El 30 de marzo, la vida de Fernanda Analía Bianculli, cambió para siempre y se convirtió en un infierno. No sólo porque no pudo volver a ser una persona normal, por los dolores y las graves consecuencias de salud que le acarreó la intervención, sino porque la única manera de corregir el desastre que le hicieron es con una nueva operación.

Fernanda es madre de cuatro hijos y decidió vender su camioneta para poder hacerse una cirugía estética que le costó 200 mil pesos, ya que no le gustaba la vieja cicatriz de la cesárea.

El cirujano plástico que la intervino fue Roberto López (40), el mismo que ahora quedó en el centro de las sospechas de "mala praxis" tras las muertes de dos de sus pacientes, Yasmín Flores (31) y Soledad Vargas (39), ocurridas a fines de abril y julio pasados.

Yasmín Flores (31) y Soledad Vargas (39) murieron tras someterse a cirugías estéticas realizadas por el mismo profesional.
Yasmín Flores (31) y Soledad Vargas (39) murieron tras someterse a cirugías estéticas realizadas por el mismo profesional.

Fernanda es de Florencio Varela. Su esposo es remisero, con quien tiene cuatro hijos, de 26, 20, 18 y 15 años. Se puso en contacto con López de la misma manera que las dos mujeres que fallecieron.

"Yo hace 26 años tuve a mi primera hija y me practicaron una cesárea, del ombligo para abajo. No me gustaba estéticamente cómo estaba, entonces empecé a ver cirugías en Internet y contacté por Instagram a Roberto López. Lo venía siguiendo, veía fotos de mujeres que tenían la misma cesárea que yo, cómo quedaban después, entonces quise operarme", cuenta.

En el estudio de su abogado Gustavo Rubio, en la zona de Tribunales, la mujer dice que, en la primera consulta, el cirujano le comentó que debía practicarle una dermolipectomía, para corregir el exceso de grasa y piel en el abdomen. "Te va a quedar súper bien, lo único que te va a quedar es una línea rosada, pero con la bombacha se tapa", le aclaró López.

La operación se hizo a las 11.30 del 30 de marzo en el Centro Médico Monserrat, en Hipólito Yrigoyen 1210. Tardó más tiempo del esperado en despertarse de la cirugía pero ese mismo día le dieron el alta con dos drenajes.

Gustavo López, el médico que la operó y está acusado por la muerte de dos pacientes.
Gustavo López, el médico que la operó y está acusado por la muerte de dos pacientes.

El domingo siguiente volvió a ver a López, que la citó en el Hospital de Quemados, en Pedro Goyena 369. "Me sacó el drenaje y después de eso se me empezaron a abrir los puntos, llegó un momento que se habían abierto cuatro en un lugar, tres en el otro, entonces tenía un agujero prácticamente", relata Bianculli.

"Todos los domingos que tenía que ir a verlo y durante la semana me curaba yo, lo único que me mandaba para las curaciones era azúcar, y que me curara en mi casa tres veces por día, era un sufrimiento", añade.

Cuando pasaron dos meses de la operación, el cirujano le ordenó hacerse masajes drenantes con su secretaria, que había estudiado tres años la carrera de Medicina.

"Tenía que hablar con ella y ella hablaba con él, le mandaba fotos de cómo tenía la herida porque a veces se me hacía pus, no sabía qué hacer y la secretaria me iba guiando", afirma la mujer. Luego se hizo 10 sesiones con otra masajista. Cuando llegó a la primera cita, tenía "la panza hinchada, parecía embarazada de nueve meses".

"No podía caminar, no podía descansar. Dormí dos meses sentada en el sillón de la cocina, la pasé súper mal, no podía respirar, tuve un montón de complicaciones", recuerda.

Como su cuadro empeoraba, la paciente fue a ver al médico y le reclamó que le ordenara hacer otros masajes con esta persona que nada tenía que ver con su equipo de trabajo. "No, cómo te voy a dar a una persona que no conozco, yo soy cirujano, no esteticista", fue su respuesta.

Se hizo una cirugía estética y ahora vive una pesadilla: "Dormí dos meses sentada, me dejó incapacitada"

LA SECRETARIA, LA MASAJISTA

A Fernanda no le quedó otra que volver con la secretaria de López, que completó las sesiones en su casa de Quilmes. Pero el resultado era el mismo. Seguía con la panza hinchada y, para colmo, empezó a sentir una dureza debajo del ombligo.

La mujer, enojada, fue a ver al médico el 12 de agosto. "Se sentó en la camilla, me agarró de las manos y me dijo: 'No es nada, mamita, es todo psicológico lo que tenés, tomate un Clonazepam, tranquilizate'. Yo salí de ahí desconcertada: o estaba loca yo o estaba loco el médico", resume.

Entonces resolvió hacerse una ecografía por su cuenta, ante la negativa del cirujano. ¿Qué pasó? "Salió que tengo un granuloma abajo del ombligo, después empecé con hemorragia, la semana pasada me empezó a salir un punto por el ombligo, se abrió y salía el chorro de sangre", indica.

Bianculli se atendió luego con un cirujano en el Hospital Muñiz y le dijo que el cuadro era serio. "No puedo trabajar, no puedo levantar mis cuadros para vender, nada. Me dejó incapacitada, ni siquiera puedo levantar la pava eléctrica. Levanto algo pesado y la panza se me hincha, se me pone dura o me empieza a sangrar, o siento puntadas", dice.

Hoy admite que está totalmente arrepentida. "En este momento sí, quería verme bien. Incluso me había comprado una camioneta, porque como vendo cuadros es para llevarlos, una EcoSport modelo 2005, que la vendí para poder operarme, imaginate la culpa que tengo", lamenta.

Bianculli se enteró en una sesión de quién era López. "¿Viste ese cirujano que salió en la tele, que falleció una chica?", le preguntó la masajista. "No vi nada, no estuve mirando tele", le respondió. Cuando le mostró la foto en el celular, la paciente estalló en un grito: "¡Es el cirujano que me operó a mí!".

A partir de allí se contactó en las redes sociales con Celeste Vargas, la hermana de Soledad, quien murió el 30 de julio, tres meses después del caso de Yasmín Flores, cuya familia es asesorada por el estudio de Matías Morla.

Ninguna de las dos víctimas presentaba patologías previas y los abogados pretenden que al médico lo imputen por homicidio culposo cometido por imprudencia, negligencia, impericia en su arte o profesión, penado con 1 a 10 años de prisión.

Ahora, Fernanda se siente abandonada por López. "Me quedé sin médico, a la deriva, porque ya él no me quería recetar nada. Me quedé sola, esa es la verdad, seguí haciéndome masajes porque es lo único que me calma. Es una pesadilla, no duermo, incluso cuando me pongo de costado siento que esa pelota se me va al costado, cuando empiezo a caminar se va moviendo y se va acomodando", insiste.

La mujer tendrá que pasar otra vez por el quirófano. "Tengo terror, no puedo dormir porque todavía no me repongo de esto y sé que tengo que pasar por otra cirugía", concluye.