Estudiar el espacio sigue siendo el gran objetivo del hombre, y en el mundo se trabaja a diario para poder saber más sobre lo que sucede allí, donde solo brillan las estrellas. Se trata de la nueva Era Espacial que inició en 1957 y que hoy continúa con varios comodorenses como protagonistas. 

ADNSUR ya te contamos de Guillermo Blando, el comodorense que hace 13 años es ingeniero del Jet Propulsion Laboratory de la NASA, y de Gerardo Toledo, otro ingeniero que egresó del colegio Dean Funes y formó parte del equipo de profesionales de la misión SAOCOM, que consistió en la puesta en órbita de dos satélites (SAOCOM 1A y 1B). También viviste junto a nosotros el viaje de Gisel Dinamarca y Thiago Totaro, dos adolescentes que fueron becados para vivir su experiencia espacial en el Centro Marshall de la NASA. 

Pero esto no es todo. Por estos días, cuatro jóvenes de la ciudad participan del Open Space, el programa que tuvo una primera edición el año pasado y que busca inspirar a jóvenes en nuevos proyectos espaciales, y por qué no seguir el camino de Guillermo y Gerardo.

Se trata de la ingeniería Electrónica Sol Maldonado Betanzo (25); la ingeniera Civil Cecilia Laskowski (23), y los estudiantes Santiago Núñez (24) y Nicolás Herrera (25), quienes estudian Ingeniería Electrónica y Analista Programador, y Licenciatura en Biología, respectivamente.

Ellos junto a un grupo de jóvenes de distintas partes del país, más un francés y un cubano, se encuentran en la etapa final del certamen, y sueñan con obtener el primer lugar y que su roven pise la luna. 

Tienen entre 23 y 25 años, son de Comodoro Rivadavia y realizan un robot que podría llegar a la luna

EL INICIO DE TODO

Toda esta aventura espacial comenzó gracias a Sol, quien por estos días vive en Bariloche, donde cursa una Maestría en el Instituto Balseiro y trabaja en INVAP; una empresa de proyectos tecnológicos a nivel mundial, tanto en el área nuclear, espacial, defensa, seguridad, ambiente y sistemas médicos. 

Ella a través de su pareja se enteró del certamen, y juntos, más un amigo, decidieron participar, eligiendo el desarrollo de un roven de menos de 2 kilos que transite la superficie lunar.

Así comenzaron a convocar a jóvenes que se destacan en distintas disciplinas y nació la idea de “Robertito”, un robot que sea capaz de explorar la superficie de la luna.

El trabajo no es sencillo, no solo deben desarrollar el roven, sino estudiar el ambiente lunar, con extremas temperaturas y vacíos, y lograr que llegue al espacio. Para alcanzar su meta trabajan junto a otros ingenieros en electrónica, aeronáutica, mecatrónica, telecomunicaciones, y estudiantes de diferentes carreras; desde las anteriores nombradas, hasta Diseño Industrial, Geología, Diseño Gráfico y Publicidad. 

En su caso, Santiago se sumó en octubre al proyecto, cuando recién comenzaba la experiencia. Mientras que Nicolás, quien está abocado a la parte de animaciones, y Cecilia, que actualmente cursa un doctorado en Ciencias de la ingeniería, se sumaron en febrero.

Por ese entonces, el equipo ya había superado la primera y la segunda instancia del certamen, donde presentaron el proyecto, dieron a conocer detalles técnicos y expusieron en video lo que pretenden alcanzar. 

Un mes después tuvieron la tercera etapa, la semifinal, donde se vieron frente a frente con un jurado integrado por referentes de distintas empresas.

En la actualidad “Robertito” está en la instancia final del “Open Space”, y el equipo se prepara para el último paso: agosto, cuando presenten el resultado final del trabajo realizado durante todo este tiempo.

UN PROTOTIPO PARA PISAR LA LUNA

Según contó Santiago, en este momento, en Bariloche “se está haciendo el prototipo” de “Robertito”. Se trata de un robot autónomo de 2 kilos de peso, que lleva seis motores y cámaras que le permitirán identificar el entorno para planificar qué camino debe tomar.

Su construcción requiere pensar el mapeo, la planificación y el movimiento, todo con la ayuda de una computadora que será manejada vía wifi; un trabajo a pulmón que hoy no promete réditos económicos, pero que sueña con convertirse en un gran proyecto. 

“Los chicos están probando todos los algoritmos de navegación", explica al respecto Santiago a ADNSUR. "La cámara de reconocimiento, el planning por dónde va a caminar, y también algunos materiales para el vuelo que haría a la luna, porque necesita algunos componentes por el tema de la temperatura y las radiaciones. Pero estamos trabajando también en el diseño de las ruedas”, aclara.

Mientras se avanza en el prototipo, los chicos participan de instancias de mentoreo con especialistas de la industria espacial, lo que les permiten ir mejorando detalles día a día. Es que como dice Cecilia -recientemente recibió el premio Ingeniero Isidoro Marín que otorga la Academia de Ingeniería a los mejores promedios de cada universidad y además fue elegida joven destacada por la Municipalidad de Comodoro - “Robertito debería ser capaz de desplazarse y explorar en la luna, para que cuando sea necesario generar asentamientos lunares, ya sea por investigación o por hábitat”.

Por esa razón, es esencial el trabajo de Nicolás, quien con animaciones simula todo lo que Robertito haría en tierra lunar. “Lo que yo hago es más para poder manifestar la idea, que sea algo más tangible para el resto y puedan entender de qué se trata, qué es lo que va a hacer, cuáles son sus funciones, de alguna forma la publicidad del roven”, dice este joven que comenzó a animar por hobby y que se sumó al equipo luego que vieron su trabajo en redes sociales. 

Tienen entre 23 y 25 años, son de Comodoro Rivadavia y realizan un robot que podría llegar a la luna

Lo cierto es que falta poco para el final de la competencia, y los chicos saben que tienen chances de ganar. “Estamos confiados en que es posible”, afirma Santiago sin dudar. “Cuando presentamos el proyecto, varios profesionales nos dicen que les parece buena idea, como que está bien armado. Todavía quedan algunos detalles por terminar de pulir, como un estudio térmico para el roven, pero con el prototipo vamos a poder ver varias cosas. La verdad está bueno, sobre todo el equipo porque somos 20 personas, algunos nos conocemos y otros no, pero trabajamos muy bien; es muy valioso el grupo de trabajo que tenemos”.

Sol, por su parte, desde Bariloche, no puede ocultar la satisfacción que siente por cómo se está desarrollando el proyecto, y admite que más allá del resultado del certamen, el objetivo del equipo es seguir trabajando en el roven para que en el futuro sea utilizado en otros estudios, pero también para que pueda llegar a la luna.

“Nuestra idea es seguir trabajando más allá del certamen. Queremos que esto algún día sea real y no estamos tan lejos. Hemos recibido algunas propuestas de algunas empresas que nos han ofrecido los laboratorios, o una empresa nos ofrece las placas electrónicas certificadas, lo cual es muy bueno. Pero la idea es que el roven sea real y pueda llegar a la luna. Los ganadores del año pasado empezaron como nosotros y este año van a enviar su proyecto con un satélite de Satellogic. Entonces queremos que sea posible, también para hacer el marco al menor costo posible y al menor peso y que este roven cada uno lo utilice con el módulo que necesita, pero principalmente para que Argentina no quede afuera de esta revolución espacial, algo que todos deseamos”, sentenció, Sol, coordinadora de este equipo que sueña con llegar hasta allí, ese lugar donde solo iluminan las estrellas.