COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Cuando la llamo por primera vez Mara Márquez recién llegaba del Hospital Regional, su casa durante los últimos 38 años de su vida. Es un momento difícil y no puede evitar quebrarse. Se hace un silencio, está emocionada, con una mezcla de sensaciones, entre el adiós, el reconocimiento de los colegas y un contexto difícil: esta maldita pandemia que cambió todo y que por estos días se lleva la vida de muchos.

“Me siento como la persona que se divorcia. Es un clavo, es un clavo y cuando sucede listo, había que hacerlo, en algún momento tenía que llegar, pero voy a seguir yendo, es más mañana voy a ir y la semana que viene también”, admite a ADNSUR.

La historia de Mara Márquez y el Hospital Regional se remonta a aquellos tiempos en que recién llegó a Comodoro Rivadavia desde la lejana Buenos Aires. Era el año 82 y junto a su marido, con quien recién se había casado, decidieron venir a aquellas tierras que él había conocido años antes. Todavía adeudaba cinco materias de Medicina y una vez que las rindió ingresó al Hospital Regional.

Por ese entonces Mara estaba embarazada de su primera hija. Por esa razón, cuando quiso hacer la residencia de pediatría, el jefe del departamento no la autorizó y le advirtió: ‘No la acepto, porque va a ser una madre mediocre y una médica mediocre”, pero le permitió asistir como concurrente.

Así, empezó a realizar la concurrencia y nunca más se fue, llegando a ser jefa del servicio de Pediatría en dos oportunidades: entre 1991 y 1997, y luego desde los últimos años de la década del 2000 hasta 2018. 

 

 

UN AÑO DE DESPEDIDA DIFÍCIL 

Este año por la pandemia, Mara tuvo que dejar su consultorio y las recorridas por los pasillos del nosocomio y abocarse a otra tarea: la atención y contención de pacientes Covid -19. 

Durante varios meses ese fue su lazo con el Elefante Blanco, hasta que hace un mes decidió volver, algo que disfrutó mucho según contó a ADNSUR. “Me encantó hacer el seguimiento de los nenes Covid, hacer el seguimiento telefónico de los nenes y las familias. Seguí en total 250 familias, conectándome con la realidad de cada una, tratando de acompañar, pero después sentí la necesidad de volver y lo hice en la modalidad ‘pase de sala’, participando de las discusiones de los pacientes con los residentes, las historias clínicas, pero sin contacto con los pacientes”.

Para Mara este jueves 7 de enero no fue un día más y seguramente recordará aquel momento en que estampó su firma sobre los documentos de jubilación, dejando su mensaje de despedida. Sin embargo, sabe que para ella no es un adiós, ya que como anticipó continuará colaborando con el servicio.

“Voy a seguir haciendo el pase de sala por lo menos dos veces por semana, porque más allá de un decreto mis sentimientos no lo pueden cambiar. No sé si decirte que es doloroso o irrespetuoso que un gobernador, porque tiene una provincia en llamas y tiene que reducir el personal, te manda un decreto en el cual te apartan de tu tarea, porque uno siente que tiene un montón de cosas para dar y para aprender. La verdad es que me jubilaron, pero yo no me considero jubilada, sino jubilosa porque no voy a dejar que alguien decida sobre mí. Lo que sí sé es que en este contexto covid uno se siente privilegiado porque no ha tenido ningún embate cercano y uno ha visto sufrir un montón de gente; entonces digo ‘sigo acompañando desde donde pueda’”.

 

 

Lo cierto es que Mara dejó su legado como profesional y también personal, ya que hace poco tiempo su hijo se incorporó como neurólogo infantil viajero, algo muy especial para ella. “Yo hacía guardia embarazada de él en ese mismo hospital, así que para mí es seguir con el lazo, porque yo me voy pero se queda él, y del hospital no me voy a ir nunca”, dice con orgullo.

Y al ser consultada por lo mejor que le dejó su vida en el nosocomio, no duda. “Lo mejor que me dejó el hospital fue la posibilidad de acompañar a un niño o una familia que estaba pasando por algún momento crítico de sus vidas. Eso fue lo mejor que me dio, la posibilidad de sentirse útil. Los pediatras acompañamos siempre, pero el hospital tiene tantas situaciones de vulnerabilidad social, gente que realmente sentís que podés hacer algo, aunque sea escucharlos porque a veces no podes solucionarlo todo, entonces lo mejor que me dejó fue ser sobre todo empático y ponerse en el lugar del otro”.

Así, Mara Márquez comienza a despedirse de los pasillos del nosocomio, aquellos donde inició su vida de recién casada, atravesó sus cuatro embarazos y vivió los grandes momentos de su carrera, siempre al servicio de sus pacientes y su pasión: la pediatría.