COMODORO RIVADAVIA (ADNSUR) - “El amor”, dice con seguridad Ángeles Espeche, la protagonista de esta historia, cuando se le pregunta que la llevó a irse a Buenos Aires. Hace 8 años, esta abogada, nacida y criada en Comodoro Rivadavia, decidió dejar todos sus proyectos en la ciudad y darle una nueva oportunidad al amor. El resultado fue el mejor, y hoy junto a Alan Gontmaher, su marido, encabezan la empresa textil que creó el "barbijo del Conicet", una mascarilla de uso social - no médico - que ha ayudado a miles de personas.

En tiempos modernos y vínculos cibernéticos, Ángeles y Alan se conocieron a través de internet. Un conocido sitio web de mensajería instantánea fue el cupido que dio inicio a esta historia. “Nos conocimos a través de internet, vía Messenger. Empezamos a hablar con chat Terra hace 9 años, nos vimos y nos enamoramos. Fue un flash, fue amor a primera vista. A los 14 días viaje a conocerlo, nunca más dejamos de vernos y al final de ese año me vine a vivir a Buenos Aires”, cuenta en una charla con ADNSUR.

En Comodoro Ángeles trabajaba como abogada, carrera que comenzó a estudiar a sus 30 años, cuando ya tenía tres hijas de un anterior matrimonio. Ella sentía que debía tener un título, tal como le inculcó a sus hijas, y así, con la vida ya resuelta pero no definida, comenzó a estudiar en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB); su casa estudios luego de su paso por el Instituto María Auxiliadora y el Colegio Perito Moreno.

Entre libros, hijos y el nacimiento de su cuarta hija, Ángeles terminó la carrera a los 39 años y comenzó a ejercer en el ámbito laboral y de familia. Así era su vida cuando conoció a Alan, dos años después de su separación. Sin embargo, ese chat cambió todo.

 

 

En Buenos Aires Ángeles continuó ejerciendo su profesión, hasta que Alan le ofreció que se sume a la empresa donde actualmente es socia - gerenta. Así, no solo comparten el amor del hogar, sino las tareas diarias de una compañía que emplea a más de 100 personas y que ahora está en la cresta de la ola por la creación de este barbijo dotado de nanopartículas que son capaces de eliminar el Covid - 19 y que Alberto Fernández usó en su gira por México.

El barbijo fue creado a través de un convenio entre Kovi SRL, la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Conicet y la Universidad Nacional de San Martín (Unsam). Y para la empresa significó reinventarse en medio de la pandemia, asegura Ángeles.

“Nosotros hacíamos textil para el hogar: batas, toallas de baño, cubrecamas, piso de baño, pero cuando vino la pandemia le sugerí a Alan que hagamos barbijos porque cómo estaba todo parado no había movimiento. A él primero no le gustó, pero después dijo ‘Vamos a hacer un súper barbijo'”

 

 

Angeles asegura que cuando le dijo de hacer un súper barbijo no entendía. Alan le recordó un viaje a una feria textil de innovación donde habían visto la posibilidad de poner nanoplata a las telas para sacarle el olor a humedad a las toallas.

El primer paso fue contactarse con alguien que sepa de nanotecnología y así llegaron a Silvia Goyanes y Ana María Llois, investigadoras del Conicet y del Laboratorio de Polímeros y Materiales del Instituto de Física de Buenos Aires de la UBA, a quienes les maravilló la idea.

Las especialistas armaron una segunda reunión con el equipo del Instituto de Investigación e Ingeniería Ambiental de la Unsam, integrado Griselda Polla y Roberto Candal, y comenzó a tomar forma el barbijo del Conicet.

En menos de un mes el equipo ya tenía el desarrollo del barbijo, faltaba la comprobación de un organismo científico oficial. Como no podía ser el Conicet, UBA ni Usman, el equipo acudió al Inta y al Inti.

 

 

El barbijo social fue un éxito y ya vendió más de un millón de unidades en todo el país, inclusive en Comodoro Rivadavia y Rada Tilly, donde la empresa tiene distribuidores. Para Kovi significó un crecimiento exponencial, la posibilidad de mudarse de La Matanza a Bella Vista San Miguel e incorporar mayor personal, algo que enorgullece a Ángeles.

“Duplicamos la cantidad de gente en la empresa. Estoy muy contenta, ayudamos a mucha gente con esta pandemia. Le dimos trabajo a mucha gente, ampliamos la planta. Es más, mucha gente de Comodoro distribuye nuestros barbijos, y algunas chicas de Comodoro que estudian acá también trabajan acá”.

Pero eso no es todo, con el barbijo también se ampliaron las posibilidades para la empresas. "La pandemia nos reconvirtió, seguimos trabajando en textil para el hogar y sumamos los barbijos, pero se abrió un mundo nanotecnológico. Lo que hablamos con mi marido es que a raíz de todo este problema ya no se usará una tela común, va a tener que venir con un valor agregado. Entonces queremos hacer el desarrollo de telas anti dengue para retener los mosquitos, pero son montón de cosas que ya se van a ir enterando”, dijo esta mujer que extraña la luna de Rada Tilly y Comodoro, pero sigue vinculada a la ciudad por su familia y sus amigas, y ahora por estos barbijos sociales, algo que la enorgullece. Es que como dice, “es un orgullo enorme haber creado algo tan bueno que no existe en Latinoamérica, y que lo hayamos creado desde La Matanza tiene un gusto de gloria. El poder ayudar nos hace felices”.