Un joven lleva dos años y medio viajando con su perra en bicicleta

Fue una suma de causalidades. Un día Facundo tuvo que volver desde Santa Catarina, en Brasil, hasta Buenos Aires. Se había quedado solo con su perra. No podía pagar la única aerolínea que permitía volar con mascotas. Nadie "se copó" cuando hacía dedo. Se cruzó con dos muchachos que viajaban en bicicleta y le ofrecieron un carro para llevar al animal. Al principio pensó que era una locura, pero se animó a pedalear 1.850 kilómetros, durante cuatro meses, hasta llegar a su casa. Desde entonces, Facu y Luna llevan una vida itinerante.

"Fue muy hermoso. Viajando encontré una forma de vida. Yo quería ser feliz, estar tranquilo. Ahora vivo en paz, hago lo que quiero todo el tiempo", cuenta a Clarín Facundo Biosca, de 33 años. Aunque nació en Floresta, de porteño le queda poco y nada. Habla pausado, se detiene entre oración y oración, y logra en segundos bajar todas las revoluciones.

Luna tiene 4 años, es brasilera y mestiza. Con pocos meses de vida, la habían dejado abandonada en una calle de San Pablo. Fue entonces cuando Facundo la adoptó, con las heridas del maltrato a flor de piel. "Al principio tenía miedo, muy de a poco se le fue pasando. Con los viajes mejoró un montón y ahora es muy sociable", cuenta el muchacho.

Porque este dúo inseparable lleva una vida sin planes, sin objetivos, sin ambiciones. "Voy moviéndome por lugares que me van gustando, que me llaman la atención", dice Facundo. Tampoco tiene un cálculo de los kilómetros recorridos. "No tengo ni idea, soy malo con los números", se limita a responder cuando lo interrogan.

"Me gusta demostrar que la vida la hacemos todos los días. Tenemos la posibilidad de transformarla, de embellecerla y colorearla. Creo que los animales y la naturaleza son excelentes compañeros para aprender a ser más consecuentes con los sentimientos", concluye el mascotero que va por la vida sobre dos ruedas.