos. Nosotros le teníamos un respeto enorme, por eso las hacíamos a escondidas (Risas)”.

"Nacho" Rearte, el rugbier comodorense que se retira en el club de sus amores con otra camiseta

En la institución de El Trébol hizo todas las juveniles y fue capitán del plantel desde M-15 a M-18. A su vez, fue  campeón con la M-16 del torneo Oficial de la URA y participó de seleccionados juveniles de Austral  en diferentes categorías. Después, al finalizar la secundaria, se fue  a estudiar abogacía a Buenos Aires y junto a un amigo del club buscó  lugares  para continuar con el rugby.

“Recalé en  GEBA junto con Sebastián Pereira.  Ahí me transformé en hooker y  arrancamos jugando en la M18 “B”, pero en cuestión de pocos partidos nos subieron al equipo “A”. Jugamos todo el año y éramos parte importante del equipo. Al año siguiente ya nos tocaba plantel superior y fuimos a un par de entrenamientos, pero el grupo era muy grande”, rememoró.

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 Nuevamente volvieron a  la búsqueda de un lugar donde seguir despuntando el vicio con algo que se pareciera más a lo que estaban viviendo, donde la importancia pasaba por el estudio y  la “ovalada” un cable a  tierra.  Ignacio y algunos amigos  fueron al CUNE (Club Unión Naciones de Estudiantes), donde jugó algunos años.

A sus  23, volvió a Comodoro porque decidió dejar de estudiar y comenzó  a trabajar en diferentes rubros  hasta que decidió anotarse en la facultad de Derecho de la UNPSJB. En esa época  tuvo otra etapa en Chenque.

“En un partido por el Austral contra Trelew R.C. sufro una lesión de los cruzados y meniscos y me operé. Tuve 8 meses de recuperación y después  empecé a jugar al papi fútbol para un equipo que se llamaba “La Naranja” y después pasé a jugar en “La Mata”. Ahí me alejé un poco de rugby”, recordó el abogado.

En el medio,   se sumergió en una experiencia más ligada al arte y compró un  colectivo con amigos,  al que llamaron “Qultural Nómade”. En el “bondi” viajaron por Latinoamérica realizando varias actividades culturales por diferentes países. Cuando volvió, se quedó en Buenos Aires y jugó algunos partidos para Dolcezza, que era el equipo de rugby de  San Lorenzo y entrenaban en el Nuevo Gasómetro.

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Al tiempo, regresó al sur y recibió el llamado de su amigo Matías Villalobos, que le propuso acompañar a Fede Such en el cuerpo técnico de la  M18 en la que estaban Jugadores como Gonzalo Bahmonde, Nico Silvera, Maxi Ortega y varios más que hoy son piezas fundamentales del plantel superior. Sobre aquella vivencia, remarcó: “para mí fue hermosa. Era la primera vez que no iba a estar adentro de la cancha y por suerte teníamos un recurso humano excepcional. El torneo local lo ganamos con comodidad y conseguimos el segundo lugar del Austral Juvenil”.

“Todo ese año como entrenador me dio energía y con 29 años decidí volver a jugar. Se hizo duro  otra vez bancarse los golpes y  jugué varios partidos oficiales. En el plantel superior de Chenque no tuve una trayectoria extensa, pero siento que mi último partido tiene que ser en El Trébol, la cacha que me vio desarrollarme como jugador”, agregó.

Las vueltas de la vida hicieron que  a fines de 2018 surja la posibilidad de un traslado en su trabajo a Lago Puelo.  Se enteró Owen Barboza, que era un colaborador de Chenque que se había ido a vivir a Epuyén y estaba involucrado en Jabalíes RC de El Bolsón, y lo  llamó para que participe.

“En ese momento  venía con poca actividad y pregunté si podía sumarme al cuerpo técnico de la M18, que  tenía un solo entrenador, Miguel Ángel “Pucho” Torres. Ese año salimos segundos del Regional, aunque el mayor logro fue haber dejado una buena base de chicos que hoy están en el plantel superior”, admitió Rearte.

Otra vez ese rol en el staff  técnico le dio volvió a dar esa electricidad para volver a jugar y se puso a entrenar. Si bien lo agarró la pandemia, aprovechó para entrenarse y ponerse bien físicamente. Eso, le permitió jugar algunos minutos en primera en 2021 y casi todos los duelos de intermedia. El ritmo del rugby moderno, lo hizo replantearse ciertas cuestiones y llegó una decisión difícil con un marco que pocos pueden lograr. Sobre esta determinación, enfatizó: “la realidad es que hoy el rugby está teniendo una dinámica donde hay que estar entrenado para competir. Pide un sacrificio que a esta altura de mi vida no sé si puedo dar. Después de charlarlo con la familia decidí que mi último partido sea en El Trébol. Poder retirarme en la cancha que me formé como jugador es algo inigualable. Una sensación inexplicable, por más que sea con otra camiseta nunca va dejar de ser mi casa”.

“Uno nunca se va del rugby. A veces  toca estar de otro lado. intentaré devolver lo que el rugby me dio desde otro lado, ya sea como entrenador o dirigente, que también es una faceta que me gusta”, añadió.

Por último, Rearte aprovecho y agradeció “ a mi familia, mi mujer que es la que banca toda esta locura, a los maestros que tuve y a toda la gente de Chenque”.

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