SANTA CRUZ (ADNSUR) - Las fuertes manifestaciones antimineras que abrieron el 2020 en Mendoza se replicaron este año con duros cuestionamientos en Chubut, donde el proyecto de desarrollo minero en la meseta aún sigue abierto. La minería volvió a la escena nacional, mientras que desde el gobierno de Alberto Fernández intentan que no se corra el eje central sobre el que se viene trabajando desde que asumió: la necesidad imperiosa de captar inversiones para el sector.

El secretario de Minería, Alberto Hensel anunció que en mayo se pondrá en marcha el Plan Estratégico Minero con el que promete “salir de la discusión de si hacer o no minería”, y pasar a debatir “cómo aprovechar esta actividad para el desarrollo económico y social”.

En este contexto, Santa Cruz muestra cómo el hecho de contar con licencia social como estandarte principal para el desarrollo minero, hoy le permite posicionarse como la protagonista del segmento metalífero. La jurisdicción concentra un 52 % de la producción de oro del país. En efecto, de las doce minas de este tipo que hoy operan en el territorio nacional, en Santa Cruz hay seis.

“Tenemos el Macizo del Deseado, pero también la provincia ha desarrollado la licencia social. Esto significa que las distintas localidades y las personas que las habitan admiten a la minería como parte importante de nuestro desarrollo”, remarcó el vicegobernador de Santa Cruz, Eugenio Quiroga.

De las 12 minas de oro que hay en la Argentina, seis se ubican en territorio santacruceño. La provincia sostiene como política de Estado el desarrollo de la actividad desde hace 20 años. Durante estas dos décadas, se ha sostenido como destino de inversiones de empresas metalíferas: de acuerdo con los datos ofrecidos por las empresas, por lo menos unos 4.500 millones de dólares se desembolsaron en desarrollos mineros en la provincia, que en conjunto emplean a más de 6.000 personas de manera directa (en más de un 70% se trata de santacruceños).

Asimismo, Santa Cruz no sólo ostenta el hecho de que la mitad de las minas metalíferas que están en producción actualmente en el país están en su territorio, sino que posee a una de las más importantes del mundo: Cerro Negro. Esta se posicionó, en el inicio de este año, entre las diez minas de oro más productivas a nivel global, lo que catapulta no sólo a la provincia sino a la Argentina en el concierto de naciones con desarrollo minero de avanzada.

En Santa Cruz se concentra el 52 % de la producción de oro del país

Desde que inició su producción en 2014, en el desarrollo de Cerro Negro se ha invertido cerca de 2.400 millones de dólares. Actualmente, emplea a 1.400 personas, cumpliendo, según afirma la empresa, con la ley provincial del 70/30, dando ocupación a mano de obra local.

En paralelo, según datos de la empresa brindados a La Opinión austral, cerca del 40 % de la energía que se utiliza en Cerro Negro para su producción proviene de fuentes renovables, lo que supera con creces las pautas que marca la ley para un desarrollo productivo sustentable.

Además, en Santa Cruz conviven yacimientos maduros. Tal es el caso de Cerro Vanguardia, que han reinvertido en exploración parte de su producción desde su inicio en 1998 y de esa manera ha logrado duplicar su vida útil -hoy estima su cierre para 2025-, y proyectos nuevos recientemente iniciados, como la mina Cerro Moro que es la última en entrar en producción en 2018.

En tanto, la empresa canadiense Yamana Gold -que en los 15 años que lleva en el país pudo desarrollar tres minas- invirtió cerca de 300 millones de dólares entre 2016 y 2018 sólo para la construcción de Cerro Moro y, de acuerdo con los datos ofrecidos, hoy emplea cerca de 1.450 personas, de los cuales 750 son en forma directa y el resto contratistas.

Otra de las minas más jóvenes de la provincia es Don Nicolás, que según Cerrado Gold entró en producción en diciembre de 2017 y tiene una vida útil estimada en seis años. La firma -también canadiense- invirtió 250 millones de dólares y actualmente emplea poco más de 300 personas.

Y Pan American Silver dio un nuevo comienzo a las instalaciones de la mina Manantial Espejo en 2019 y 2020 con el desarrollo de las minas Joaquín y COSE. La firma invirtió más de 300 millones de dólares entre los tres yacimientos -que combinan la explotación a cielo abierto y la subterránea- y cuenta con 660 empleados.