LOMAS DE ZAMORA (ADNSUR) - Gimena (33) llegó con lo puesto desde Guernica a la localidad de Lomas de Zamora embarazada y con seis hijos, tras escapar de una expareja violenta. Al verla en situación de calle, un vecino les ofreció dormir en un micro escolar abandonado en villa La Chatarra.

La mujer, mamá de seis hijos de 15, 12, 10, 7, 5 y 2 años (y con otro en camino) llevaba consigo un botón antipánico y su expareja tenía una restricción perimetral. El hombre, padre de los primeros cinco chicos menores, era violento y, a pesar de haberse separado, la perseguía. 

 

El colectivo en el que vivía la mujer embarazada con sus seis hijos
El colectivo en el que vivía la mujer embarazada con sus seis hijos

 

Cuando llegó a Lomas de Zamora, de donde es oriundo su actual novio David (29), la joven transitaba un embarazo de seis meses. Fue en marzo de 2020, unos días antes de que el Presidente Alberto Fernández decretara el aislamiento social, preventivo y obligatorio por el coronavirus, detalla Infobae. 

“Como no teníamos dónde quedarnos, un vecino nos ofreció un colectivo”, contó la mujer al diario.

El colectivo, que hizo de casa para la familia durante cinco meses, no es ni más ni menos que un micro escolar abandonado. Allí, incluso, casi da a luz a su séptimo hijo.

"Como el colectivo tenía los vidrios rotos y algunos agujeros, poníamos lonas en el techo y tapábamos los agujeros de las ventanas con cartón para que no entrara el agua los días de lluvia”, recordó. 

De Monte Chingolo, una localidad del partido de Lanús en la provincia de Buenos Aires, Gimena es la menor de cinco hermanos. A los 18, cuenta, quedó embarazada de su primer hijo. No lo estaba buscando, pero lo recibió con amor. Durante la gestación, dice, llegaron los golpes. “Nunca unas disculpas”, agrega, acerca de la relación violenta en la que estuvo sumida durante una década.

Finalmente, en 2015, decidió separarse de su ex. Un año más tarde conoció a David y se enamoró. Todo iba bien hasta que su pareja anterior se enteró y comenzó a hostigarla ferozmente. La perseguía y amenazaba con matarla a ella y a toda su familia.

En ese contexto, y tras reiteradas denuncias policiales, Gimena decidió dejar su casa con techos de chapa en Guernica. Cuando llegó a Lomas de Zamora, como no tenía dónde parar, terminó en un micro. Los primeros días allí, recuerda, fueron complicados. “Para los nenes fue muy duro. No estaban preparados para vivir en esa situación. Durante el día cargábamos el celular en la casa de la tía de David y eso nos servía para que a la noche miraran dibujos animados o películas”, cuenta a este medio.

Sin luz ni baño, cocinaban en un disco a fuego. Dormían en el piso del micro, sobre algunos colchones. Ahí, también, comían. El menú, por lo general, era siempre parecido: sándwiches, patys o algún guiso.

Con la lluvia llegaba lo peor: “Como el colectivo tenía varios vidrios rotos y algunos agujeros, poníamos lonas en el techo y tapábamos los agujeros de las ventanas con cartón para que no entrara el agua”, repasa. Además, esos días tampoco podían comer comida caliente porque no conseguían leña seca. “Cenábamos o almorzábamos fiambre”, cuenta la mujer, que por las noches lloraba en silencio. “Como toda madre, siempre busqué lo mejor para mis hijos y yo sabía que no les estaba dando lo mejor”, agrega Gimena, que ahora tiene un bebé de cuatro meses. 

Isaías nació el 22 de junio de 2020. “Fisuré bolsa adentro del micro”, recuerda Gimena que, en cuanto llegó al Hospital Gandulfo fue directo a la sala de partos. Regresar con el recién nacido al colectivo la llenó de angustia y culpa. “No quería que tomara frío ni que se enfermara. Gracias a Dios me donaron pañales y leche de fórmula porque no toma pecho”, dice la joven. 

Gimena con Isaías el día que firmó la escritura de la casa que le compraron sus vecinos solidarios de Lomas de Zamora.
Gimena con Isaías el día que firmó la escritura de la casa que le compraron sus vecinos solidarios de Lomas de Zamora.

 

 

Una semana después del nacimiento del bebé, alertados por una publicación en Facebook de una vecina, un grupo de vecinos se puso en campaña para ayudar a la mujer y su familia. “Empezaron a vender rifas para que pudiéramos comprar materiales para construir una casa prefabricada. Yo no sabía nada. Me enteré cuando me dijeron que tenía que ir a firmar la escritura”, cuenta Gimena emocionada. "Todavía no sé cómo agradecerles todo lo que hicieron por mí y por mi familia", dice.

Además de comprar rifas, hubo otros vecinos que se solidarizaron con la situación y acercaron ropa, alimentos y dinero. Incluso, muchos colaboraron para instalar la casa en un terreno a metros del Arroyo del Rey.

La cruzada fue encabezada por Romina Monzón, Gabriela Castañeda y Maite Viñao. En comunicación con este medio, Maite Viñao pone en contexto. “Gabriela fue la que los vio en el micro y dijo: ‘Hay que hacer algo’. Como ella tiene una hostería en la Costa, se le ocurrió armar una rifa ofreciendo una estadía. Y la verdad es que la gente se re prendió”, explica Maite que, además, trabaja en ANSeS y es operadora terapéutica.

Según Maite, Gimena necesitaba mucho más que un hogar. “Algunos de sus hijos no tenían DNI y el bebé no tenía partida de nacimiento. A través de mi trabajo, y con permiso de mis superiores, pude gestionarle varias cosas”, explicó a Infobae.

La primera noche bajo techo la pasaron el16 de agosto pasado. “Nos mudamos un día de lluvia -rememora-. El colectivo no daba para más y, aunque todavía faltan hacerle varios arreglos, estábamos re felices. Los nenes venían contando los días para mudarse. ‘Vamos a volver a comer en una mesa’, decían”.

Según medios locales el jefe de Gabinete del Municipio de Lomas de Zamora, Guillermo Viñuales, se acercó a conocer a Gimena y a felicitarla por seguir adelante con sacrificio y honestidad. Además, destacó la labor de los lomenses. “Representan a centenares de personas e instituciones, decidieron que no podían seguir durmiendo en un colectivo, que había que hacer algo; y lo hicieron”.

Por el momento, Gimena y su pareja David no tienen trabajo. Ella cocina bien, así que se dedica a preparar pastafrolas que vende por el barrio. Con eso, dice, pueden costear los gastos del almacén. “Siempre quise estudiar para ser pastelera. Es un pendiente que tengo”, acota.

La mujer cuenta que, si bien se cruzó con muchas personas bondadosas, hubo quienes la criticaron y hasta la increparon por la cantidad de hijos que tiene. “Yo estoy muy orgullosa de quién soy. Levanto la cabeza porque tengo siete hijos y porque si estoy mal, ellos también están mal. No le deseo a nadie que pase por lo que yo tuve que pasar. Y, si eso les sucede, no den el brazo a torcer. Hay gente buena que te puede ayudar”, concluye.

Los interesados en colaborar con la familia de Gimena, pueden contactarse con Maite Viñao al 1163308716.

Fuente: Infobae