“Se me abrieron las puertas acá en Chubut, en Comodoro Rivadavia, así que estoy muy agradecida”, dice Marta López y sonríe. Son la una de la tarde y esta vez no hay cocina de por medio, tampoco compañeros de trabajo, ni platos que van y vienen. Marta está con sus cuatro nietos en un local de comidas rápidas de la costanera local, y disfruta de una linda tarde en tiempos de jubilación. El lomito es el menú perfecto para un medio día en familia, luego de una mañana de ida y vuelta buscando a unos y a otros. 

A Marta se la ve tranquila, contenta. En una bolsa con sobres lleva decenas de fotos que retratan aquellos años de cocina en el petróleo, es que la protagonista de esta historia, por más de 25 años cocinó en la industria hidrocarburífera, aquella que hoy cumple 115 años de actividad, desde aquel día en que se descubrió oro negro en el pozo N° 2, ubicado en barrio General Mosconi, allí donde hoy está el Museo Nacional del Petróleo.

Por estos días, Marta ya está alejada de la industria. “Hace tres o cuatros años" se jubiló, y desde entonces se dedica a su familia, y además prepara viandas para vender o platos de fin de año, como organiza por estos días. Admite que sus hijas no quieren que trabaje, pero tiene un motivo tan simple como importante, es algo que le gusta. 

Un día antes del 115 aniversario del Descubrimiento del Petróleo, Marta le pone una pausa a su tarde de familia y charla con ADNSUR, mientras espera la llegada del menú que pidieron los nietos. 

“Yo soy de Salta pero vine a Comodoro con mi marido y a los tres años entré a una empresa petrolera, que es francesa, Sodexo”, cuenta. “En ese momento ya tenía mis dos nenas, que acá estudiaron; Andrea y Mariana, y trabajé por 27 años, toda una vida”, dice, y vuelve a sonreír.

Marta cuenta que toda su vida le gustó la cocina, el rubro en el que trabajó desde aquellos años en que empezó a noviar con Andrés, un militar que conoció en el Casino de Suboficiales de la guarnición de Tartagal, donde ella prestaba servicios como civil. Allí fue donde conoció a Mamani, quien tiempo después fue trasladado al Hospital Militar de esta ciudad.

Cuando llegó al sur de la Patagonia, Marta supo de inmediato que quería seguir trabajando, y al poco tiempo entró a Puerto Mitre, la histórica pizzería de Comodoro, allí donde inesperadamente un día recibió una tentadora oferta. 

“Yo trabajaba en Puerto Mitre y el gerente de Sodexo iba siempre, y un día me dijo que me vaya a trabajar con ellos de cocinera. Primero le dije que no, porque tenía miedo, pero fui, me hicieron todos los estudios y al otro día me llevaron a trabajar. Me acuerdo que un solo día me llevaron a Dragón y después me llevaron a Tres Picos, como encargada y cocinera, me presentaron a los jefes de campo, don Farías y Jacobo Soto. Así que hacía mis empanadas salteñas, locro, asado, de todo”.

Marta junto a sus compañeros en sus primeros años de cocina.
Marta junto a sus compañeros en sus primeros años de cocina.

UN LUGAR INVISIBLE PERO FUNDAMENTAL

La cocina es uno de los tantos oficios invisibles que existen dentro de la industria petrolera. Se trata de gente que trabaja en los yacimientos pero no realiza tareas relacionadas en forma directa al pozo, sino más bien a otro tipo de actividades, como lo es el mantenimiento del personal afectado a la exploración y explotación. Sin embargo, eso no quita que tengan una vida similar a los trabajadores de campo.

Marta aún recuerda aquellos días en que la pasaban a buscar a las 4 de la mañana para viajar a Tres Picos, trayecto que realizaba de lunes a viernes, regresando alrededor de las 6 de la tarde. “Siempre fue así, nunca hicimos diagrama y cuando cortaban la ruta y no éramos petroleros, Pan American me llevaba hasta el edificio de ellos y salíamos con las camionetas y policías y nos íbamos a trabajar. Nos quedabamos 10 o 12 días, siempre arriesgando hasta que pasamos a Petroleros, así que yo estoy orgullosa de ser petrolera, porque gracias a ellos mejoró nuestra situación”. 

Dejar el Sindicato de Gastronómicos para pasar a Petroleros no fue tan fácil como suena. Eran otros tiempos, incluso para el mismo sindicato que reúne a los trabajadores del yacimiento. Sin embargo, ella sabía que era su mejor opción, por eso empezó a moverse para tener los mismos derechos que los trabajadores que todos los días subían con ellos al campo.

“Nosotros no cobrábamos horas de viaje, nada, y la empresa no quería pasarnos a petroleros. Así que yo empecé a mover todo, iba al sindicato de petroleros y le pedía ayuda para saber que tenía que pelearle a Gastronómicos, pero después empecé a hacer tramites y me dijeron ‘bueno, júntense’. Había un grupo que pensaba que nos iban a echar pero le decíamos que no tuvieran miedo, y así pasamos a Petroleros y todo cambió para nosotros”.

El reconocimiento a su trabajo no solo se vio reflejado en su recibo de sueldo, sino también en un cargo directivo que la dejó en la historia. Es que Marta es la primera mujer de Chubut que integró la comisión directiva del Sindicato de Petroleros Privados de la provincia. Fue durante la gestión de Mario Mansilla, un reconocimiento que siente que fue para todas las mujeres. 

"Fue algo lindo, porque la vida mía era en el campo, como todas las mujeres que hacemos ese papel, porque no es que solo el hombre trabaja en el campo, hay muchas chicas, aguateras, ingenieras, técnicas, de todo que recorren los yacimientos. Es muy linda la aventura de la mujer en el campo trabajando”.

Marta admite que siempre le gustó cocinar. Por eso, disfrutaba su trabajo en yacimiento.
Marta admite que siempre le gustó cocinar. Por eso, disfrutaba su trabajo en yacimiento.

En tiempos de jubilación y trabajo en casa, Marta no olvida aquellos años en Tres Picos, tampoco la década que pasó en Valle Hermoso y su paso por Resero, siempre al lado de la cocina, pensando diferentes menús para contener a quienes trabajaban en el yacimiento.

“Iban todos y yo los atendía bien, porque a veces llegaban a buscar su vianda llenos de petróleo. En esa época era todo de chapa, cerro y cerro, no sabías a dónde ibas, muy distinto a ahora que entrás al campo y está lleno de vecinos y edificios muy lindos. Yo hacía de todo, desde el menú que muchas veces cambiaba. Ellos estaban contentos, después les hacía tortas fritas para que tomen mate, y cuando estaban las contingencias, como la toma de Dragón, hasta a los policías y los gendarmes le dábamos comida”.

Por supuesto, que no todo fue color de rosas, Marta vivió en primera personas los piquetes, los reclamos e incluso la toma de Cerro Dragón, aquel conflicto que impulsó un sector disidente de la UOCRA, que causó graves perjuicios económicos a Chubut e indirectamente la muerte de 9 gendarmes y 3 choferes.

Marta junto a sus dos hijas y su marido, con quien dejó Salta para venir a Comodoro.
Marta junto a sus dos hijas y su marido, con quien dejó Salta para venir a Comodoro.

Por estos días Marta está alejada de los yacimientos, disfruta de su jubilación y sus nietos, y cocina para sus clientes fieles, “gente de Pan American, de Rada Tilly, algunos médicos" y también prepara platos para las fiestas. Por supuesto, no olvida de aquellos tiempos en el campo y el sindicato, porque con orgullo cuenta su paso por la gestión de Mario Mansilla y la invitación que recientemente le hizo Jorge Ávila para sumarse a la Secretaría de la Mujer que tiene el gremio, un área impensada hace unos años; porque como dice Marta hoy la mujer tiene su propio lugar en la industria, no solo en la cocina, sino también en los pozos, siendo protagonista de la vida petrolera en la Cuenca del Golfo San Jorge, el lugar donde comenzó la historia un 13 de diciembre de 1907. 

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