La guerra siempre tiene injusticias, momentos de dolor y sacrificio, y Emanuel Vilte quiere vivirlo en primera persona, más allá de que no sea la bandera de su país. Al otro lado del continente, donde por estos días las balas pican cerca y el infierno bajó a la tierra, él espera su momento para ser enviado a la zona caliente de la guerra, y vivir el conflicto entre Ucrania y Rusia, aquella pelea bélica que comenzó en el verano occidental y que hoy continúa sin tanta repercusión mediática.

Emanuel es comodorense, nacido y criado en la ciudad a la que miles de inmigrantes llegaron escapando de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y otros tantos conflictos que maltrataron al mundo. Estudió en la escuela Juan XXIII y en el Colegio Magisterio. 

Cuenta que cuando terminó la secundaria, en 2004, quiso ser policía, pero debía algunas materias y no pudo ingresar a la fuerza. Así decidió entrar como voluntario al Ejército Argentino, donde comenzó su vínculo con las fuerzas armadas.

Emanuel durante cuatro años integró la Compañía de Comunicaciones 9. Allí aprendió instrucción militar, desde aprender a disparar con FAL o 9 milímetros, hasta estudiar táctica y estrategia militar. 

A la distancia, el joven admite que le apasionaba lo que hacía. Sin embargo, un día por problemas personales pidió la baja, una decisión de la que se arrepiente toda su vida y que lo motivó a incorporarse a la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania.

“Yo amaba el Ejército, pero pedí la baja porque tenía unos problemas familiares”, cuenta a ADNSUR desde Ternopil al repasar su historia. “La verdad es que me arrepentí totalmente porque tendría que haber seguido lo que quería y no haber elegido otra cosa, pero bueno las cosas se dieron así”, dice con nostalgia. 

DE REPOSITOR A LA GUERRA

Cuando se fue de baja, Emanuel siguió su vida, pero nunca se olvidó de aquel uniforme que vestía. Trabajó en varios rubros y el último fue como repositor de supermercados, reponiendo aguas y bebidas a través de una consultora que tercerizaba el trabajo. 

La experiencia no fue buena y no se sentía feliz. Así, cuando se enteró del conflicto entre Ucrania y Rusia, y la incorporación de extranjeros para las fuerzas armadas ucranianas, entendió que era su oportunidad. 

“Cuando empezó la guerra vi que iban a reclutar gente para que venga a luchar por Ucrania. Estuve buscando durante tres meses algún contacto, mandé correos a la embajada, pero nada, hasta que conseguí un contacto por un muchacho ucraniano que vino a Calafate. Vi una nota que le hicieron en TN, me contacté con él y ahí surgió la posibilidad de ir para allá”.

Al ser consultado por cuál fue la razón que lo motivó a sumarse a las fuerzas ucranianas, Emanuel no duda. “Fue por lo que pasó con el Ejército. Por cuestiones personales me retiré, pero quedaba algo pendiente en mi vida, porque yo trabajaba de repositor pero no era feliz. Entonces cómo estaba la posibilidad de venir para acá, me vine a cumplir un sueño porque uno nació para vivir esto”. 

“La realidad es que salí de mi zona de confort, que era ir trabajar y volver y sentía que no era para mi. Con mi edad ya no me tomaban para el ejército, Entonces me sume a esta buena causa, por más que sea una guerra”, agrega.

Emanuel junto a su pareja, con quien está casado hace tres años. "Mi señora me apoyó, porque sabía que era mi sueño, así que me apoyó en todo momento. Es de fierro".
Emanuel junto a su pareja, con quien está casado hace tres años. "Mi señora me apoyó, porque sabía que era mi sueño, así que me apoyó en todo momento. Es de fierro".

UN LARGO Y CARO VIAJE

Emanuel es padre de seis hijos, tres del corazón y tres de sangre. El primer jueves de septiembre salió de Comodoro con destino a Ucrania. El viaje fue largo y caro, ya que se lo pagó por sus propios medios, y tuvo que pasar por Buenos Aires, Chile, Francia y Polonia, previo a llegar a Ucrania. 

Admite que solo no hubiese llegado, pero por suerte encontró a otro argentino que iba al mismo destino y que sabía inglés. “Me costó mucho el idioma porque si venía solo capaz me iba a perder. Gracias a Dios encontré un muchacho que venía para acá y él hablaba inglés. Así que fue más fácil, sino hablando solo castellano me iba a costar muchísimo”, dice con sinceridad.

Por estos días, Emanuel espera que sea enviado a la zona de conflicto, a unos 18 kilómetros de donde se encuentra llenando papeles y completando formularios para que todo este orden en su ingreso a la legión internacional.

Admite que para su madre es difícil está decisión que tomó, como también para su mujer, con quien se casó hace tres años. Sin embargo, asegura que lo entienden. “Tengo el apoyo de mi familia, pero es como todo porque uno viene a una guerra y no sabe lo que te puede pasar. A mi mamá le costó muchísimo porque cuesta dejar un hijo, y mi señora me apoyó, porque sabía que era mi sueño, así que me apoyó en todo momento. Es de fierro. Pero la verdad es que el miedo siempre está”. 

En una semana, Emanuel podría estar en la zona de conflicto. En principio espera quedarse seis meses o un año, pero sabe que será difícil y que todo dependerá de lo que sienta una vez que esté en el campo de batalla, porque como dice, “uno puede decir un montón de cosas con la boca, pero vivir la cruda realidad es otra cosa”. 

“Acá donde estamos está todo normal, pero hay gente que estuvo dos o tres días y se volvió. Yo quiero quedarme entre 6 meses y un año, pero vamos a ver qué pasa porque uno se puede ir en el momento que quiere. Hoy te digo que  quiero ir a la guerra, ayudar a la gente, poner mi granito de arena y dar una mano en lo que pueda uno. Tampoco uno es Rambo, uno quiere ayudar en la injusticia que se vive en ese país, porque tampoco es justo que te roben las tierras”, dice con orgullo y emoción este comodorense que vivirá en primera persona la guerra de Ucrania y Rusia, algo que muchos no entienden, pero que otras miles de personas de diferentes países comparten.

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