LAS HERAS (ADNSUR) - Las circunstancias las encontró dedicando su vida a socorrer a quienes más lo necesitan. Así fue que María y Lorena se conocieron en el Cuartel de Bomberos de la localidad de Las Heras, en Mendoza, y allí, entre sirenas y corridas, llegó el flechazo. Lejos de todo tipo de prejuicios, decidieron contar su historia. 

Fue allá por  2016 cuando se cruzaron por primera vez. Lorena Fontanarrossa , que es policía y había llegado años atrás de Buenos Aires, tenía 38 años y dos hijos. María Calderón, por entonces de 27 años, había perdido dos embarazos, fruto de una relación anterior.

Lorena estaba destinada a Bomberos y María era voluntaria, ambas en Las Heras. En una guardia se vieron por primera vez y empezaron a fluir charlas eternas, mensajes y horas de llamados telefónicos. El tiempo siguió su curso; la relación se consolidó, se fueron a vivir juntas y hasta se comprometieron.

Lejos ya desde sus inicios como pareja, Lorena recuerda que “miedo al rechazo siempre hay. Somos dos mujeres y la sociedad mendocina es diferente a la de Buenos Aires”. Pero sus familias, recuerdan hoy, aceptaron el noviazgo de inmediato, incluidos los hijos de Lorena, Camila -que hoy tiene 20 años- y Matías, de 19.

Su relación fue madurando y  fue así que surgió la idea de tener hijos. En un principio pensaron en adoptar. “Es que yo sólo podía concebir con ayuda de un tratamiento porque había perdido las trompas luego de dos embarazos ectópicos”, relata María. Finalmente, con temores e incertidumbre, encararon una inseminación que en un principio no tuvo los resultados esperados, según le contaron a Los Andes.

No obstante, lo intentaron por segunda vez. María estaba en el cuartel cuando la llamaron del instituto para comunicarle que estaba embarazada. “No fue fácil porque es doloroso, engorroso, largo. Pero sin dudas valió la pena”, se apura en señalar Lorena. Y agrega: “Todo tiene sentido cuando vemos a nuestras dos preciosuras”.

Convencidas de que se trataba de un solo bebé, en una de las ecografías los médicos se hacían señas entre ellos. “¡Eran dos!”, recuerdan hoy entre risas. Y la felicidad fue completa.

Agustín y Bautista llevan un mes y medio en el área de Neonatología del Hospital obstétrico Misericordia de Godoy Cruz. Ambos se encuentran perfectamente, pero aún deben crecer para recibir el alta médica. “Hoy vemos la vida de otra forma. Ellos nacieron enseñándonos algo. Si siendo tan chiquitos tienen tantas ganas de vivir ¿cómo no vamos a luchar nosotras?”, reflexiona Lorena.

“En el Registro Civil no aceptaron ponerles mi apellido porque no estamos casadas, aunque tenemos la documentación de la convivencia”, contó sobre lo que les sucedió al inscribir a sus hijos. “Es injusto -añade la policía- porque una pareja heterosexual podría hacerlo, es decir, podría perfectamente inscribir a los bebés con ambos apellidos pese a no tener la unión civil”.

 “¡Estamos tan felices con la familia que formamos! Si nos aceptan o no, nos da igual. Nosotras seguimos construyendo”, concluyó María.