COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - Son las cuatro de la tarde del martes y Mariela Subira (42) recién está volviendo a su casa luego de un largo trabajo que le permitirá mejorar o salvar su vida a tres personas. 

El cansancio se hace sentir en el cuerpo, pero también la emoción, admitirá un día después a ADNSUR. “Para mí es muy emocionante cada vez que termina un procedimiento. Estoy agotada pero con mucha satisfacción, es una emoción muy grande cuándo se van los órganos porque trabajamos para gente que no conocemos, que son los receptores. El solo hecho de pensarlo genera mucha satisfacción”, dice.

Mariela es la coordinadora hospitalaria que el INCUCAI (Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante) tiene en Comodoro Rivadavia, y esta semana estuvo a cargo de la ablación multiorgánica que se realizó a un joven que falleció luego de un trágico accidente.

Por su voluntad de donar, el muchacho pudo ayudar a tres personas, quienes recibieron corazón, hígado y córneas, que integraban el listado de más de 120 personas que esperan un trasplante en Chubut.

La especialista admite que es un trabajo complejo e interdisciplinario, donde todo un grupo de personas trabaja con un solo fin: ayudar a salvar vidas. 

“En este tipo de procesos participa mucha gente. La gente del laboratorio trabaja un montón, también enfermería de terapia intensiva con un control permanente, gente de diagnóstico por imagen, quirófano del hospital y de otros organismos. En estos tiempos el trabajo es distinto. Uno está mucho más alerta porque tenemos que cuidar mucho al donante para llevar órganos seguros a los receptores. Además como protocolo el equipo quirúrgico entra directo a quirófano y no puede ingresar a la terapia intensiva. Así que entran directamente a quirófano, se desinfectan ahí y luego salen directamente con su instrumental y se van al aeropuerto”, explicó.

TRAS LOS PASOS DE SU MADRE

Mariela es oriunda de Río Gallegos, tiene tres hijos, y llegó a Comodoro luego que se recibió de médica en la Universidad Nacional de Córdoba siguiendo los pasos de su madre, una endocrinologa que ya está jubilada.

Según contó a ADNSUR primero hizo la especialidad en Pediatría en el Hospital Regional y luego en terapia intensiva. Con orgullo admite que es la única miembro fundadora activa de los inicios de la terapia infantil, un logro de toda una comunidad que pidió en las calles la habilitación de ese servicio. 

Hace 15 años Mariela está trabajando en el Regional y recientemente se especializó en Procuración. Al ser consultado por la razón que la motivó a trabajar en ese servicio, que le da continuidad a la vida después de la muerte, fue contundente. “Lo que me motivó es ver que hay un montón de personas en lista de espera, esperando un órgano que nunca llega,  y también la posibilidad de ayudar dentro de la desgracia, donde puede surgir algo bueno que es donar órganos para mejorar la calidad de vida o darle vida a las demás personas”.

Mariela no se conforma con ello, su “aspiración es que el hospital pueda tener un servicio de Procuración que funcione de manera independiente para poder crecer en esta tarea”. De esta forma, cada muerte no será en vano, sino la posibilidad de salvar a otra persona, la esencia misma de la medicina.