COMODORO RIVADAVIA (CHEQUEADO) - El verano es para muchos la mejor estación del año. Las vacaciones y el descanso se sienten en el aire y asoman las ganas de disfrutar de una pileta, el parque, el mar, la montaña, una plaza. Pero este año es muy distinto a todos los anteriores: nos acompaña el coronavirus que parece no entender de estaciones y no nos deja ni a sol ni a sombra, literalmente.

Así surge la pregunta, ¿puede el sol inactivar al SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19? Los científicos desestiman que la radiación solar sirva para inactivar el virus en tiempo suficiente para evitar el contagio persona a persona. Repasamos qué evidencia existe al respecto.

Desde hace tiempo la radiación se utiliza para desinfectar superficies, por ejemplo, en los establecimientos de salud o en la industria alimentaria. La radiación “germicida”, así llamada porque justamente destruye bacterias y otros gérmenes nocivos, proviene de lámparas artificialesque utilizan una longitud de onda acotada: los rayos UVC, un tipo de radiación ultravioleta de alta energía, en el rango de los 100 a 280 nanómetros (nm), descubierta a fines del siglo XIX. Una exposición en laboratorio de menos de 30 minutos alcanza para inactivar el coronavirus.

Esto puede llevar a pensar que el fuerte sol del verano podría cumplir la misma función. Pero no es exactamente así. “La radiación germicida no llega a la superficie de la tierra, porque la filtran los gases de la atmósfera. Si esto no fuera así, tendríamos todos cáncer de piel, cataratas u otras enfermedades, ya que es muy nociva”, indicó a Chequeado Beatriz Toselli, doctora en Química que hasta su jubilación en diciembre último fue investigadora del Conicet en el Instituto de Investigaciones en Físico-Química de Córdoba.

Sin embargo, existe una potencial inactivación viral de menor magnitud atribuible a las longitudes de onda de UVB del sol (rango de 290 a 315 nm) que sí llegan a la superficie. “De la radiación UVB llega una fracción chiquita a la tierra, pero que tiene un impacto directo en todo lo que la absorba: por ejemplo, en la estructura del virus”, explicó a Chequeado el especialista en Fotobiología y fotoquímica Franco Cabrerizo, investigador del Conicet en el Instituto Tecnológico de Chascomús, que depende también de la Universidad Nacional de San Martín.

Un estudio experimental de investigadores de la NASA junto con la Universidad de Maryland, de los Estados Unidos, demostró que el coronavirus puede ser inactivado en superficies expuestas al sol. Pero esto sería en las horas cercanas al mediodía, en ciertos días del año (principalmente cercanos al solsticio de verano) y dependiente de la latitud y altitud de la zona estudiada.

Con esto en cuenta, en el mejor de los casos, el virus se podría inactivar en 20 minutos mientras que podría llevar más de 2 horas en épocas de radiación menos intensa. Así, los autores destacan que los tiempos no son suficientes para que el sol proteja contra la transmisión entre personas al aire libre en multitudes. “La radiación UVB es muy potente, pero es poco probable desde la cinética de interacción que pueda llegar a inactivar el virus en el contagio persona a persona”, coincidió Cabrerizo.

Entonces hay una diferencia importante entre que el virus sea inactivado por radiación en superficies bajo determinadas condiciones y asumir que el Sol impide la transmisión del coronavirus. Incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que es un mito que la exposición al sol o a temperaturas mayores de 25ºC protejan contra la COVID-19.

Dado que la principal vía de contagio es persona a persona para protegerse las recomendaciones siguen siendo principalmente: distanciamiento, uso correcto de tapabocas y lavado frecuente de manos. Y para reducir aún más las probabilidades de entrar en contacto con el virus, se recomienda hacer todas las actividades posibles al aire libre y reuniones sociales en lugares abiertos para maximizar distancias y la circulación del aire.

En este contexto, el contagio por medio de objetos es prácticamente desestimable, pero cualquier desarrollo orientado a la desinfección de superficies sería un complemento a tener en cuenta en ciertos lugares específicos.

En una charla con Chequeado, el virólogo Humberto Debat, investigador del INTA en Córdoba, ratificó que “la luz UV es una estrategia de mitigación y puede generar una falsa sensación de seguridad. Podemos utilizar en un ambiente una lámpara UV, que sabemos que destruye la capa externa de proteína del SARS-CoV-2 inactivándolo. Pero si no respetamos el distanciamiento, el uso de tapabocas y la buena ventilación del ambiente, estaremos obviamente expuestos al contagio persona a persona”.

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